Dos artículos patafísicos

Hace tiempo que no coloco aquí, en mi blog, ningún artículo patafísico. No es que hayan sido abandonadas las investigaciones del Institutum, sino que, acaso, no se me ocurrían temas para tales investigaciones. Hace pocos meses escribí, en nada, estos dos pequeños textos. El Rector Magnífico y Perezoso los imprimió y repartió entre los Sátrapas Trascendentes, que no sé si los disfrutaron o les aburrieron. Con todo, son escrititos entretenidos que no aspiran sino a la risa.

De la simplificación y eficacia del lenguaje

Las investigaciones del Institutum Pataphisicum Granatensis abarcan, por supuesto,

Retrato (apócrifo) de Álvaro Borja Yksmohc (S.J.)

también la rama y especialidad de la lingüística, generativa o degenerativa, depende de cómo. El lenguaje, como demostró Álvaro Borja Yksmohc (S.J.), debe ser útil y no extenso. Que el lenguaje no es algo determinante nos da idea un simple ejemplo: ¿ha cambiado algo el hecho de que al ladrón se le llame “usuario indebido de la propiedad ajena”, o simplemente “político corrupto”? Un ladrón sigue siendo un ladrón y una rosa es una rosa.

La reducción de los términos y de la gramática es imprescindible en un mundo tan tendente a la simplicidad como el nuestro. Así, debemos exclamar: ¡muera la sintaxis y la ataraxia!

Ya no necesitamos pedir de comer o lugar donde refugiarnos, para eso está internet o, en última instancia, la gestualidad. La multiplicidad de idiomas e idiolectos dificulta de manera tan inmensa la comunicación que hace inviable la globalización. El intento de convertir el inglés en lengua franca es encomiable, pero sigue siendo lengua compleja a pesar de su aparente simplicidad al eliminar distinciones de sexo o conjugaciones verbales. No basta, es evidente. Hay que ahondar en el uso tuiterino de la reducción drástica, no ya a ciento cuarenta caracteres, sino a muchos menos, quizá siete u ocho.

Retrato (también apócrifo) de Nonato Santiaguete Malik

A lo largo de estas arduas investigaciones patafísicas, el equipo dirigido por Atanasio Nonato Santiaguete Malik, insigne, es decir, sin signo alguno, ha podido observar cómo el insulto es de veras la única palabra imprescindible. ¿Ponerse de acuerdo?, ¿para qué?, lo importante es, o asentir, para lo que bastará un simple movimiento de cabeza arriba y abajo (en Turquía será de izquierda a derecha, pero es un simple detalle que simplifica mucho la educación y no precisa enorme capacidad cognitiva, reservada esta a las élites), o, en su caso, no negar, sino insultar. Así, palabras imprescindibles serían: imbécil, gilipollas (mejor gepé, es más corto) o en casos graves, hijoputa. Feminazi, fascista (o facha, más ligero en carga fonológica y ontológica), rojo de mierda o, en su defecto y por los mismos motivos que los dados en el anterior paréntesis, bolivariano (estalinista no: ¿quién se acuerda ya de Stalin?, ¿acaso no era el Gordo, del gran dúo cómico cinematográfico Stan, “Stanley”, Laurel y Oliver Hardy?). Términos como cretino, sandio o sansirolé quedan reservados a los mandarines.

¿Para qué decir es usted un imbécil, si basta con el término imbécil dicho con suficiente énfasis? En eso, los chinos, con la importancia lingüística del tono diferente de una palabra homófona a otra, lo que le da su carácter y significado, tienen mucho que enseñarnos.

El problema es para la convivencia diaria. Pero es problema mínimo. La sanidad debería reducirse a lo que sigue: mueca de dolor señalando el lugar donde duele, chequeo idéntico

Imagen de la Inteligencia Artificial. Tal vez también sea apócrifa

al que se hace a los coches, con ayuda cibernética (para eso no hace falta médico sino I. A.), tratamiento con indicación gestual de periodicidad, cantidad y plazo y, curación o persistencia, en cuyo caso se procederá a la eliminación por razones humanitarias y económicas.

La enseñanza, ¿para qué? Solo los predestinados a cubrir puestos dirigentes necesitarán algo más, no mucho.

El consumo: páginas web con los elementos a comprar, como ya existen, y cliqueo correspondiente. Este sistema puede utilizarse también para las pequeñas afecciones de salud, según ya se ha convertido en costumbre. También la utilización de drogas seguiría el mismo método. Al fin y al cabo, son lo mismo.

En caso de reclamación existen dos vías: el insulto o el asesinato. Preferentemente, este último, que puede ser, social hacia el protestante o personal hacia el dirigente industrial o económico, empresa prácticamente imposible, porque como Odiseus, se apellidan Nadie.

Puede traslucirse las ventajas de esta reducción drástica del lenguaje, tanto en cuanto a lo económico como a lo social y político. Al insultar se descarga adrenalina, lo que disminuye el riesgo de agresión. Respecto a la intimidad doméstica, este extremo propuesto por el Institutum Pataphisicum Granatensis ya está siendo practicado, con la sustitución de

Familia modélica

cualquier plática por la televisión, los videojuegos, las tablets y las redes sociales. ¡Lo que nos ahorraríamos en teléfonos y publicidad! Sin contar con el freno a diferentes problemas como la corrección política et allii, pues la intención es que nadie se tome en serio el insulto, como ahora nadie se toma en serio el lenguaje más que aquellos que están interesados en que este sustituya a la realidad o, simplemente la cambie invirtiendo procesos. Por otra parte, la tendencia actual a expresarlo todo con emoticones se está adelantando a nuestra propuesta, pero si tal tendencia subsiste y persevera, la afasia humana sería total, lo que iría en detrimento de la secular diferencia entre animales y humanos. Tal vez sería deseable. En tal caso, debería establecerse una investigación en el entorno de la Cibernética para poder enviar escupitajos virtuales. ¡Ese sí sería un adelanto!

Esperemos que este opúsculo elaborado tras arduos trabajos por nuestro Institutum, sea el último con tal profusión de palabras.

De la urgencia de derogar la llamada Ley del Divorcio

Las investigaciones y tareas del Institutum Pataphisicum Granatensis son múltiples y diversas. Mas no por ello menos trabajosas. Tras un silencio, no impuesto, sino presupuesto y causado por la desidia, flojera o galbana de algunos miembros dedicados normalmente a la confección de estos estudios e informes, retomamos el trabajo abandonado, quizá, por no tener cosa mejor que hacer.

T. H. Agapito Trasconejo en lamentable estado de postración

Lo social también atañe a nuestra Institución y es por ello que un amplio equipo, al frente del cual ha estado el ínclito T. H. Agapito Trasconejo, vicecurador sempiterno de nuestro Institutum, ha elaborado este documento que rompe esquemas, lo sabemos, pero que se muestra imprescindible en una sociedad cada vez más desnortada.

Para demostrar la necesidad de derogación de esa ley, y no solo en nuestro país, sino universalmente, será necesario recurrir a ejemplos. Supongamos una familia en una sociedad de tradición cristiana aunque ni en sueños piensen en las prácticas y dogmas de esa religión, sino solo en algunos ritos y fiestas. Quizá en ese ámbito, la principal celebración sea la Navidad, y a seguido de ella, el Año Nuevo. También la gran sociedad china celebra el Año Nuevo aunque desfasado en fechas, pero eso da igual: centrados en la anterior comunidad, que es la nuestra, entenderemos fácilmente los insalvables problemas que suscita la mencionada Ley en otras civilizaciones. Supongamos, repito, esa familia que acostumbra reunirse la Noche Buena, y aun la Navidad, la fiesta de San Esteban, celebrada en alguna Comunidad Autónoma que desea dejar de serlo, la Noche Vieja y el Día de Año Nuevo. Son cinco festividades en las que el concepto de familia somete a todo lo demás, aun considerando la costumbre juvenil de escaparse tras la ingestión de la uva, normalmente atragantadora y a veces regurgitadora. E imaginemos, por un momento, puesto que la imaginación prevé y anticipa cualquier evento que pueda caérsenos encima, aunque en algunos casos tal previsión provoca paranoias y esquizofrenias, imaginemos que los progenitores de tal familia se separan. Tal cosa implicará para los hijos pasar parte de dichas fiestas con un

El juicio de Salomón: consecuencias nefastas para los infantes ante la falta de toma de decisiones,

ascendente y otra parte con la otra ascendente. La imparidad del número cinco rompe cualquier paridad, cuanto menos en esa Comunidad Autónoma mencionada. Y peor aún: supongamos, pues suponer es la garantía del progreso, que a su vez, los progenitores de los padres de esa pareja están a su vez separados y reunidos a nueva pareja. El asunto se complica porque la reunión familiar pasa de dos a seis ramas: el abuelo paterno con su nueva novia, la abuela materna con su pareja conocida en un viaje del Imserso, la abuela paterna con su amigo íntimo resultas del club de lectura, el abuelo materno con su amiguita ecuatoriana, que son baratas, más los dos miembros divorciados de la pareja inicial. Complicadísimo. Si además de abuelos hubiese bisabuelos, aunque el asunto es cada vez más difícil por la dificultad de emanciparse, excepto en las familias gitanas (pues estos no se separan o mueren en el intento), la diversidad de hogares a los que atender alcanza niveles de locura.

Por suerte, los humanos tenemos la fea o bonita costumbre de morirnos, pero pronosticando un futuro no tan quimérico, en el cual se alcanzarían edades de entre los cien y los ciento cincuenta años gracias a prótesis y avances médicos, el problema no es tan incierto como se podría presumir.

Solución habría, imponiendo por Ley Orgánica la obligación de llevarse bien, pero tal extremo es utópico como lo es la posibilidad de vivir sin leyes, orgánicas o inorgánicas y ni siquiera vegetales.

Suicidio colectivo ubuense. No será tal la consecuencia de la derogación de la Ley del Divorcio… esperemos.

Además de la derogación de la Ley del Divorcio de forma mundial, y aun diríamos universal, existen algunas soluciones imposibles pero conllevables, a saber:

1.- Que no existiese matrimonio y así no nos tendríamos que divorciar. Dado que las parejas de hecho presentan idéntico problema a las parejas matrimoniales, la verdadera ley debería consistir en que no hubiera coyunda, lo que además de horrendo, frustrante y tedioso, daría de mano de una vez por todas con las razas humanas, pues al ser universal nuestra propuesta, afecta desde bollulleros hasta marcianos pasando por los indios yanomamis.

2.- Que se admita el asesinato discreto entre cónyuges, independientemente del sexo. Al disponer la exigencia de discreción, es evidente que desaparecería la violencia de género.

3.- La abolición de todo tipo de festejos, religiosos o no. El escolio a tal medida sería el aburrimiento, que unido a la desesperación, es el motivo histórico de algaradas, revoluciones, pronunciamientos, tumultos, asonadas y estropicios varios.

4.- La clonación y robotización, sobre todo de niños, de forma que, dando la sensación de que están, en realidad estén en otro lado. También servirían los hologramas. Solo que no es lo mismo. ¿Cómo besuquear, con mucho chasquido de labios y litros de saliva, a un niñito hologramizado o a un robot, por muy japonés que sea?

Adultos no renunciantes y salomónicos

5.- Que los descendientes renuncien voluntariamente a acudir a alguno o algunos de esos eventos familiares. Hoy en día, cuando tanto cuidado se tiene en no traumar a gentes o individuos aislados con decisiones discriminatorias, esta decisión equivaldría a un incremento de la ocupación laboral completa en el gremio de psicólogos o terapeutas sociales, o aumentaría el nivel de suicidios, tema este que si fuera discriminatorio, es decir, solo aplicado a parados, jubilados y demás elementos que gravan desconsideradamente el erario público, redundaría en un beneficio enorme, pero casualidad sería la coincidencia, y confiar lo social al azar es un error que siempre se paga con el infortunio, aunque es tan normal que quizá lo anormal es lo contrario.

6.- Que uno de los ascendientes convenza a su prole de la esencial maldad, crueldad, perversidad y sadismo del otro cónyuge. Esto es justo lo que acostumbra suceder, y por tanto, al ser solución manida, sobada y vulgar, no interesa a este Institutum ni a la Alta Comisión de Investigación contra la Disolución del Orden (A.C.I.D.O.).

Como puede comprenderse de las posibles soluciones apuntadas, mucho más hacedera se prevé la simple retirada de la nefasta Ley del Divorcio, con una policía mundial vigilante de que las parejas sigan celebrando las festividades, religiosas o no, en conjunto. Tal policía debería ser, en esencia, intervencionista y violenta, sin las delicadezas que las Fuerzas de Orden Público acostumbran detentar, con su habeas corpus, derechos humanos, ni puñetas (aunque siendo Granatensis nuestro Institutum, aun sabiendo que debería ser Granatense, podríamos decir ni pollas).

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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