Presentación de mi novela Concierto triste para trío y coro.

Portada de Concierto trsite para trío y coro

El día 14 de mayo de este año, en el Centro Artístico de Granada, Fernando de Villena me presentó mi novela Concierto triste para trío y coro, editada por Alhulia con el patrocinio y en el seno de la Academia de Buenas Letras de Granada. Aquí adjunto un resumen de la hora completa en la que estuvimos hablando en forma de presentación-entrevista.

Presentar hoy a nuestro amigo Miguel Arnas Coronado en el Centro Artístico puede resultar algo redundante puesto que es uno de los miembros más queridos y activos de esta noble institución, pero por si alguno de los presentes lo ignora, diré que nació en Barcelona en 1949 y que, aunque ha escrito dos libros de poemas en prosa (“El árbol” y “Piano en pájaro”) y numerosos artículos de diversa índole que aparecen en prensa y en su blog, donde más se mueve como pez en el agua es en la narrativa, en la que ya nos ha dejado las novelas “Bajo la encina”, “Buscar o no buscar”, “La insigne chimenea”, “Ashaverus el libidinoso”, “Nos” y “Ashaverus el creador”. A toda esta obra se viene a sumar hoy la novela que presentamos: “Concierto triste para trío y coro”, publicada por la editorial “Alhulia” en la bellísima colección “Mirto” de la Academia de Buenas Letras de Granada a la cual pertenece el autor como miembro de número.                                                                                                                                                   Pregunta: ¿Consideras importante que el libro aparezca avalado por esta Academia cuyo prestigio en Granada no hace sino crecer?

Para mí es importantísimo pues, como sabes, y tú mejor que nadie ya que fuiste uno de mis mayores avales para ingresar en ella, es un honor inmenso que se me hizo y que agradezco. Desgraciadamente, el número de lectores es cada vez más exiguo, de modo que la trascendencia que puede tener un nuevo libro, y menos aún de alguien casi desconocido si no es por los amigos que me apreciáis y por este Centro Artístico granadino tan histórico, esa trascendencia es mínima. Tal vez ocurre lo que tanto he repetido: muchos leen para no calentarse la cabeza, para que se les repita lo que ya saben y corroboren sus opiniones. Tienen trascendencia las personalidades televisivas, sobre todo. Quienes nos dedicamos a esta humilde labor de intentar convertir en arte historias y lenguaje, como tú o como yo, aunque tú con más ciencia, poco podemos hacer en ese ambiente de decadencia cultural. Mi ambición, eso sí, es ser leído. Me importan un ardite la fama o el dinero. Mi sueño es ver a una persona desconocida, en un autobús, en una plaza, leer alguno de mis libros. 

La Presidenta del Centro Artístico, Lliterario y Científico de Granada, junto al presentador, Fernando de Villena y un servidor

El título de la novela me parece muy acertado pues la trama de la misma la conforman tres personajes principales y un coro de secundarios, y tanto sobre unos como sobre los otros planea la tristeza o incluso la derrota. De este modo, podemos hablar de una novela desoladora, terrible, amarga. Y sólo algunos personajes femeninos de segunda fila como María o Assumpta se salvan de ese negro panorama. En toda la obra se deja sentir la angustia de una muerte que tuvo lugar en el pasado. Es una historia que se nos va desvelando poco a poco hasta alcanzar el unamuniano final.

Es un título musical. Ya conoces mi obsesión por relacionar ambas artes, la literatura y la música. Es curioso porque es una de mis pocas novelas donde en su contenido ninguna referencia musical hay, solo en el título y en los encabezamientos de los capítulos que titulo con los nombres que se adjudican a los tempos de los movimientos sinfónicos: adagio, andante, allegretto, etc. Es un trío no amoroso sino de personas que tienen una relación que es cualquier cosa menos de amor, y por otra parte aparecen una serie de personajes secundarios que componen una suerte de coro, de polifonía acompañante, más en el sentido de coro griego que expresa la doxa, el buen juicio, que en sentido musical, pero eso que lo juzgue el lector, que lo interprete él de una forma o de otra.

Pregunta: ¿Por qué ese pesimismo? ¿Y qué hay de Unamuno en la novela?

Soy pesimista social. Me gustan los individuos, las personas y creo en ellas. Eso me une a Unamuno que fue y sigue siendo muy importante para mí, tanto en sus novelas como en sus artículos y su poesía. Unamuno no creía demasiado en las reformas sociales como solución a los problemas individuales, pero sí creía en individuos buenos que llegan a negarse a sí mismos en pro de los demás, como Manuel Bueno, el protagonista de San Manuel Bueno, mártir. Mi personaje, Óscar, tiene fe en las personas, y mucho más en los niños. Su padre, que tiene una aparición lateral y corta en la historia, el alemán Ludwig Gütig, toma una decisión que le cuesta la vida, se supone, y la toma precisamente porque no puede soportar ese maltrato a las personas. Esa bondad de Óscar choca en un mundo sin fe, sin bondad alguna. Pero en ella lo acompañan dos mujeres de ese coro acompañante: María y Assumpta, ambas mujeres galdosianas, mujeres que practican la compasión.

Fotografía de Ángel Gallego, inspirador de esta novela. Él es Óscar aunque las anécdotas vitales no coincidan del todo.

A Óscar lo dejo hablar, o mejor dicho sentir, porque pensar, lo que es pensar, el pobre no piensa demasiado, lo dejo hablar como recomendaba Unamuno, que decía que en la novela se debía dejar hablar a los personajes, “aun cuando no tuvieran nada que decir”. Óscar, con su sentir, detecta que el mal está en el nihilismo, no religioso, ni mucho menos, sino en el nihilismo total, en el egoísmo como religión y ese echar balones fuera de Cata, la personaje que forma la segunda pata de ese trío, ese achacar a otros las culpas de lo que ocurre es el mal que produce la muerte, aunque Óscar no la juzga, solo lo siente en su interior sin manifestarlo.

Antes hablaba de la ausencia de música en esta novela, pero hay en ella una música figurada, la de la naturaleza que tanto adora Óscar y la cacofonía del egoísmo enfermizo de Cata y de su ex marido, Rafael, la tercera pata del trío.

Miguel Arnas nos demuestra aquí una vez más que es un magnífico conocedor del alma humana y tal vez este “Concierto triste…” pueda por ello calificarse como novela psicológica protagonizada por perdedores.

Pero además de ese pesimismo unamuniano, la novela contiene otras claves que es necesario señalar. No falta aquí el humor socarrón al que nos tiene habituados el autor, aunque no en la medida de otras novelas suyas. Sin embargo, la obra ha crecido en ternura cuando analiza a algunos de los personajes y ello porque al menos el protagonista está inspirado en alguien de carne y hueso, un amigo de Miguel, ya desaparecido, lo que convierte la obra en un tributo de amistad.

Pregunta: Por experiencia propia puedo afirmar que Miguel es muy amigo de sus amigos. Pero, ¿podrías hablarnos del personaje real que te inspiró al Oscar de la narración?

Para mí la amistad es como el amor, pero sin sexo. Incluso a veces sin celos porque es más fácil eliminarlos en la amistad que en amor. Mi novela está inspirada en mi amigo Ángel Gallego, que falleció en mayo de 2016. No narra con fidelidad su historia porque me invento muchas anécdotas, pero se acerca. Sobre todo intento retratar al personaje, que era de una bondad apabullante. A él le debí mucho en mi vida y su aparición en la de Rafael y Cata refleja aproximadamente lo que ocurrió. Eso sí, ni yo soy Rafael ni Cata es mi ex esposa, ni el niño Ernesto es nuestro hijo Miguel. En absoluto. Cata es el producto de una educación regalada en exceso y del rechazo escolar por su físico, lo que hoy llamamos bulling pero sin violencia porque en todo caso la violencia la ejerce ella misma contra esas compañeras que la ridiculizan. Eso desencadena un carácter incapaz de comprender las necesidades de los demás y tan protector con su hijo, al tiempo que inepta para darle cariño y cuidados, que no lo deja vivir. Rafael padece un síndrome de Asperger. Es un caso de libro, no refleja a persona alguna que yo conozca. Dos seres así juntos son como el sodio y el agua: explotan, y las víctimas son el niño Ernesto y Óscar.

Presidenta, presentador y autor ya en la mesa.

Repito, este libro es un homenaje, un gran acto de amor y respeto por mi amigo Ángel, aunque no cuenta su vida, solo se aproxima. Sí es cierto un detalle que caracteriza a Óscar: la mezcla de español y catalán que habla. Ese era el extraño lenguaje de mi amigo Ángel a quien se le habían pegado palabras, sobre todo términos agrícolas, del catalán que él entendía perfectamente pero no hablaba bien.

En segundo lugar diré que el novelista es un excelente creador de atmósferas, aunque su mundo literario es casi siempre Barcelona, ciudad de la que ofrece una visión culta, tolerante y cosmopolita sin la reducida perspectiva del nacionalismo.

Y otras dos preguntas: ¿Quieres decir algo de aquella Barcelona en comparación con la de hoy? ¿Cuándo nos ofrecerás una novela ambientada en Granada?

Aquella Barcelona no tiene nada que ver y sí tiene que ver. Me llamó la atención cuando estuve la última vez en 2016 ver tanta gente vestida igual o parecido que en tiempos de la Transición, indumentarias progres de entonces. Uno es de donde hizo el bachillerato. Barcelona fue para mí muy importante, además es ciudad donde puede suceder cualquier cosa. En todas, pero en esa más. Granada ya es mi ciudad, y con todo me cuesta escribir sobre ella. Tal vez porque carezco de recuerdos históricos de sus calles. Tengo un proyecto de escribir una novela sobre la tertulia del Rinconcillo comparándola con la que disfrutamos durante años como tertulia del Pelín o del Salón, con personajes reales, quienes participamos en ella, y otros inventados. Ojalá sepa llevarlo a cabo.

De Barcelona recuerdo sobre todo, además de sus calles y los personajes y amigos a quienes conocí, las excursiones, la naturaleza que tan importante es para mí. Ese amor mío lo reflejo en Óscar, pero combinado con una pureza típica en él. Para Óscar, la naturaleza es lo genuino, lo importante, de ahí su obsesión por mostrarles a los niños de dónde viene la comida que consumen, la importancia de comer bien y conocer a quienes o a qué se sacrifica para poder alimentarnos.

Denotando cierta tristeza, que no es mi natural pero se concierta con la novela, me pillaron hablando de ella.

También quiero mencionar el valor del lenguaje de Miguel Arnas: un lenguaje sencillo, pero que recurre a menudo a lo poético, a las metáforas y sobre todo a los símiles.

En la novela encontramos ardides de gran conocedor del género, como cuando el autor se introduce en la propia narración, y, sin embargo, la obra, con ese narrador omnisciente que actúa como una cámara cinematográfica, debe mucho al objetivismo francés. Y también en el personaje principal encontramos mucho de voyeurismo. Pero, ya lo dije antes: varios personajes están tratados con amor y Miguel Arnas nos viene a decir: He aquí una vida insignificante, sí, pero ¿hay vidas insignificantes?

¿Qué respondes a eso? ¿Cualquier persona puede ser protagonista de una novela? 

 Cualquiera puede ser protagonista de una novela, por supuesto. La vida anodina de un Leopold Bloom en el Ulises, de James Joyce. El mismo Sancho Panza es casi anodino aunque puesto junto a su señor, don Quijote, tiene de anodino lo mismo que de comedido en sus pitanzas. La verdad es que después de mi personaje Enrique Fuster era conveniente pasar a una vida menos aventurera. Enrique me costó mucho porque yo no soy nada aventurero, soy más bien apocado. Pero para mí lo importante es el cómo, no solo el qué, aunque sé que eso no es popular. La gente necesita historias divertidas, en el sentido etimológico de la palabra, historias que viertan hacia otro lado de sus vidas que acostumbran a ser anodinas, ellas sí. Por eso te agradezco mucho que digas lo del lenguaje. Esa es la diferencia, creo yo, entre el periodismo de hoy y la literatura. El periodismo responde a algo inmediato y demasiado a menudo, y por desgracia, elaborado de cualquier manera. La literatura, y tú lo sabes, no puede hacer tal cosa.

Por otra parte, para mí es muy importante quién narra. El narrador omnisciente tan decimonónico, está pasado de moda. Sin contar con que, para mí, la omnisciencia es un tanto fanfarrona porque ella es atributo del Dios cristiano. Además, ¿de dónde sale?, ¿quién es omnisciente de todo lo que va a ocurrir? Es falsa, postiza. Es evidente que en la narración, el narrador es ese individuo que escribe, su autor, pero como todos estamos de acuerdo en que a veces parece que alguien te dicte, que no salga de ti, hay que inventarse algo que justifique esa vicariedad, digamos. De ahí que al final juegue con esa posibilidad de que sea la esposa del matrimonio francés quien narre la historia de Óscar, pues evidentemente no va a ser él quien lo haga.

Respecto al voyerismo de Óscar, ocurre que este disfruta mirando la felicidad de los demás, esa felicidad que él no tiene. Por eso mira por la ventana de la habitación de la pareja francesa, y no por un asunto sexual sino por fisgonear y deleitarse con esa felicidad de la vida cotidiana, felicidad que él apenas tiene pues le arrebataron lo que más quería, al niño Ernesto.

Hallamos también en las páginas de este “Concierto” una pincelada sobre el tema de los nazis y los judíos que ya amenaza con convertirse hoy día en un género literario y cinematográfico tal el de los indios y los cowboys. Y desde luego se critica la política catalana en su cerrazón.

Josep Pla

No faltan además algunas poéticas descripciones urbanas y, para terminar, yo afirmaría que en las impresiones de paisajes y personas Miguel Arnas es comparable a Josep Pla.

Y le dejo ya la palabra a nuestro escritor para que añada cuanto desee.

En el siglo XX sucedieron eventos históricos de gran importancia y fueron achacables a las ideologías: nazis, o sea nacionalistas, y al comunismo. Del segundo han hablado mucho los autores rusos y de Europa del este, así como chinos y cubanos. Menos, los del resto del mundo a pesar del espanto que representó y sigue representando. Max Aub criticó bastante el fenómeno del socialismo real, del comunismo burocrático y dictatorial. Respecto al nazismo, el horror fue tamaño que es lógico que se siga hablando de él. Exorcismo y advertencia para que no retorne. Aunque siempre retorna y retornará, y si no que se lo pregunten a los bosnios. De todas formas, es muy negativo crear arquetipos que abarquen a toda una nación o raza o religión, primero porque tal cosa es un prejuicio y segundo porque el literato que cae en ese error es un mal literato, un nefasto narrador. Ludwig Gütig, el padre de Óscar es un alemán como hubo tantos, bondadoso, como indica el apellido que adopta, y que se horroriza, no con lo de los judíos que apenas vive sino con la represión hacia la población francesa, que la hubo y terrible, no solo con las represalias a raíz de los atentados, donde un alemán valía por diez franceses cualesquiera, indiscriminados, sino también donde los resistentes, maquisards, detenidos, eran torturados salvajemente y hubo casos de ejecuciones sumarias con lanzallamas.

También de la Guerra Civil española se ha hablado mucho en literatura, y es curioso porque tanto repetir lo de la memoria histórica, y la literatura es memoria, diferente de la Historia con mayúscula, la que investigan los expertos y aparece escrita en los manuales, tanto hablar y de esa literatura pocos leen. ¿Quién lee hoy, por ejemplo, a Max Aub y su Laberinto mágico?, ¿quién a Juan Benet aunque se invente un territorio?, ¿quién a Gironella o a Foixá?

La política catalana es importante para mí por mi origen y mis querencias, por lo que decía antes respecto a Barcelona. Me preocupa y mucho. Compararme con Josep Pla es un

Portada de Bajo la encina

honor. Me han comparado con Gabriel Miró en la primera novela que publiqué, Bajo la encina, y eso me hizo temblar las canillas.

Debo indicar, como aviso a navegantes, que a pesar de la tristeza del cuento, tengo dos detalles de humor que hacen de contrapunto a tanta congoja: el cómo san Vicente Ferrer, allá a finales del siglo XV, le cambia el nombre al pueblo donde vive y trabaja Óscar y le pone Sant Iscle dels Fotuts, sabiendo que fotuts en catalán tiene el valor aquí de taimados, marrulleros o como se dice en Granada, “joíos”. Y la segunda anécdota es la carta que la tía Ernestina le envía al Gobern de la Generalitat ante la insistencia de que le catalanicen el nombre al hotel rural de su posesión y en el cual trabaja Óscar.

Por cierto, la tía Enriqueta es un personaje que me gusta especialmente: su mal carácter, su mandar al cuerno a quienes la incordian, su independencia que ya en las primeras décadas del siglo XX pone de manifiesto. Es una persona, a mi entender, ejemplar por esa autonomía respecto a la burguesía biempensante barcelonesa. Hace siglos, ese tipo de mujeres se hacían monjas porque allí estaban protegidas y las dejaban en paz y casi, casi, hacer lo que quisieran. En el siglo XX las tías Enriquetas, al menos si eran ricas, pudieron, no ya enfrentarse a una sociedad sino mandarla a hacer puñetas. Muchas gracias.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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