Una recomendación literaria

Wallace Stegner, autor de la novela que recomiendo

Ya una vez me “quejé” de alguno de mis amigos en este blog. Estos son quienes me recomiendan libros y me salen carísimos. A lo largo de mi vida han sido unos cuantos, la verdad. Y así me ha lucido el pelo: no tengo un chavo, aunque eso sí, conservo muchos libros y algunos amigos. Uno de los de toda la vida (nos conocimos teniendo él 16 años y yo 17) es Salvador Montero. Lo nombré y le agradecí su existencia amistosa en mi discurso de paso a supernumerario de la Academia de Buenas Letras de Granada. Son nada más ni nada menos que 55 años de amistad. Amicitia, que la llamaban los romanos. Así como Jesús Moreno Sanz, a quien ya “denuncié” aquí por lo mismo, me recomienda libros de filosofía, mitologías varias, historia, etc., Salvador me sugiere literatura, normalmente de esa algo despreciada por algunos elitistas, que consiste simplemente en contar historias bien contadas. No es que yo, a mi vez, desprecie la otra literatura, la experimental, la que juega con el lenguaje, las estructuras, las formas híbridas, muy al contrario, y lo he demostrado en Nos, en La insigne chimenea y en alguna otra inédita, pero también sé valorar un cuento, una anécdota bien narrada donde se manifiesta pura y llanamente al ser humano. La elaboración de un personaje, alguien que no (repito, NO) es el propio autor sino otro, el Otro, es asunto justamente de la literatura, y muchos excelentes autores, desde Dostoievski hasta Flaubert, desde Galdós hasta Luis Goytisolo, han sabido hacerlo con mucho mérito.

Una de esas recomendaciones (innumerables a lo largo de nuestra vida) salvadoreñas ha sido En lugar seguro, novela de Wallace Stegner, publicada en USA en 1987 y traducida aquí y editada por Libros del asteroide. Si me pongo a hablar de ella es porque me ha sorprendido gratamente. Otras veces lo he hecho: recomendar a los lectores asiduos de este blog alguna obra que, a mi vez, me ha impresionado. Además de las reseñas que hago para el periódico Ideal, siempre limitadas a novedades y a escasas palabras (el periodismo siempre limita las palabras; aunque solo sea en número y no en calidad o criterio), aquí me explayo, me estiro, entro en detalle, tengo mucha más libertad y no solo en extensión.

Portada de En lugar seguro, de Wallace Stegner, de editorial Libros del asteroide

Novela de casi cuatrocientas páginas, narra la peripecia de cuatro personas, dos matrimonios, que se conocen de jóvenes impartiendo clases ambos maridos en una Universidad provincial norteamericana. En tanto unos, Charity y Sid, tienen holgura económica, los otros, Larry y Sally han estudiado con becas y dependen del trabajo. Es Larry quien narra, pero la verdadera personalidad contada es la de los otros tres, especialmente la de Charity, auténtica protagonista del texto.

La generosidad de Charity y Sid y su hospitalidad hacen llevaderos los primeros años de los otros dos, hasta que, por fin, Larry consigue publicar y vivir de los derechos de autor o de ejercer de lector para una editorial, empleo que le proporciona Charity, justo en la empresa de un pariente. Pues, en tanto Sid continúa como profesor (las universidades norteamericanas no son como las de acá), Larry pierde su empleo al año de inciarlo por las envidias y temores que causan sus pequeños e iniciales éxitos literarios. En esta novela, los cuatro personajes son excelentes personas, si bien, claro está, cada uno con su defecto. Es novela de bondades, pero también de dominio, especialmente de Charity, arquetipo de la matrona estadounidense (no es judía) dominante, organizada y organizadora, incluso, hasta las últimas consecuencias. Son esas instituciones, integradas por personas con poder y que se empeñan en ejercerlo, las que se comportan mal; los individuos aislados, en la amistad que se profesan, son bondadosos, generosos, escuchadores de los problemas de los demás.

Charity es, como ya he dicho, el personaje más importante: su marido, hijo de banquero y heredero de una fortuna al fallecimiento del padre, habría querido dedicar su vida a escribir poesía; dos obstáculos dificultan esta intención: primero su padre que considera una pérdida de tiempo propia de diletantes esa afición; buena, quizá, como tal pasatiempo, pero exigiendo al hijo estudios de económicas (que abandona tras la muerte del progenitor, sustituyéndolos por los literarios) para continuar con el negocio. Y por último, el amor de su vida, la dominante, aunque a su manera, Charity, que la comprende, pero que, a sabiendas de lo efímero del dinero, le exige medrar en sus puestos universitarios, para conseguir la estabilidad y el ascenso, sacrificando el posible tiempo dedicado a la composición de versos.

Universidad de Wisconsin, donde trascurre la primera parte de la narración

Los ejemplos más claros de la rígida organización de Charity son: la excursión que organizan los cuatro, donde obliga a su marido de deshacer el equipaje un par de veces por no estar segura de si se incluyó esto o aquello de la cabal lista confeccionada por ella; el fracaso al atravesar un bosque, empeñada en utilizar la brújula en lugar de la intuitiva marcha siguiendo el curso del arroyo (la línea recta, en montaña, casi nunca es el camino más corto); los horarios estrictos con los niños: deporte, lectura, entretenimiento, etc. No siempre pide perdón ante los errores por esa rigidez, pero en ocasiones, lo hace. Es justamente en esa excursión cuando Sally, la esposa del narrador Larry, enferma de poliomelitis y queda paralítica. Y ahí es donde empieza el auténtico tema de la segunda mitad de la novela: la supervivencia, la necesidad humana de superar las dificultades, las malas pasadas de eso que, llámesele destino, azar o Providencia, qué más da, suele sucedernos a las personas. Pues otra de esas demostraciones de la manía organizativa de Charity (de su propia vida, sí, pero también de la ajena, por hacerlo lo mejor posible), es las disposiciones finales ante su inminente fallecimiento por cáncer terminal, donde vuelven a encontrarse los cuatro junto con hijos, nietos, yernos y nueras, etc. Lo hace por bondad, bien es cierto, pero esa bondad tan preocupada e integral es, en ocasiones, nefasta para los demás, pues el criterio propio, aunque equivocado, no deja de ser el propio. A pesar de toda esta ingerencia, tan inherente al personaje de Charity, su marido Sid la adora y depende de ella hasta para atarse los zapatos. Es el final, tan maravilloso, el que nos demuestra de nuevo esa capacidad de sobrevivir a los dramas que nos ocurren, cómo este hombre tan en manos de su esposa, tanto en el bueno como en el mal sentido de la frase, podrá y deberá sobrevivirla, continuar la vida porque esta es demasiado fuerte como para seguir a la muerte en su tenebroso camino.

Portada de Ángulo de reposo, otra de las novelas de Stegner traducidas al español

De prosa simple pero sustanciosa, con algunas reflexiones del narrador que no obstaculizan la acción, recuerda por momentos a Scott Fitzgerald, mezclado con la facilidad de Hemingway. Es libro que no se puede dejar, que te agarra por las solapas hasta que lo acabas.

Tengo pendientes un par de novelas más de este autor. Dicen que esta es una de sus mejores obras, pero por mucho que se diga, esa es cuestión que debe decidir cada lector. Solo si esos dos textos pendientes conservan la calidad, como mínimo, merecerá la pena leerlos. Todas estas traducciones están editadas por Libros del asteroide. Un autor a considerar. Nacido en 1909, fallecido en 1993. Una vida rica. Fue maestro, en su taller de escritura de, entre otros, Raymond Carver, lo que ya indica calidad. Espero haberos creado la urgencia de conseguir esta novela, que he leído en libro electrónico: apenas me queda espacio ya para nuevos libros, y el escaso que resta lo reservo para los tomos de peso, voluminosos y ricos que me recomienda, alevosa, malévola, cariñosamente, mi querido Jesús Moreno Sanz.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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