Ágape patafísico de invierno e investigación nanoparticular y parasitaria

Tiempo ha que no garlo de patafísica. Es un tema, lo sabéis, del que no se puede hablar sino solo murmurar, bisbisear, parlotear, garlar.

La mesa y los que comen sal o comensales

El pasado 23 de febrero (1 Pedal 145 E. P., Erección del Sobremacho, en lenguaje auténtico, jarryniano y patafísico), fecha aciaga y festiva a la vez, fue celebrado, porque no se celebra, sino que nos celebra él a nosotros, el Ágape Estacional de Invierno, correspondiente al decimoctavo evento de este tipo, del Institutum Pataphisicum Granatensis (¡oh, ya sé que sería Granatense, por ser singular el caso latino!, pero es el asunto obligar al latín a convertirse en latinajo). La consigna era presentarse con algún aditamento disfraceril, cosa que se cumplió más o menos porque no es cosa de hacer demasiado el ridículo.

Además de los consabidos repartos de documentación por parte del Optimate señor Rector Magnífico y Perezoso, el Sátrapa Trascendente Guillermo nos obsequió con la visión, que no apropiación, de otro objeto encontrado (o fabricado por él, que para el caso es lo mismo, no en vano es nuestro faux monnayeur particular) consistente en el cuaderno de bitácora (o blog, porque eso sí) de cierto coronel francés cuyo viaje por tierras exóticas y extrañas, valga la redundancia (y esto sí lo es porque lo hago a propósito, y no cuando se

El “hallador” del libro de bitácora es el señor calvo que lo blande en sus manos, Sátrapa Trascendente Guillermo

hace por error, que es una mera repetición) viene detallado en tal cuaderno, en francés de principios del XIX y con caligrafía digna de uno de aquellos monjes guillotinados en la Place de la Concorde por la chusma sansculottiana. Corrió de mano en mano, como buena falsa moneda, de los Sátrapas presentes (los ausentes que se fastidien), siendo admirado y adulado su hallador. Pasó a incrementar el MOI: Musée d’Objets Insolites, entre la verdadera huella del pie de Viernes, el recipiente con el fragmento licuado del iceberg que hundió al Titanic o la Máquina de Averiguar Si Quien la Pulse es Verdadero Patafísico o No y otras maravillas.

No hubo, por extraño que parezca en fecha tan señalada e hispánica, nuevas defenestraciones, por no haberse producido incorporación de Sátrapa alguno al Institutum desde la última del periodista Andrés Cárdenas, ni golpe de estado contra nuestro Optimate, y no se dio para llevar la contraria.

El interfecto junto al periodista y Sátrapa Andrés Cárdenas

Si se hubiera celebrado el 22 de febrero, quizá otro gallo hubiera gorgoriteado al oído de nuestro Rector Magnífico y Perezoso, Optimate Capitángeneral, Ángel Olgoso.

Cenamos más o menos opíparamente y se procedió a conceder el Autopremio Fenómenos Fenomenales a doña Celia Correa, premio que se da por riguroso orden de nacimiento, de más antiguo a más moderno hasta llegar a anteayer. Doña Celia leyó un texto donde se acusaba al Sátrapa Andrés Sopeña (primer autopremiado) de haber nacido en el

La Sátrapa Trascendente Celia, invencible Presidenta del Centro Artístico, Literario y Científico de Granada, lee su declaración de principios piratescos, con sombrero ad hoc, tras recibir el Autopremio Epifenómenos Fenomenales

pleistoceno, y a Miguel Arnas (segundo autopremiado y quien esto escribe) de ser parido durante la Guerra de los Cien Años, cuando ni los amoríos, ni los partos ni las guerras corrían prisa ninguna. Se la coronó con gorra de pirata y poemilla en plan romance que leí para deleite y aburrición de los presentes, y gloria de la interfecta.

Entre los documentos entregados por el Optimate consta el siguiente artículo de investigación patafísica escrito por mí. Debo reconocer antes de proceder a su inclusión, que es un plagio, al menos en parte de él. El plagio es del invento cachondo-festivo de mi amigo Pere Casanovas que allá por nuestros mozalbeteros años de aprendices en “can” FRAPE, fábrica de agujeros de regaderas, hizo para regodeo del hastío frente a los tableros de dibujo. A él es debido el descubrimiento, armado de telescopio, instrumento adecuado para ver lo más pequeño, de las ladillas de las ladillas, y a su vez de las ladillas de estas últimas. Tal cual. Hecho el reconocimiento, pues una investigación patafísica no sería tal si no hubiera plagio, copia o remedo, se procede al cuelgue o colocón de dicho artículo:

Patafísica subatómica y zoológica

El interfecto, Sátrapa Trascendente, Secretario del Departamento de Cábala Agnóstica, Miguel Arnas, junto a Josefina Martos, cuyos ojos son bellísimos, por lo que los oculta para no deslumbrar, y José Antonio López Nevot, que iba disfrazado de sí mismo

Un neutrón: Estructura de quarks. La foto ha sido tomada aprovechando un momento de despiste del neutrón, que curiosamente se hallaba en estado neutro

La palabra quark proviene, al parecer del Finnegans wake joyceano. Alguien quería hacer rimar algo con algo, asunto este que provoca infinitos inventos e ideogramas. El primer sonido en aparecer fue cuork, pero sabido es que el inglés es la única lengua en la que aquello que se lee nada tiene que ver con lo que está escrito. Así, por ejemplo, uno podría leer: “La señora condesa salió de su casa a las cinco en punto de la tarde”, cuando en verdad lo escrito en inglés reza: “No se sabe si el torero gastaba taleguilla doblada o no”. Vale, dejémonos de prolegómenos. El aludido interfecto indagador de rimas halló la palabra quark releyendo el Finnegans en un alarde de heroicidad, o mejor expresado, en una repugnante ostentación de masoquismo literario. Y “le voilà”, o como diría un castizo, ¡ya está!, quedó quark, que algo tiene que ver con las gaviotas aunque quedan dudas sobre si ese es el sonido denotando asco que emiten tras un vertido hidrocarbúrico. Resulta que los quarks son los tres elementos, como mínimo, que componen los neutrones y protones conformadores del núcleo atómico, núcleo que absorbe, por decirlo de alguna manera, el 99,999 % de la masa total del átomo (de lo que se deduce que los electrones, o no tienen masa o esta es apenas perceptible, por lo que uno puede preguntarse de qué diablos van a hacer el pan, lo que los emparenta con las gasolineras). A su vez, parece ser, aunque los científicos no se ponen de acuerdo, estos quarks son fermiones, lo que lleva a pensar: ¿qué clase de gente seria le pone dos nombres a una misma cosa?, a no ser que fermión y quark sean dos cosas diferentes, en cuyo caso, ¿a qué santo la conjunción disyuntiva o entre ambos conceptos dados en la definición? Dejémoslo. Estos fermiones, quarks o como quiera llamárseles (yo les pondría Anicetos) son de seis tipos o ¡sabores! Sí señor, sabores. ¿Quién los habrá catado para llegar a semejante conclusión? Pero sí, sabores, que son arriba, abajo (no quiero ni pensar qué sabor será el de abajo), extraño,

Tipos o sabores de los quarks. El que no sepa inglés, que vaya aprendiendo

encanto (¡oh, el encanto, oh, el encanto!, ¡bella, bella Melanto, tu canto es un encanto!)[i], verdad y belleza. De lo cual se deduce que la verdad es que esa extraña belleza tiene encanto por arriba y por abajo. ¿O si no, qué, eh, qué? Pues eso, sí señores. Los quarks. O fermiones. ¡Ah, el señor Fermi!, cuya mamma puede ofenderse si se olvida a su insigne hijo.

Vamos aclarándonos: los átomos tienen un núcleo compuesto por protones y neutrones, los cuales se componen a su vez de quarks que están unidos entre sí por las cuatro fuerzas fundamentales (nucleares, electromagnéticas, débiles o de decaimiento [si esas fuerzas están decaídas, imagínense como estaremos nosotros, que no tenemos ya fuerza], y gravitatorias). Si para colmo, como fundamentales, son fundamentalistas, que venga Dios y lo vea. Mas, alto ahí, quietos paraos todos, porque según la teoría de cuerdas, los quarks a su vez estarían compuestos de cuerdas que vibran como viejas cuerdas triperas de violonchelo. Vibración y todo vibración. Esa es la verdadera traducción de Hebel hebelim, y no vanidad de vanidades.

Ladilla vulgaris. También estaba despistada, harta de comer pelos. Convendría que el lector determinase dónde, con exactitud, tiene el bicho sus partes pudendas para poder detectar sus uterococos.

O sea, descendiendo: átomos, núcleo, quarks, cuerdas vibrantes. Esto recuerda (re-cuerda), y de hecho es absolutamente parangonable, a las investigaciones de un grupo de biólogos que descubrieron, con la ayuda de microscopios electrónicos (dichos artefactos no ven sino que prácticamente palpan, pues es un chorro subatómico el que tienta la superficie u objeto que se trata de “ver”; de modo que la tentación, aquí, no vive arriba sino debajo de dicho chorro) de altísima potencia y resolución cómo las ladillas, esos asquerosos bichitos parientes de los piojos que se agarran pertinazmente (como la sequía) a las pilosidades de las partes pudendas humanas (en ocasiones homínidas), tienen a su vez otras alimañas en sus partes: los uterococos. Quienes por otra parte, tienen parásitos en sus herramientas testiculares o finstros vaginales llamados chiribiquis. Mas ¿se iban a quedar los chiribiquis sin ser acosados por picores irreprimibles donde te dije?, ¡no!, pues ellos tienen los gasolinos. No queda ahí el asunto porque los gasolinos sufren la presencia de los pipirurcios, y estos los de los pipiolios, y dada la diminutez de los insectos que los achacan, a los padecidos por los pipiolios se les apoda utc. Resumiendo y disminuyendo: ladillas, uterococos, chiribiquis, gasolinos, pipirurcios, pipiolios, utc. Gran hallazgo de la diversidad animal o, ¿quién sabe con estas cosas?, acaso vegetal porque capullos los hay para todos los gustos…o sabores.

El doctor Gartius, derecha, junto al Sátrapa Guillermius. La barba le hace recordar al profesor Tornasol. Pero no os preocupéis, no es él.

Dificultosa ha sido la clasificación taxonómica de estos animálculos, pues sus características morfológicas engloban a algunos de ellos por su minusculez más en la categoría subatómica que en la zoológica. Con todo, inspirados en el gran Linneo, podemos asegurar que las especies y subespecies serían, en lenguaje vulgar: piojos, piojillos, piojines, piojillillos, piojinines y piojísimos, en tanto los nombres latinos de las especies serían pthirus, pthirus minimus, pthirusculus, pthirusellas, pthirusellullas. Un follón.

Para colmo, se supone que si las ladillas están afectadas de parásitos subsidiarios y descendentes (los uterococos, ladillas de las ladillas, los chiribiquis, ladillas de las ladillas de las ladillas, y así más), también pulgas, chinches y mariquitas, sobre todo estas últimas, padecerán idénticas disminuciones en la escala linajuda y tamañística de esos animálculos. Es por eso que restan importantísimos proyectos de investigación de los que ya se está encargando Herr Dr. Joseph Ludwig Gartius que además de buena vista, posee un sentido práctico en el palpamiento y tienta muy adecuado para el manejo del microscopio de barrido electrónico tan necesario en este proyecto de clasificación zoológica o vegetal y subatómica.

Puede extrañar el nombre con el que se conoce al último animalillo investigado en esta curiosísima estirpe: el utc (¡cuidado!, no etc. que sería, cuanto menos sospechoso), mas es evidente en cuanto se piensa que son las siglas de la Unión de Transportistas Ciclópeos, pues acomplejados por su tamaño tan mínimo se suscribieron a dicho sindicato en el que

Algunos Satrapillos acompañan al Rector Magnífico y Perezoso, Ángel Olgoso ¡qué pareado!, pues están a su lado. Son como niños. Lo que hay bajo la gorra izquierda es cierto Sátrapa llamado Ismael Ramos, músico de campanillas, y el encasquetado es el Sátrapa López Nevot, de quien nunca sabremos si fue disfrazado de jedai o de antidisturbios.

los grandullones no se morían de la risa a costa de ellos: es sabido que extremos y extremeños se tocan, y gigantes y enanos suelen llevarse bien ya que ambos son malmirados y marginados por la gente normal. Con todo, si bien esto queda por averiguar y Herr Dr. Gartius está en ello, podría ser que, según todos los indicios, estos utcs no carecen a su vez de parásitos púbicos, sino que son aquejados por algo semejante a unos gusanos anales que les causan un prurito incontenible y de muy mala educación. De ser así, quizá por la vía zoológica o vegetativa se habría llegado a contemplar esas presuntas cuerdas que forman la innovadora teoría subatómica y energética, pues la diferencia morfológica entre una soga y un gusanito no es sino cuestión dimensional si no entendemos gusanitos como esos inmundos comestibles que son el furor de niños y adolescentes entre pantallazo y pantallazo del móvil.

Reconforta comprobar cómo las estructuras atómicas se reproducen en las biológicas, siendo las moléculas formadas por infinidad de compuestos, a su vez estos conformados por otros elementos y estos, que no por elementales se van a quedar sin estructura, hechos por partículas o nimiedades. La naturaleza es sabia y los científicos más aún, que para eso están.

 

[i] Letra indignantemente hortera que pertenece al libreto de la ópera Il ritorno d’Ulisse in patria, de don Claudio Monteverdi, que también sabía componer zarzuelas.

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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4 respuestas a Ágape patafísico de invierno e investigación nanoparticular y parasitaria

  1. Están locos estos romanos (pero se lo pasan bien).

    AG

  2. Me he pasado un gran rato al leer y releer este artículo de la cena de los patafísicos. Tal y como está el patio, la risoterapia es la mejor medicina. Enhorabuena

  3. Y no ahora, Manuel, siempre la risa alarga la vida. Y si no la alarga, te alegra lo que quede.

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