El oboe paraguayo

Ximo Osca, fatogista de la OCG, con su cara de valenciano buena gente

Ser traducido es, o debería ser una experiencia. Puesto que soy un mindundi, no hubo tiempo siquiera de que la traductora y yo nos pusiéramos en contacto. Además, aquí nadie cobraba, por supuesto, sino que la ilusión y la voluntad lo han hecho todo. Me propusieron escribir un poema o un cuento para la revista que debía salir como resumen de la 47 Conferencia Internacional del IDRS (International Double Reed Society, Sociedad Internacional de la Doble Lengüeta, o algo así) que agrupa a los intérpretes, fabricantes y compositores de instrumentos de doble lengüeta, es decir oboes y fagotes, que debía celebrarse este año en Granada. Desgraciadamente, ni siquiera pude asistir al último concierto que cerraba la Conferencia porque me lo impidió un lumbago (cosas de viejos). Pero antes de eso, el asunto me hizo ilusión. Fue mi amigo Alberto Granados quien me lo propuso y me contactó con Ximo Osca, fagotista de la Orquesta Ciudad de Granada y organizador del evento. Escribí un texto corto y se lo envié. Hubo problemas porque al parecer yo nombraba, sin intención, a una marca de oboes y eso podía molestar a los otros fabricantes. Con todo, parece que no se cambió gran cosa.

Un oboe en su estuche

Incluyo la traducción inglesa. Me ha hecho mucha ilusión ser traducido porque es la primera vez. Mi estreno. Mi desvirgue. Me temo que algún problema habrá con ella. Quizá hay una frase “and so on bacè to the Jesuit fathers who came here” que rechina o es un error de tipo Dios sabe. Ese bacè es más raro en inglés que el what en español. Pero es igual. Me gusta. Por eso la incluyo, por ilusión. Y lo comparto con vosotros, todos aquellos a quienes envío este blog. Gracias por leerme.

El oboe paraguayo

Será mejor que yo lo acompañe, dijo monsieur Klart, un francés de Lille que se comía la mitad de las letras. A Georges Gillet, nacido en Louviers, le agradó el acento y le agradeció el servicio: en países como aquel era mejor ir protegido por alguien de la Embajada en Buenos Aires. Además, Klart hablaba español. Encontraremos a ese hombre, no se preocupe, le aseguró. Y lo encontraron. Tardaron días desde la capital remontando el Paraná hasta la aldea de Obligado.

El taller era una mísera choza y su inquilino debía dormir en ella porque a un lado había un catre. De las paredes colgaban los más variados instrumentos musicales, todos de viento madera. El indio, pues lo era, no los oyó ni los vio, los sintió y se giró a mirarlos en el umbral.

Georges Gillet, oboísta francés

Klart empezó las presentaciones en su buen español. El paraguayo dijo buenos días, señor Gillet, y extendió su mano oscura y algo callosa al músico francés. Usted quiere un oboe que suene como las voces angélicas, continuó, usted quiere un instrumento que le permita hacer lo que se le antoje, quiere lo que decía San Juan de la Cruz: un pájaro solitario. ¿Cómo lo sabe?, preguntó el francés. Lo sé, de igual forma que sé fabricar estos instrumentos: mi padre me dejó la sabiduría, y a este el suyo y así hasta llegar a los padres jesuitas que aquí vinieron, lo sé, es todo, y conocida su fama también sabía que tarde o temprano vendría usted, por eso empecé a hacerlo con buena madera de jacarandá.

Hasta entonces nadie había llegado tan lejos en la técnica oboísta. Fue Gillet, mostrando el instrumento construido por el indio, quien enseñó a François Lorée cómo debían ser elaborados. Este, que había sido capataz de Triébert, montó su propia fábrica y el modelo mostrado por Gillet fue su fortuna.

Sin aquel oboe americano, Georges Gillet nunca habría podido componer sus 25 estudios. En la dedicatoria no constaron ni el paraguayo ni Klart: se habría descubierto el secreto.

 

The paraguayan oboe

I’d better accompany you, said Monsieur Klart, a Frenchman from Lille who missed half the letters when he spoke. Georges Gillet, born in Louviers, was delighted by the accent and thanked the offering: in countries such as that one it was better to move around protected by someone from the Buenos Aires Embassy. Moreover, Klart spoke Spanish. We’ll find that man, don’t you worry, he assured him. And they did. It took them days, travelling from the capital, up the Paraná to the hamlet of Obligado.

Primera página de los 25 Estudios de Georges Gillet

The workshop was a dismal hut, and is tenant must have slept in it because there was a cot on one side. Hanging from the walls was the greatest variety of musical instruments, all woodwind. The Indian, for so he was, did not hear or see them; he felt and turned to look at them from the threshold.

Klart started the introductions in his good Spanish. The Paraguayan said good morning. Mr. Gillet, and held his dark and somewhat calloused hand to the French musician. You want an oboe that sounds like angelic voices, he continued, you want an instrument that allows you to do whatever you feel like; you want what Saint John of the Cross said: a solitary bird. How do you know that? asked the Frenchman. I just know, as I know how to make these instruments: my father left me his wisdom, and his father to him, and so on bacè to the Jesuit fathers who came here. I know, that’s all; and knowing your reputation. I also knew that sooner or later you would come. That’s why I started making it with good rosewood.

No one till then had come that far in the oboe making technique. It was Gillet, showing him the instrument the Indian had made, who taught François Laurot how they should be

El Paraguay, tan olvidado a veces

manufactured. Laurot, who had been Trièbert’s foreman, set up his own factory, and the model shown by Gillet made his fortune.

Without that American oboe, Georges Gillet could have never composed his 25 fantasies. Neither the Paraguayan nor Klart appeared in the dedication. The secret would have been discovered.

Traductora: Margarita Carretero González

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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2 respuestas a El oboe paraguayo

  1. Josefina Martos Peregrin dijo:

    Enhorabuena, comprendo tu ilusión, como niño con globo recién traducido a otros color.

  2. Me gustó cuando hace unos meses me lo enviaste y ahora me gusta más aun. Me contó Ximo que os habíais conocido.
    Cualquier día nos vemos ante una cerveza. Un abrazo.

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