Tres reseñas publicadas en el periódico

Portada del periódico que tiene a bien publicar mis reseñitas.

Como ya hay que hablar de “antes de la pandemia” y después se podrá decir “después de la pandemia”, pues eso, antes de la pandemia me encontré por la calle a Remedios Sánchez. Granada es ciudad pequeña y encontrarse amigos en el paseo o en las gestiones es normal, cosa que a barceloneses o madrileños les cuesta comprender. Pues sí, me encontré a Remedios Sánchez, profesora de la UGR y Secretaria de la Asociación Andaluza de Críticos y Escritores. Además de los saludos pertinentes y los tan granaínos “me alegro de verte”, que cuando son auténticos dan alegría y cuando son mera formalidad o hipocresía, dan pena, siendo en este caso, por suerte, lo primero, me propuso elaborar reseñas de libros para la Página de Libros, del periódico Ideal, diario (aún escrito, aunque quizá por desgracia dure poco) de las provincias de Granada, Jaén y Almería. Le adelanté que me dedicaría, si era posible, casi exclusivamente a la prosa, pues pocos conocimientos, si no son los del goce, tengo de poesía. De lo otro tampoco son aquellos para echar cohetes, solo dispongo de ese goce y del corazón, máquina corporal que, en colaboración con el cerebro, nos produce algunos beneficios. He elaborado hasta ahora 24 reseñas, 20 publicadas a día de hoy y 4 pendientes. Las reseñas tienen una extensión determinada, más bien exigua, de la que uno no puede sobrepasarse. Como siempre, esto obliga a resumir, comprimir, sintetizar. No es mal ejercicio para un escritor. Además, eso es lo que hay.

No pensé colocarlas en este blog tras haberlas publicado el periódico, considerando que no son sino reseñas sin demasiada importancia si no es la de animar a la compra y lectura de algunos libros actuales que me han gustado. He hecho algunas de publicaciones de amigos, no por sentirme obligado, sino por verdadero gusto. Al revés de lo que opina cierto colega, estas no son críticas sino reseñas, humildes reseñitas que se hacen, sobre todo, por darle gusto a Remedios, por dar algo de publicidad a libros que me agradaron. Críticas no son porque de serlo, no tratarían solo de libros recién aparecidos, recientes, ni serían exclusivamente de libros de los que hablo bien, sino también lo serían de aquellos que no me han gustado nada, señalando en ellos los defectos, cosa que me exigiría mi ética pero me prohíbe mi vergüenza.

Reseña ya publicada de Los europeos, de Orlando Figes, libro del que ya hablé en este blog.

Lo curioso, la vida da muchas vueltas, es que si Remedios Sánchez es amiga de Granada, conocida de los múltiples actos culturales que en nuestra ciudad, precovid, se dan, ella es Secretaria de la antedicha Asociación, Francisco Morales Lomas es su Presidente. ¿Qué por qué digo esto?, porque Paco llegó al Instituto de Guadix el mismo año que yo, en septiembre del 81, recién conseguidas las oposiciones ambos, recién acabada la carrera él y recién casado con Pilar, buenos amigos cuya relación se fraguó allí, los dos unos pipiolos con veinte y muy pocos años. Solo estuvieron un año en Guadix, luego él se trasladó a Barcelona para acercarse a uno de los centros de la producción y publicación literaria, aunque poco tiempo después volvió a Andalucía, concretamente a Málaga, y se convirtió, no solo en excelente escritor, novelista y poeta, sino en crítico de campanillas. Nuestras vidas se separaron, pero al empezar yo a publicar y meterme en este mundillo coincidimos y, también de veras, “nos alegramos de vernos”.

Pongo aquí hoy tres de estas reseñitas: a Luis Rodríguez no lo conozco de nada, simplemente su novela me dejó patidifuso. A Sergio Mayor lo sigo en facebook, hemos intercambiado algún privado y me agradeció la reseña. José Vicente Pascual sí es amigo, muy buen escritor y la persona gracias a la cual, además de al fallecido Gregorio Morales, entré en el ambiente literario granadino. Espero que os tienten a leerlos pues las tres obras son interesantísimas.

Cuando la aventura es la misma narración

8.38 Luis Rodríguez. Editorial Candaya. 2019.

Miguel Arnas Coronado

Enfrentarse a una novela que recuerda por su hechura al Tristram Shandy o a Jacques el fatalista no es moco de pavo. Porque, al igual que esas, promete que va a contar una historia, la de los emboscados o maquis Opo y Manuel, y la del brigada Aníbal Briz, y no la cuenta. Porque su verdadero tema es la novela en sí, el hecho de la escritura. El propio Luis Rodríguez es el personaje que va a escribir la novela, 10 años mayor que el autor y suicida. En torno a las dificultades de contar algo y de sus diferentes interpretaciones es de lo que va el asunto. Asunto que se complica, se va por las ramas, tantas como casas tiene el pueblo inventado de Soyube, en Cantabria, sus habitantes y algunos santanderinos. Suena esta novela a las conversaciones de chimenea donde se empieza a hablar de si llueve o no y se acaba contando la historia de la aparecida de tal y cual, pasando por las veleidades eróticas de la vecina de enfrente. Pero aderezado con reflexiones sobre el hecho de narrar. Esa novela, que no se llega a escribir a causa del suicidio, o quizá solo desaparición y emboscamiento, de Luis Rodríguez, cuenta algo que calienta la cabeza de los soyubianos e incluso de los capitalinos, dando lugar a que la narre una niña de doce años, Claudia, que habla como si tuviera cuarenta, o un empleado de banca que acaso atraca otros bancos o quizá es víctima de alguno de esos atracos. Pero apenas rozan el tema de la novela: son historias raras como esa extrañísima lotería en la que participa todo el pueblo. El azar como protagonista, pues es ese azar el que impide que la novela sea escrita y quede para lo posteridad, quedando a cambio las lucubraciones de unos vecinos que se reúnen en la taberna frente a unos vasos de vino y hablan y hablan. Y como contrapunto, también la lógica protagoniza estas divagaciones de personajes y autor. Los problemas lógicos, que recuerdan los de Lewis Carroll aunque más populares, próximos a los chascarrillos y a los absurdos que se plantean las tertulias de aldea en las tabernas. En tiempos de un realismo un tanto romo, esta es narración digna y necesaria.

Ciudad donde se muere, donde se vive

Sergio Mayor Ciudad mori. Karima Editora

Miguel Arnas Coronado

¿Granada es una ciudad o una mujer? Seductora, aromada, semioculta, epifanía para los ojos. Esa es la visión de Sergio Mayor. El título es juego de palabras con el memento mori, momento de la muerte, recordatorio. Y es ciudad que hace morir de amor. Es mujer que hace morir de amor. Un paseo por la ciudad como se pasea por un cuerpo, con delectación.

¿Y la prosa? No se busque argumento. Es soliloquio de vividor en fragmentos cortos, como la respiración del enamorado. Conocí a Sergio en facebook y me fascinaron esos textos que colocaba. Siempre creí que debió publicarlos y lo ha hecho con algunos, mejorándolos. Demuestra que se puede gozar tanto de los pecados como de las virtudes, de la cháchara de los borrachos como de los libros u obras de arte que ha cortejado, de las músicas que ha compartido, de las ginebras que ha saboreado. Pero, ¿es importante si Sergio Mayor disfruta o no con sus cosas? El asunto estriba en que me hace disfrutar a mí y, seguro, a todo posible lector. Si este ama a Granada y la ha galanteado como él hace, mejor. Pocos libros se han escrito tan poéticos como este, con palabras arrobadas de amor y rencor por esta ciudad. Y se han escrito pocos porque es difícil amar tanto.

Podrá achacársele dificultad, pero es falsa: hoy no la hay pudiendo consultar cosas en internet. Nombres de poetas, conceptos místicos, canciones que pueden oírse cuando de ellas habla Mayor. Historias inventadas, porque ninguna vida da para todos esos licores bebidos a lo largo del mundo, pero la imaginación es viva y visual: Sergio Mayor ha viajado con la cabeza, y con ella se viaja mucho mejor que con los pies, las ruedas o los cascos de los caballos. Aquí está Huysmans, Swedenborg, Lowry, aquí está la maldad y también la bondad.

Al batiburrillo, añádasele el sentido del humor, las alusiones extemporáneas que hacen saltar la conciencia de que no estamos ante descripciones al uso sino ante un exabrupto, salida de tono, el resoplido de un búfalo cansado.

“Escribo de Granada como el jesuita que practica sus ejercicios espirituales”. Sobre todo, la ciudad. Aquella mujer le contagió, dice, “una teología venérea”. ¿Cabe mayor imaginación, más grande riqueza?  Mayor, lo he leído de su prologuista, habla como el cónsul Firmin lo hizo en Bajo el volcán: desde la locura. ¿Es solo esto Ciudad mori? Es mucho más: amoríos, alcoholismo, amplísima cultura, misticismo, delectación.

De idéntica forma que el musulmán tiene la obligación de peregrinar una vez en su vida a La Meca, el granadino debería tener el deber de rezar este libro. Han leído bien: rezarlo.

Primeras pinturas, primeros balbuceos

El alma en la piedra

José Vicente Pascual. Ed. Pámies. 2020

Miguel Arnas Coronado

Una tribu que ya no es nómada. Cazadores-recolectores pero sedentarios. Es novela histórica, sí, mas ¿qué historia si hablamos de la prehistoria? Esa es la maravilla de esta obra: que siendo histórica es totalmente producto de la imaginación y ficción del autor, aunque para su escritura se haya basado en los múltiples estudios etno y antropológicos que existen sobre aquella época que abarca aproximadamente entre los 15000 y los 10000 años antes de nuestra era.

Dos son los seres alrededor de quienes sucede esta historia, aunque a su vez alrededor de ellos existan otros tantos personajes que enriquecen el cuento. Esos dos seres son una osa y un humano que pinta en las paredes de la cueva los animales cazados y comidos. La osa se convierte de depredadora en presa y es abatida. El hombre, depredador, deviene presa tanto para otra osa que aspira vengar la muerte de la anterior, como para otros humanos habitantes del llano y caníbales. Esta es la aventura que José Vicente Pascual sabe describir, ambientar e intrigar con ella al lector.

Pero hay una reflexión sobre temas aparentemente secundarios aunque vitales. La pintura prohibida de seres humanos y de depredadores, es decir, el tabú mismo que nadie sabe de dónde procede ni qué utilidad tiene pero se sigue respetando y de cuya transgresión vienen todas las desgracias y maldiciones. El respeto del clan por quien conoce esos tabús, el chamán, el anciano, que ejerce su poder de forma acertada a veces y equivocada las más. El miedo, constante en los miembros del clan Tiznado, de ser devorados, sea por animales, sea por otros hombres. El deseo de reproducción, tanto en hombres como en mujeres. El papel de ellas como dueñas de esa reproducción deseable y de los secretos de la curación, el alimento y del lenguaje. El odio ancestral de ese clan del llano, odio y deseo de muerte que no procede solo de la antropofagia, ni tampoco de la competencia, sino de algo desconocido, antiguo, mistérico. A fin de cuentas, ¿qué pasó en la guerra serbo-bosnia?: odios con quinientos años de antigüedad, recuerdos de algo que nadie puede recordar por haber sucedido entonces. 15000 años después sigue pasando lo mismo. Todos esos ingredientes conforman una novela magistral que atrapa, de la que se goza y que intriga. El autor, de larga trayectoria literaria, se ha lucido una vez más y nos ha seducido con su cuento de humanos primitivos.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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