Agrias controversias sobre la biografía de Porrón de Elea: ¿fue su cronista T. H. Agapito, sabio, o Sextercio Pírrico, místico. Airada disputa entre Gart y el Arnas

Cartel invitador

Cartel invitador

Miércoles cualquiera. Buen tiempo. Febrerillo loco. La sala está llena como nos había anticipado Celia Correa. Imprescindible Celia. Cumpliendo con su deber patriótico y paternal (iba a escribir pedernal), aparece nuestro Rector Magnífico y Perezoso del Institutum Pataphisicum Granatensis, el excelso Ángel Olgoso. ¿Se las promete felices? Confiamos en que su felicitación final por el “currelo” bien hecho no sea producto de su ancestral amabilidad y buena educación sino de que esas promesas internas que se hacía se vieron cumplidas. El título, amigos míos, lo dice todo.

Habrá que hacer algo de historia, aunque detalle exhaustivo del “acto” no daré porque para ello lo imprescindible habría sido asistir. A finales de los 60 había dos formas de ligar diferenciadas: el estilo Pijoaparte y el estilo Trías de Giralt. No creáis, ¡este último también funcionaba!, y en ocasiones era el utilizado por mi amigo Salvador Montero que aunaba un aspecto físico pijoapartero con una labia también intelectual capaz de ubicarlo entre la futura élite pensadora del país. Salvador se había inventado un personaje llamado Porrón de Elea, filósofo presocrático, cuya principal característica es que no podía viajar a la China porque, con la tópica confusión de líquidas le mutaban el nombre por el más

La mesa en sus inicios: de izquierda a derecha: Celia, José Luis y un servidor

La mesa en sus inicios: de izquierda a derecha: Celia, José Luis y un servidor

obsceno de Pollón de Elea y que le servía para arrimarse a las muchachas más de lo recomendable. Cuando escribí mi cuarta novela, después de la publicada Bajo la Encina, aquella inédita a la que titulé ¿Será verdad?, se me ocurrió endosarles a los dos personajes que la protagonizaban, o mejor dicho, antagonizaban, sendos estilos y creaciones filosóficas. Mientras Ángel López concebía sesudas filosofías sobre el voyeur o mirón y sobre la empresa, Carlos Pardo se recreaba con el pensamiento por extenso de Porrón de Elea. Basándome en el personaje de mi amigo, creé los llamados Pneuma y Poiemai de Porrón de Elea que conformaban varios capítulos entreverados en la novela, creación de Carlos. Esos Preuma y Poeimai, más una locura cachondona, fondona, de un erotismo no demasiado depurado, que algo trascendente, fueron publicados aparte en la revista Ficciones de Granada allá por el lejano año 96. De Porrón, y resumiendo mucho, puedo decir que concebía el universo en forma de cono, que las curvas cónicas tenían en su idiosincrasia gran importancia y que a semejanza de ellas, siempre necesitadas de dos elementos (2 focos en elipse e hipérbola o foco y directriz en la parábola), recomendaba Porrón: “Nunca tengas una sola idea ni un solo amante”. También en su cosmogonía aseguraba que todo lo malo procede de la separación de Urano y Gea, hasta ese momento en eterna coyunda, de lo cual puede inducirse que “lo único que se puede hacer (el verbo poiei en griego viene a ser crear o hacer), para reparar, es la coyunda”.

Años más tarde, reuniéndonos José Luis Gärtner, Carmen García Tortosa y yo en casa de esta última (por aquel entonces también concurría Ana Morilla) empezamos a atribuir a un apócrifo T. H. Agapito Trasconejo las obras de teatro absurdo que escribía José Luis. El personaje fue creciendo y le cargamos barbaridades como la auténtica autoría de Mein Kampf, la paternidad de Diana de Gales, la biografía de Porrón tras la adquisición de unos manuscritos en piel de cabra a cierto bouquiniste del Sena, turco para más inri, llamado Quismet Ustuclul, el hallazgo casual del “trencadís” de Gaudí o la restauración del famoso cuadro del Greco, El caballero de la mano en los huevos para convertirlo en El caballero de la mano en el pecho.

Biografías de tres insignes contadas por dos mamarrachos

Biografías de tres insignes contadas por dos mamarrachos

Tuve en cierta ocasión la peregrina idea de ofrecerle a Celia un acto en el que José Luis y yo nos pelearíamos por dirimir quién fue el verdadero biógrafo de Porrón de Elea. Y ahí surgió Sextercio Pírrico, oponente biógrafo de Porrón y distorsionador de su filosofía, pues Sextercio era homosexual (se dice que nació en Buenos Aires, ciudad que no se había inventado aún; al entrar godos, ostrogodos y visigodos en Roma, los miró y dijo aquello de “¡están barbaros, che!, y bárbaros se les quedó de nombre) romano del siglo IV, pagano converso cuando Constantino decidió nombrar al cristianismo como religión del Imperio, y cristiano converso cuando Juliano apostató. Quizá de ahí proceda la conclusión de que T. H. Agapito fuese apróstata: tenía dificultades en mear y en el intento infructuoso de miccionar se acordaba de todas las divinidades habidas y por haber.

Así nació esa Agria discusión (me gusta más la palabra disputa, queda más rotunda y “cochona”), que transcurrió públicamente en el Centro Artístico de Granada, a la que remató el Himno de la Camellería Patafísica comúnmente entonado por ésta cuando toca paso de carga o cuando sus miembros practican el salto del tigre.

Adjuntas van las fotografías del evento y trataré de colocar también el corto video con dicho Himno grabado durante los extenuantes ensayos (esa extenuación quisimos reproducirla en el acto en sí, mostrándola en los ineludibles vasos de vino acompañantes) que hicimos en el domicilio de mi docto colega, José Luis Gärtner, y digo trataré porque ya sabéis cómo se las gastan los que administran este artilugio llamado Blog y que ponen dificultades a cosas tan evidentes que da grima.

Se recitó durante el acto dos de los haikus de T. H. Agapito, fundador de las tres tendencias poéticas que a continuación se detallan: a/ poesía cursilírica, tendencia a la que pertenece hoy el 99 % de los poetas, b/ poesía postcoital, de la que T. H. compuso tan solo dos ejemplos, y c/ poesía postmasturbatoria, de la que escribió 43758 poemas. Los haikus pertenecen a la primera tendencia, aunque el segundo se discute si pudo ser de la segunda, manifiestamente fracasada. Dicen así: Meo al viento/ me mojo la bragueta/ ¡mierda de tonto! Y el otro: Salto del tigre/ guarrazo al cabecero/ ¡hay que joderse! Obsérvese que ambos dos terminan con sendas exclamaciones. Y es que no hay para menos.

Los verdaderos triunfadores, T. H. Agapito, Sextercio Pírrico y Porrón de Elea, no asistieron. De izquierda a derecha, María, Lola, los ínclitos actuantes, Elvira, Pilar y Celia

Los verdaderos triunfadores, T. H. Agapito, Sextercio Pírrico y Porrón de Elea no asistieron. De izquierda a derecha, María, Lola, los ínclitos actuantes, Elvira, Pilar y Celia

El comentario de Miguel, mi hijo mayor, al enterarse del evento y ver las fotografías en el facebook ese, que consiste en que apenas queda de íntimo si no es el palomino de los propios calzoncillos, ha sido que también se puede explicar a Witgenstein, es decir la cultureta (Miguel es catalán-charnego-peruano), en tono de sorna y a carcajadas. El comentario de Julio, mi hijo menor, ha sido buuuu…. ¿no había otro color para la chistera?

En fin, con las felicitaciones pertinentes (no todo fueron parabienes; de hecho nos consta que algunos dimisionarios o desertores tomaron el ascensor al grito de ¡esto es una tomadura de pelo!, lo que nos indicó clarísimamente que el éxito había sido rotundo), acabamos el acto (no penséis mal, se llama acto a celebración pública o solemne, dice el DRAE) yéndonos a la pizzería a tomarnos unas birritas, de lo que da fe la nutrida y femenil presencia junto a los ínclitos en la última fotografía colocada, presencia que agradecemos enormemente en todos los aspectos. Pero (como diría Gila), ¿y lo que nos reímos?

En efecto, no he podido colocar el video. Mala suerte. Tal vez si me pusiera a aprender lo que mis principios me impiden, podrían colgarlo en youtube y luego aquí, pero va a ser que no. Ignoro si mi docto colega José Luis estará dispuesto a hacerlo.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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4 respuestas a Agrias controversias sobre la biografía de Porrón de Elea: ¿fue su cronista T. H. Agapito, sabio, o Sextercio Pírrico, místico. Airada disputa entre Gart y el Arnas

  1. gart dijo:

    Tu dilecto colega, no solo se niega a colgar tales vídeos en su blog, sino que además quiere puntualizar sobre algunas falacias aquí vertidas:
    En primer lugar, quiero negar rotundamente la existencia de Parménides, Platón, Shopenhauer y Miguel Arnas. Son todos pura patraña. En los escritos y poemas de T.H. Agapito se pueden encontrar datos rotundos sobre estos personajes dignos de cuarto milenio.
    En segundo lugar quiero negar la existencia de T.H. Agapito, Saulo, y el perro de Paulov.
    En tercer lugar quiero negar mi existencia. Dado que no pienso, no existo y a la mierdra.
    Eso sí, todas las mañanas entono el himno del Regimiento de Camellería Patafísica y me siento mucho mejor.

    • Falso, falso y falso. El perro de Pavlov sí existió porque en cierta ocasión digo guau, y eso ya es mucho existir. Del resto de los dudosos no tengo ni la menor idea

      • Fallibilismus Empiricus dijo:

        Bullshit! Todo lo que se ha publicado es falso, salvo alguna cosa.Venio nunc ad aliud facinus, in quo omnia nefaria mihi videntur inesse: T. H. Agapito Transconejo, emulando al famoso barón, ha tenido la osadía de sacarse a sí mismo de la ciénaga de la nada de los pelos a la existencia. Ah! Los del video son seres fantásticos.

      • El latinajo te ha quedado estupendo. Según Gart, somos tan fantásticos que no existimos. Sin embargo, me pellizo y me siento. Me siento desfallecer. Celia sí, Celia existe de todas, todas.

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