Tercer relato de Pluma, de Henri Michaux

PLUMA DE VIAJE

Henri Michaux

Henri Michaux

Pluma no puede decir que se tenga excesivas consideraciones con él cuando viaja. Los unos le pasan por encima sin gritar cuidado, los otros se secan tranquilamente las manos en su americana. Ha acabado por acostumbrarse. Le gusta más viajar modestamente. Tanto como esto sea posible, así lo hará.
Si alguien, sañudo, le sirve una raíz en su plato, una raíz grande: «Vamos, coma. ¿Qué espera?».
«Bueno, vale, enseguida, ya está». No quiere provocar historias inútilmente.
Y si, por la noche, se le rehúsa una cama: «¡Vaya! Usted no ha llegado de tan lejos para dormir, ¿no? Vamos, coja su maleta y sus asuntos, es el mejor momento del día para caminar más fácilmente».
«Vale, vale, sí… es verdad. Da risa, naturalmente. Ah, sí, por… gusto». Y vuelve a salir a la oscura noche.
Y si le echan del tren: «¡Ah!, entonces usted piensa que hemos calentado esta locomotora durante tres horas y enganchado ocho vagones para transportar a un hombre joven de su edad, de perfecta salud, que puede perfectamente ser útil aquí, que no tiene necesidad ninguna de irse allá, y que es para eso que hemos atravesado túneles, hecho saltar con dinamita toneladas de rocas y puesto centenares de kilómetros de raíles en cualquier clima, sin contar que ahora hay que vigilar la línea continuamente por temor a los sabotajes, y todo esto para…».
«Bueno, bueno, lo comprendo perfectamente. Yo iba subido, uf, ¡para echar una ojeada! Eso es todo. Simple curiosidad, ¿no? Y mil gracias». Y se vuelve al camino con su equipaje.
Y si pregunta para ver el Coliseo en Roma: «¡Ah, no! Escuche, ya está en bastante mal estado. Y además, el señor querrá tocarlo, apoyarse, o sentarse… es por estas cosas que no quedan más que ruinas por todas partes. Esa fue una lección para nosotros, pero en el futuro, no, se acabó, ¿estamos?»

Giorgio de Chirico

Giorgio de Chirico

«¡Bien, bien! Era… Sólo quería pedirle una postal, una foto, quizá… si a veces…». Y deja la ciudad sin haber visto nada.
Y si en el barco, de pronto el Comisario de a bordo lo señala con el dedo y dice: «¿Qué hace ahí ese? Vamos, falta mucha disciplina aquí, me parece. Que sea bajado rápidamente a la bodega. El décimo cuarto acaba de sonar». Y se va silboteando, y Pluma, pobre, se abruma durante toda la travesía.
Pero no dice nada, no se queja. Piensa en los desgraciados que no pueden viajar en absoluto, mientras que él, él viaja, él viaja continuamente.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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Una respuesta a Tercer relato de Pluma, de Henri Michaux

  1. Maritina Navazo dijo:

    Los comentarios sobre Pluma os los dejo a vosotros, aunque debo decir, para ser sincera, que este último me gusta más, que sé que tu trabajo, como todo lo tuyo, es excelente. Simplemente que hay gente pa´tó……

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