Dos nuevos artículos aparecidos en el periódico Ideal

Como otras veces, coloco aquí dos artículos aparecidos en el periódico Ideal en la columna destinada a las colaboraciones de los miembros de la Academia de Buenas Letras. Espero que os gusten.

Louis Massignon

¿Nos hemos olvidado de Louis Massignon?

Solo con un detalle, hoy de absoluta actualidad, sabremos quién fue Louis Massignon. El artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice así en su apartado 1:  “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”. A eso se le llama derecho de asilo. Pues bien, Louis Massignon fue al artífice de ese artículo, insistiendo, no solo de forma teórica y como intelectual de fama, sino también en la práctica, con manifestaciones públicas e instancias a los poderes internacionales para que ese derecho se incluyera en la Declaración.

No es moco de pavo hoy tal cosa, cuando todos sabemos de las cerrazones de algunos gobiernos europeos, por no decir nada de la presidencia norteamericana.

De este hombre, islamólogo de sabiduría inmensa y católico convencido, se dijo que era el más mahometano de los cristianos y el más cristiano de los mahometanos. Arqueólogo en sus primeros años y estudiante durante toda su vida del Islam y, especialmente, de sus místicos, fue compañero de fatigas de Lawrence de Arabia en su trato con las tribus árabes, él como representante de los intereses y compromisos franceses, y el militar inglés

Thomas Edward Lawrence, más conocido por Lawrence de Arabia.

de los británicos. Compromisos que ambos países, o mejor, sus respectivos gobiernos, rompieron con la Declaración Balfour, causando la indignación de Massignon y Lawrence, que vieron traicionada su “palabra dada” ante los dirigentes árabes.

En unas prospecciones en Siria, en 1908, fue detenido por las autoridades turcas acusado de espionaje. Prisionero y gravemente enfermo, había decidido suicidarse en su celda cuando recibió la visita de alguien a quien él denominó El Extranjero. La aparición le dio ánimos y motivos para seguir viviendo. Poco después, una familia de Damasco se presentó garante de su persona ante el Bajá turco (ser garante significaba entregar su vida a cambio de la del otro si este traicionaba a la autoridad) y logró retornar a Francia ayudado, incluso, económicamente por esa familia. Desde entonces adoptó esa religión abrahámica que basa su ética en el sagrado deber de la hospitalidad.

Dos libros de este hombre traducidos al español pueden encontrarse en el mercado: Palabra dada y Ciencia de la compasión. Ambos son compendios de artículos y conferencias que escribió o impartió durante toda su vida. El primero, acaso el más interesante, contiene ensayos sobre un místico sufí, Al Hallaj, que puede sernos a nosotros, de tradición cristiana, individuo muy atractivo; sobre Salman, el ayudante cristiano del profeta Mahoma; en torno a María Antonieta, Juana de Arco o Gandhi; discursos ante la Asamblea de las Naciones Unidas, etc.

Artículo publicado

Pero con este artículo quisiera yo animar a la lectura de un pequeño opúsculo de fácil lectura, Louis Massignon o La Hospitalidad al Extranjero, escrito por Jesús Moreno Sanz y publicado por La isla de Siltolá. Es un resumen explicativo y sencillo de la filosofía de este francés que se interesó por el Islam y las religiones abrahámicas donde el asilo, la hospitalidad, la acogida o el altruismo tienen tanto estudio y publicidad, en un mundo como el nuestro tan necesitado de que esto se recuerde y espolee. Porque es destacable que aguantamos al vecino pero no al emigrante, o soportamos al emigrante pero no al vecino. Porque comisionamos al Gobierno para que socorra al refugiado, sin percatarnos que ese dar sin interés, sin esperanza de compensación, es cosa individual, de cada uno, intransferible y, por supuesto, no delegable en Gobiernos e Instituciones que siempre regalarán con interés. Pues el interés es deleznable aunque solo lo veamos en los demás. Esa es la enseñanza de Massignon. Y eso lo dicen las religiones y cualquier ética seglar que seamos partidarios de asumir.

La radio

Artículo publicado

Inevitablemente, los viejos tendemos a la nostalgia. No quisiera caer en ella y menos aún en la total subjetividad, pero no puedo evitarlo: no soy objetivo porque, como D. Miguel de Unamuno, no soy un objeto.

En mi casa, durante mi infancia, se escuchaba la radio. En ella, un hogar humilde, no hubo televisión hasta que cumplí los veintitantos años. Ni falta que hacía. Se me viene a la cabeza, y esa evocación es el origen de este artículo, aquello que se cantaba: “Yo quiero un tebeo,/ yo quiero un tebeo,/ si no me lo compras,/ lloro y pataleo”. En la radio de entonces se hablaba poco aparte del noticiero o, como se le llamaba de forma tan militar, “el parte”. Sobre todo era música: copla, pasodobles, boleros hasta que a finales de los cincuenta llegó el pop y el rock.

La ventaja de la música es que, excepto en los conciertos, siempre es de fondo. Hoy se habla demasiado en las radios. Tanta palabra interfiere en casi cualquier trabajo a no ser que este sea muy repetitivo, muy aburrido. Las tertulias, a menudo políticas, o se escuchan o no se escuchan, no cabe ese término medio que ocurre con la música, sea del tipo que sea, buena o mala, clásica o popular, con la cual es posible dividir el cerebro entre lo consciente, lo que se trabaja, y lo inconsciente, ese fondo musical que acompaña sin llegar a adormecer. Las palabras emitidas requieren mucha más atención, a no ser que en realidad no se escuchen y ni siquiera se oigan, pero en tal caso, ¿para qué queremos la radio?

Radio de teclas, como la que había en casa de mis padres

Por no hablar de la televisión. Esta requiere, además, mirar, ver. La tele nos deja libres solo tres sentidos: tacto, olfato y gusto. Es cierto que se puede cocinar con ella en funcionamiento, pero corremos el riesgo de que se nos pegue el guiso y cuando el olfato nos avise, y el gusto nos lo confirme, sea demasiado tarde. La televisión es absorbente. Y luego nos quejamos de esas personas que siempre deben tenernos controlados, siempre a su vera, siempre sabiendo qué hacemos.

Se escuchaba mucho a Manolo Escobar. Recuerdo que a mi padre y a mí no nos gustaba nada. Debilidades. Lo que nunca calibramos es que podía ser peor. Y hoy es peor, francamente, pero ¿qué le vamos a hacer? La radio de entonces, con sus músicas dedicadas, “para mi papá, que me estará escuchando”.

También hablaban, claro, y no solo en el “parte”. Había seriales, como Tres hombres buenos o Ama Rosa, pero el goce máximo estaba por la noche. La serie humorística de Matilde, Perico y Periquín, con Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa y Matilde Vilariño, el serial detectivesco Taxi Key o el insoportable Padre Venancio Marcos. Si bien, lo que

Radio de transistores, portátil y algo más moderna

contenía un verdadero éxtasis eran las sesiones de teatro radiofónico sobre las diez y media de la noche, en las que escuché casi todo Shakespeare, los hermanos Álvarez Quintero y Arniches. Mi padre entraba a trabajar a las seis de la mañana y para las diez de la noche estaba acostado, y con él, todos, ¡pero yo no podía dormir! Conseguí una radio portátil que acostaba conmigo en la almohada y, depende de cómo fuera la obra de teatro, aguantaba hasta el final o me quedaba dormido, a veces sin apagarla.

Y luego estaban los partidos de fútbol: no vistos sino imaginados según eran descritos.

Aquella radio acompañaba. El mundo puede ser peor o mejor, todo depende de sus habitantes. Hoy estamos satisfechísimos, tanto que siempre exigimos más opinando que esto no puede hacer otra cosa que mejorar. Tal vez nos equivoquemos. La televisión es estupenda, pero ¿es mejor, peor o indiferente? Respóndase cada uno.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
Esta entrada fue publicada en Artículos periodísticos. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s