Dos artículos periodísticos

Recorte de la página de Ideal del 12-3-2020 con el artículo de mi autoría.

De nuevo coloco en este blog dos artículos de los que el periódico Ideal de Granada publica a los miembros de la Academia de Buenas Letras. El primero habla de qué cosa fueron las academias en el pasado. El segundo habla de tres mujeres místicas del Medievo, que no fue, ni mucho menos, tan oscuro como se ha dicho. Del primero ignoro si se ha publicado aunque supongo que sí por el tiempo que hace se lo envié al responsable, mi compañero de la Academia y amigo, Esteban de las Heras. Y lo ignoro porque con esto del coronavirus y la dichosa pandemia consecuencia de él, Esteban no ha recibido los pdf de dichos artículos publicados, y por tanto, no los ha enviado a los académicos. Espero no quebrar la condición de inéditos que se exige para estos artículos. Confío en que os gusten.

La Edad Media no tan oscura

Que el Medievo no fue tan oscuro como se nos pintó en el XIX está ya muy demostrado. La religión, que dominó entonces, también puede y debe ser luminosa, los místicos nos lo demostraron. Hubo tres mujeres (fueron más pero me voy a centrar en ellas) en esa época que abundaron en la idea de luz, de repulsa de la oscuridad: Santa Hildegard von Bingen,

Dibujo de una de las visiones de santa Hildegard von Bingen, dibujos que los efectuaba un monje amigo las descripciones de ella.

Hadewijch de Amberes y Juliana de Norwich: alemana, holandesa e inglesa respectivamente.

Hildegard (1098-1179) es muy conocida por sus composiciones musicales. Sus visiones, editadas en español por Siruela, son apocalípticas, muy simbólicas y visuales. Van acompañadas de dibujos ilustrativos que no hizo ella sino un monje que la ayudaba en eso. El color y las alegorías caracterizan tanto las imágenes como los textos. Por descontado que su teología es escolástica, pero de forma imaginativa, onírica. Es una de las cuatro Doctoras de la Iglesia.

Hadewijch (finales del XII-c.1248) fue beguina. Las beguinas no eran monjas sino mujeres que vivían en comunidad, viudas o solteras. Se comprometían, no solo a una vida común y religiosa, sino a servir a los demás. Ni siquiera hay certeza absoluta de que sus visiones, poemas y cartas sean de ella y no de toda una comunidad. Nada o muy poco se sabe de su vida, solo que al final tuvo que huir de la represión eclesial que significó el ataque a una espiritualidad libre. Sus poemas, cartas y visiones son tan eróticos como pueda serlo el Cantar de los Cantares, donde el amor profano se confunde y se imbrica con el sagrado. Es lo que se llama “mística nupcial”.

Juliana de Norwich

Juliana de Norwich (1342-1416), fue anacoreta en una celda construida junto a la iglesia de San Julián, en Norwich. De sus experiencias se trasluce un optimismo supremo, pues repite innúmeras veces las palabras que le dijo Dios: “todo acabará bien”. Para ella, incluso el pecado es bueno y positivo pues el dolor por haberlo cometido hace reconciliarse al hombre con Dios. Rayaba esto en la herejía y llevó buen cuidado de matizar sus palabras, de ajustarlas a la ortodoxia y adherirse fielmente a la Iglesia, a pesar de lo cual lo suyo sigue sonando a sacrilegio.

Siempre me ha llamado la atención el desapego actual hacia nuestra historia religiosa, digamos hacia nuestra mitología, cuando nos despendolamos por saber y gozar con las mitologías antiguas, sean griegas, hindúes, nórdicas o celtas. Todas tienen el pecado como límite. No el mismo, pero…

¿Qué fueron las Academias?

Reunión de la academia francesa de las ciencias Grabado de Sébastien LeClerc

La palabra Academia procede de cierto bosquecillo que albergó la tumba de Academo o de un rico que cedió su propiedad a la ciudad de Atenas. En él se daba una tertulia donde se opinaba, se criticaba y se recibían críticas. Véanse los diálogos platónicos. En Roma se las llamó universitas. En el Renacimiento comenzaron las tertulias, a las que se llamó academias, donde se discutía de todo. La palabra tertulia, según Corominas y Von Schack, viene de lo que hoy llamamos gallinero en los teatros: allí se juntaban los señores y clérigos para estar separados del populacho que llenaba la platea, y se discutía. Se puso de moda hablar sobre Tertuliano, y de ahí el nombre. En el siglo XVII proliferan las Academias, que siguen siendo tertulias. Ya hablé en esta columna de las integradas por los sefardíes de Ámsterdam. Luego nacieron los salones, donde una señora, normalmente, convocaba a artistas y hombres de ciencias para amenizar charlando, y no de banalidades, las tardes y noches. La literatura está llena de muestras de ellas.

Salón de la Real Academia de la Lengua Española

En 1582 apareció la primera Academia de la Lengua, en Italia y para regular el toscano en oposición al latín universitario. Luego, las Academias oficiales se propagaron. Las hubo de Ciencias, de Arte, etc. En Francia se fundaron varias como oposición a la rigidez universitaria. Lo curioso es que los universitarios fueron copándolas y se produjo un fenómeno extraño: la inversión; las Academias fueron aún más conservadoras, en el XIX, que las Universidades. De hecho, la palabra francesa academisme quiere decir falta de originalidad, y la inglesa academic, significa poco práctico. Las Academias, que empezaron como simples tertulias pero de las que surgieron ideas nuevas que modificaron el arte y las ciencias, no estaban reguladas, no dependían de subvenciones ni de gobiernos, eran libres dentro de la libertad que permitían estos, aunque siempre tuvieron mayor independencia las clases poderosas y cultas que los pobres. Cuando se institucionalizaron no solo perdieron autonomía por las monarquías o repúblicas que las pagaban, sino que la perdieron porque así lo desearon, apartándose con cerrilismo de las nuevas tendencias que calificaron de escandalosas. No solo lo que toca el poder lo corrompe, sino que el poder, según parece, es apetitoso aunque sea mínimo. Sería deseable recuperar aquella independencia y la compensación, que no oposición, a la rigidez universitaria, además de ser foros de debate.

Extraigo los datos históricos de tres artículos magistrales del mexicano Gabriel Zaid en la revista Letras Libres de España.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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