Actuación en el teatro Isabel la Católica de Granada

Ismael Ramos

Hará un par de meses, mi querido amigo Ismael Ramos, músico de campanillas, para quien soy “el portador de la antorcha”, y no sé qué luz puedo aportar si me da miedo la electricidad a pesar de haberla estudiado, me avisó que me iba a embolicar. Se trataba de recitar un poema. No soy rapsoda y ni siquiera poeta. Pero a un amigo como Ismael no se le puede negar nada. Acepté. Por fin, me explicó: en la conmemoración del tercer aniversario de la revista granadina Alhóndiga, iba a introducir un homenaje al actor cartagenero Isidoro Máiquez (1768-1820) de quien se cumplen doscientos años de su fallecimiento. Este hombre modificó el teatro español, fue el primero en estudiar arte dramático fuera, en París, introdujo la costumbre de disponer sillas en la platea de los teatros y numerar las entradas, convirtió el recitado e interpretación en más natural de lo que se estilaba hasta entonces. Gran amigo de Moratín, influyó mucho en la escena de su época y vivió un tiempo en Granada, por lo que tiene una estatua en la plaza del Padre Suárez. Durante la ocupación francesa fue liberal, por lo que los partidarios de Fernando VII lo tildaron de afrancesado, y en la guerra de Independencia luchó contra los franceses en el levantamiento del 2 de mayo (echadle una

Isidoro Máiquez pintado por Francisco de Goya y Lucientes

hojeada a Wikipedia), por lo que fue tildado de absolutista por los afrancesados. Como tantos en esta España donde no hay dos sino tres, donde no hay tres sino una por cada español, pues todos estamos convencidos, no solo de la que proponemos, sino de que conseguiremos individualmente esa propuesta, imponiéndosela a los demás, y hoy sigue siendo así. Pues bien, la conmemoración y homenaje tuvo lugar en el teatro Isabel la Católica de Granada el pasado miércoles 26 de febrero, de modo que junto al actor Francisco de Paula Muñoz, perteneciente al grupo teatral Corral del Carbón, al trío Albéniz (mandolina, guitarra y laúd, este último tañido por Ismael) y a la directora de la revista, Ana Sánchez, me tocó leer el poema (más bien fue hacer el ridículo leyéndolo ante 500 personas) que adjunto, antecedido de una pequeña introducción. Ahí va, esperando que tras su lectura, os animéis a tomar el Palacio de Invierno o el Cuartel de la Montaña, ambas tabernas en algún lugar del país.

Cuentan las leyendas o dicen las malas lenguas, o quizá buenas, no sé, que cuando Isidoro Máiquez recitaba este poema, se ordenaba duplicar la guardia para prevenir altercados. También se dice, ignoro si con buenas o malas intenciones, que si a la función teatral

FernandoVII también pintado por Goya. Al aragonés no le hizo falta mala saña para pintarlo como era.

asistía el rey Fernando VII, el rey feo, porque lo era, el insigne actor se ponía de espaldas al palco real para recitarlo. Lo de la guardia da un poco de risa porque en este país siempre hemos hecho las cosas por si acaso. Se fusiló mucho por si acaso, una centuria después de estas actuaciones del gran Isidoro. Y es que, si ya el Poder no saca el revólver cuando escucha la palabra Cultura, sí es cierto que el vocablo en cuestión le produce indiferencia. Cualquiera que sea el Poder. Sin embargo, algo de repelús sí le da al sentir la palabra Libertad. La diga quien la diga, resulta que el Poder se pone a la defensiva, como si, inevitablemente, no solo el término, sino el concepto, fuera siempre contra él, contra ese Poder que, también sin poderse evitar, se apoltrona. Les pincha la palabreja Libertad. Por eso es bueno que se repita, de espaldas, de cara y de medio lado, porque si les pincha, igual les hace reaccionar. El poema que a continuación leeré, en homenaje al gran Isidoro Máiquez, que como ya digo provocaba la proliferación de guindillas a la puerta de los teatros, e incluso la indignación disimulada del rey Fernando VII por verle las espaldas, y aun aquello donde estas pierden su noble nombre, al ínclito actor, lo escribió cierto poeta llamado Cristóbal de Beña que hoy ya pasó al olvido. Pertenece al poemario La Lira de la Libertad. Poemas Patrióticos, aunque en realidad fue prólogo, escrito por Beña, a la tragedia Bruto o Roma libre, del conde Vittorio Alfieri que don Antonio Saviñón tradujo al español para ser representada en el teatro de Cádiz en “ocasión de celebrar los profesores cómicos la publicación de la nueva Constitución de la Monarquía Española”, y cito literalmente de su publicación. Dice así:

Cristóbal de Beña

LA LIBERTAD.

PROLOGO A LA TRAGEDIA

ROMA LIBRE.

C. D E BE ÑA.

Pueblo Español, cuyo poder un día
será otra vez terror al universo,
yo soy la LIBERTAD, que a los mortales
dio por su bien, cuando le plugo el Cielo.
Con la lanza, costosa al Africano,
yo misma armé la diestra a tus guerreros,
que, atados á la bárbara coyunda,
romper su infamia y su opresión quisieron.
Y a sus nunca domados corazones
cerqué tres veces de bruñido acero,
y diles el vencer, y que su nombre
de valor y virtud fuese modelo.
Yo escuché tus gemidos, yo tu llanto
estéril vi correr, oh digno Pueblo,
cuando en lazo servil el despotismo
pudo ligar tu generoso esfuerzo;
Mas vi también tras de la inercia torpe
cuál sacudiste los pesados hierros,
y arrostrando la fuerza y la perfidia
con voto ardiente me llamaste luego;
Y fui contigo, y la pequeña hueste
llevé al combate, y de laurel eterno,
con sangre de opresores salpicado,
ciñó su frente indómito el Guerrero.

El 2 de mayo, de Goya

Tus ciudades, tus montes y tus valles
con ala rapidísima corriendo,
blandí la antorcha del valor y al punto
tú te inflamaste en su divino fuego:
ni hubo ya resistir, que derrotadas
por donde quiera sin pensar se vieron
las pérfidas falanges, que el Tirano
lanzó en su mal a tu fecundo suelo;
Y mientras él, frenético y furioso,
sueña que extiende sobre ti su cetro,
tú, magnánimo Pueblo, tú, recibes,
tronar sus bronces sin pavor oyendo,
leyes justas, y santas, y durables;
Leyes escudo firme a los derechos,
que yo te vuelvo a dar, yo que amorosa
tu ruina aparto y en tu suerte velo.
Y deseando que tu vista ocupen
aquellos pocos, mas sublimes hechos,
que inspira mi Deidad a los humanos,
si admito grata su ferviente ruego,
ante tus ojos de la antigua ROMA
daré que nazca el esplendor primero,
cuando tras un baldón, nunca sufrido,
juró ser libre y quebrantó sus hierros.
La escena que presido encantadora
va a sacar del no ser por un momento
a la Ciudad, después Reyna del mundo,
dulce morada para mí otro tiempo.
Verás aquí abatida la insolencia
de los nobles procaces y altaneros,
y un REY, en su grandeza envanecido,
que del vasallo se gozó en el duelo,
verás también del Trono derrocado.

La casta Lucrecia

Escucharás el santo juramento
del intrépido BRUTO, cuando mira
de la hermosa LUCRECIA el frio cuerpo,
manchado feamente con la sangre
que ella misma sacó del casto pecho;
Y eterna execración a los tiranos
jurar con él al asombrado pueblo
también escucharás, y en bases nuevas
alzarse mirarás gobierno nuevo,
que torna en aguerridos ciudadanos
los que antes eran del ultraje siervos.
Al PUEBLO, Soberano de sí mismo,
verásle intervenir en el Congreso,
que formó por su bien, y allí explicando
su libre voluntad con libre acento.
Sabias leyes verás obedecidas,
que al Senador igualan y al Plebeyo;
verás en fin a un padre desdichado,
verás a BRUTO, al bienhechor del Pueblo,
que entrega a la segur de los lictores
de sus débiles hijos los dos cuellos.
Seducidos los míseros, que en ROMA
volviese a entrar TARQUINO consintieron,
olvidando á su Patria; mas perecen,
y ella se salva, y con tesón austero

Marco Junio Bruto

el fuerte BRUTO de virtud gloriosa
da en su heroico dolor ilustre ejemplo,
y su nombre y constancia esclarecidos
serán durables a la par del tiempo.
Tal fue, españoles, el origen alto
de la grandeza del Latino Imperio,
y tras la esclavitud más oprobiosa
tiene principio igual el poder vuestro.
Si entonces el Romano, enardecido
sobre el cadáver de LUCRECIA yerto,
juró venganza y muerte a los tiranos,
muerte y venganza con igual esfuerzo
jurasteis animosos por la sangre
de DAOIZ, VELARDE y otros ciento,
víctimas generosas de la Patria,
que no existiera si viviesen ellos.
Vosotros sin temer el poderío
del monstruo a quien el orbe viene estrecho
como al feroz TARQUINO los romanos
guerra, exterminación, rencor eterno
le jurasteis también y a sus ministros,
cual a MAMILIO visteis con desprecio.

Una de las portadas de la revista Alhóndiga.

Después vuestro augustísimo Senado,
cual pudo ser en la ciudad de REMO,
estableció la santa independencia
sobre inmutables sólidos cimientos:
Sonó su voz, temblaron los malvados,
y estremecióse el déspota en su asiento,
y la superstición y el fanatismo
del solio infame despeñados fueron.

Si por desgracia hubiere entre vosotros
traidores hijos, que en error funesto,
cual los de BRUTO, quieran que su Patria
vuelva otra vez al duro cautiverio,
la espada de la ley inexorable,
la espada de la ley caiga sobre ellos;
Padre era el CÓNSUL, padre cariñoso,
mas Romano nació, y esto es primero.
Tal cuadro, tal lección, tal semejanza
jamás olvides, generoso PUEBLO.
ROMA, cual tú, gimiera esclavizada,

El actual trío Albéniz, que remató el acto con una magnífica interpretación de piezas de William Byrd y Falla

cual tú quebró de tiranía el cetro,
vióse, cual tú, de nuevo envilecida,
y Señora del mundo vióse luego.
Tú misma, ESPAÑA, su poder burlaste,
cuando hubo en ti, cual hoy, valientes pechos;
Tú del Tirano que a la EUROPA oprime
desvaneces los áridos proyectos:
No temas, no, que en tu defensa esgrime
la LIBERTAD su vengador acero,
y escrito está en los libros del destino,
Que ES LIBRE LA NACIÓN QUE QUIERE SERLO.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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