Carmen Dolores Escudero Martinsanz

Carmen Dolores Escudero Martinsanz, Lola

Carmen Dolores Escudero Martinsanz, Lola

Me niego a hablar de ella como difunta, como fallecida, me niego a aceptar su muerte. Ella sigue ahí, y blasfemo contra la muerte que se la ha llevado porque ella sigue escribiendo sus magníficos poemas, sus enigmáticos poemas, sus sugerentes poemas, sigue publicando la revista Adamar, sigue dirigiendo la editorial Adamaramada, sigue animándome, retándome a escribir críticas, a leer poetas y enjuiciarlos, a escribir unas ignorantísimas líneas sobre ellos para Adamar, proponiéndome a quienes ella consideraba interesantes y que, mira por dónde, resulta que también me parecían interesantes a mí. Ella me forzó a leer poesía, me fuerza aún.
Ella me propuso escribir algo en homenaje a Valente en el quinto aniversario de su fallecimiento, y me publicó un pequeño texto poético en prosa, al estilo de las Tres lecciones de tinieblas, junto a primerísimas figuras como Clara Janés, Claudio Rodríguez Fer, la propia Lola y su hermana Paloma, Antonio Mengs y Patricia Boero. Ya en la red la revista con ese homenaje, me aseguró que no es que yo no sirviera para lo poesía, sino que carecía de valor, no me atrevía, sufría una especie de bloqueo. Ese reto me recordará siempre a aquella película en la que Meg Ryan simula un orgasmo en una cafetería porque Billy Cristal le asegura que ninguna mujer lo ha simulado estando con él. No se debe retar

Portada de La mirada oblicua, de Berna Wang, una de las publicaciones de Adamaramada

Portada de La mirada oblicua, de Berna Wang, una de las publicaciones de Adamaramada

así a la gente. O mejor, ¡claro que se debe retar así a la gente! Con ese reto escribí El árbol, libro de poemas en prosa sobre el lenguaje que ella me publicó en su editorial Adamaramada. Y también fue un reto cuando me dijo, algunos meses antes, que quería que fuese yo quien presentase su editorial en la Casa del Libro de Madrid, ante un montón de gente, mi primer acto público.
Mientras agonizaba, sin saberlo caminaba yo por bosques cercanos a Sant Feliu de Pallerols. Con aquellas flores de un azul de cielo sureño o amarillas como las mariposas, con los árboles inmensos, gallardos y altivos, pletóricos, ella se despedía de mí y yo no lo sabía.
Cuando me premiaron la novela Buscar o no buscar, le pedí que me la presentara, junto al poeta Antonio Mengs, en el Corte Inglés de la calle Serrano, en Madrid, y lo hizo con gran acierto y dignidad a pesar de que siempre aseguró que lo suyo no era la narrativa. Al día siguiente invité a comer a ella y a su hermana Paloma, a Antonio y señora, a mis primos Miguel y Maritina venidos para el evento desde Valladolid, y por supuesto, a Rosa, mi mujer, su hermana Puri y a mi hijo Julio. Preguntó si alguna vez habíamos probado las ostras. Julio, que entonces tenía 21 años, dijo que no. Las ostras, afirmó, son mar, puro mar. Julio y yo aún tenemos el gusto en la boca, aquel gusto a creación primigenia. Porque Lola amaba el mar y a Galicia, a pesar de vivir en Madrid, tierra adentro.

Distintivo de la revista electrónica Adamar

Distintivo de la revista electrónica Adamar

Fue grande, así de grande, y aquí transcribo alguno de sus poemas, ya, por desgracia, sin su permiso:

Viento favorito soplando en el norte.
Espacio templado del aliento tuyo.
Aun y aun ráfaga bamboleante…
Del erguido,
¡lástima la turgencia!
(de Escultura de manzano)
La cabeza entre tus rodillas
y las sienes latiendo
con un ritmo
que contagié a tu corazón.

(de Escultura de manzano)

Bastión de los muros interiores
de mi casa
casa abierta, innombrable
monstruo cruento: escucha el diapasón
melódico, que el ave blande en mi perfil

(de Ejercicio de opacidades)

Sin título
Por el crémor afrutado, dulcísimo
de tu hondo. Tibia horchata
de letargo. Hasta el dédalo
amistado a mi vaharada.

A José Ángel Valente

En el centro un gesto
una memoria
un hueco cóncavo.

Segregación de resinas.

¡Ay amor,
umbra del cuerpo
en el espejo!.

Contemplando ramas de agua
que son piedras,
dice Jean:
¡Oh qué pequeño es el mundo!.

Va arriba y empuja hacia abajo
nadie adivina que calaveras
relucientes
oculta bajo la mesa.

Después, junto a Sophie, pintará
la noche que tiende las estrellas

danzará el placer que, desposeído, solloza.

Jean ocupará su lugar
en el recinto
de las cerillas ingenuas.

Fúgido para Jörg Bassler

Pero tú, muerto
Ya no puedes llorar, llorarme.
Dime.
(J.A.Valente, Insommio)

Siempre contra mí misma. Valiente o déspota,
prepotente o despiadada; yo, para conmigo, hasta
cierto punto, cruel.

Aniversario de la muerte del –segundo, primer- padre.
Vacío absoluto de sentimientos y sensaciones.
Posiblemente patetismo, sea el vocablo más exacto.

¿Cómo aliviar el peso de esta permanente melancolía?

Poder contemplar, por un instante, en ruinas el paisaje
del presente.

Madrid: falenas repugnantes. Ser una falena
repugnante. Cinismo de alas ciegas.

He apostado, fuerte, contra mí misma.

El marco trópico de la terraza nocturna. Desierto
matutino. Apenas mis heridas, las tuyas, las vuestras.
Algo de Jazz mientras sucede la tarde.

Nadie más acariciador que yo de la soledad. Un rumor.
¡Vae Victis!, un rumor. La soledad tiene ecos, que sólo
la soledad conoce. Oníricos, sin duda.

Demasiado inocente; sobre todo: mi perversidad y
mis lágrimas. (Mi plegaria de las tuyas)

Oración de casi madrugada.
Orar es hablar con Dios.
Este silencio espeso, y los labios bisbisando.

“…nombraba las lágrimas varias veces
en su canto y las hacía llorar…”
(Antonio Mengs)

¡Hacer llorar a las lágrimas, nombrándolas!; que
hermosísima imagen, no demasiado imaginada… y
al fin: si nombrar es poseer; ¿cómo no llorar?.

Nada de Mí, me une a mí.

Recapacitar y recapacitar. Tratar de encontrar la
coraza con la que me protejo del mundo. Sé que existe.
Sé que jamás me despojo de ella; pero ¿qué es, cual
es, como es?. Una sombra ajena a mi voluntad que
no me abandona.

¡Maldita sea!
Representación teatral perfectamente interpretada.

Ni un solo resquicio para la imaginación.

Hielo
Hielo.

Vilanos, de Clara Janés, otra de las publicaciones de Adamaramada

Vilanos, de Clara Janés, otra de las publicaciones de Adamaramada

Sin título

Libera como áspid
y a la muerte de igual forma conduce.
Capítulo que trata de los modos
de cortar la vida
delicia, campo de reposo
plácida cabalgadura.
Reteniendo, así, el perfil
de un corazón.

(de Ejercicio de opacidades)

LIBRACIONES

Dejo que las medusas ocurran
en pan de cera

nada termina ahí
salvo este momento que desgasta
los dientes del diablo.

Necesito una garganta
que agite una lengua
que circunde de miel
y océano
el amor que es.

Pido vigilia, desvelo
hasta que cante el gallo

abre el mar rojo, multiplica
peces y noches
antes de la expulsión.

Siempre que el sol sale
alguien pasa los dedos sobre tu espalda

la cabeza dulce
uva ensartada al labio
si es cianuro
si es bálsamo.

(de Libraciones, que firmó como Carmen Tarín)

Así de grande era. Quedan sus palabras pero no queda su voz para pronunciarlas. Y lo que es peor, ya no habrá palabras nuevas aunque quiera yo creer lo contrario. La Igualadora se lleva a los mejores y también a los peores, a los primeros demasiado pronto, a los segundos siempre demasiado tarde.
Ella me regaló buena parte de la confianza literaria en mí mismo. Ella creyó, ¡cosa extraordinaria!, que yo escribo bien. ¡Qué pocas mujeres han hecho tanto por mí!: mi madre, Rosa y ella. Lloro, no por ella, que suficiente mal lo pasó en sus últimos años, sino por mí, que quedo huérfano.
Annus horribilis éste: el Divi, Albert y ahora Lola. Todos caeremos, disfrutemos lo que nos quede.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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4 respuestas a Carmen Dolores Escudero Martinsanz

  1. Lamento de nuevo la pérdida de otra persona querida por ti. No tuve el honor de conocerla pero, al menos, ME QUEDA LA PALABRA.
    Cada vez estamos un poco más solos porque quizá siempre estuvimos solos.
    Recibe mis condolencias y un abrazo.

  2. Llevas una racha que ahí se queda. Un abrazo.

    AG

    • Tenemos una edad, Alberto, que hace normales esas pérdidas, pero cada una duele como si pillase con la veintena. De verdad, hay gente que no se tendría que morir nunca, y para compensar hay gente que mejor habría sido que se abstuviesen de venir al mundo.

  3. Maritina Navazo dijo:

    Debo decir, que esperaba esta reseña sobre Dolores, y entiendo tu negativa a considerarla como fallecida, piensa que simplemente se ha ido a un largo viaje y, nos ha dejado mientras esperamos su regreso, esas raras y deliciosas joyas que bajo su amparo se hicieron, a las que asistí en la Casa del libro y después en la presentación de Buscar o no buscar. Que fueron las ocasiones que tuve de verla y compartir algo de su tiempo. Ahora estoy mirando los libros de adamaRamada y acaricio suavemente su logo, otra exquisitez. ¡Salve Dolores!

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