Artículos en el periódico Ideal

Ya he comentado alguna vez que a través de la Academia de Buenas Letras de Granada, el diario Ideal publica los escritos por sus miembros una vez por semana, los jueves. Suelen ser artículos referentes, precisamente, a esas buenas letras. No sé si los míos poseen esas buenas letras o no, pero ahí van tres que publiqué últimamente, aunque uno de ellos, el dedicado a Juan Goytisolo, no se corresponde con esa publicación semanal sino que fue de circunstancias, coincidiendo con el fallecimiento de ese gran escritor español.

Bilingüismo y nostalgia

Empecé a hablar catalán a los quince años. Mi madre era murciana, emigrada a Barcelona en el 45. Mi padre, nacido en aquella ciudad, era bilingüe pero de ascendencia aragonesa, de modo que en casa hablábamos español. Esta es mi lengua materna y en ella escribo, pero de vez en vez, cuando hablo por teléfono con algún viejo camarada de allá, me gusta hacerlo en catalán.

Los Encantats, en el Pirineo leridano

Me solté a hablarlo con los amigos con quienes salíamos a la montaña. Es sabido que el deporte “nacional” catalán es el excursionismo, y muchos de aquellos compañeros de entonces eran de familias de clase media-baja catalana. Amigos queridos con quienes disfrutamos del deporte y el paisaje, de las ideas y aun de la literatura. Con algunos soñábamos un país más libre, más justo, más participativo. Y lo hacíamos en catalán. En los trenes, en los autobuses, en los bares. No recuerdo entre nosotros ningún caso de represión o censura contra esta lengua, que no era la imperial, y me refiero a los años posteriores al 64. Quizá habían pasado los tiempos duros de los 40 y los 50. Tal vez tuvimos la suerte de no encontrarnos con ningún energúmeno, que los había. Por supuesto, con los revisores o los guardias civiles que a veces nos cruzábamos en el monte, y en las taquillas de las estaciones trocábamos al español, pero entre nosotros lo cantábamos y lo gritábamos. Alternábamos el catalán y el castellano con la facilidad esperable en el caso de un perfecto bilingüismo, y todo eso sin algazaras ni ofensas.

Es evidente que el catalán no se aprendía en las escuelas, pero se hablaba en la calle y estaba vivo. La lengua se mestizaba con el español, nos reíamos de las posibles traducciones castellanas de dichos o refranes vernáculos, aprendíamos por nuestra cuenta la gramática y la aprendíamos hablando.

Llegó la “normalización”. España es un país en el que se hablan cuatro idiomas, uno de ellos es el constitucionalmente oficial y de uso común. Creo, y lo digo con el corazón, que en las escuelas de las autonomías sin lengua propia además del español sería conveniente dar nociones de las otras lenguas para que aprendiéramos de una vez el respeto que merecen, e incluso me arriesgaré a decir que comprendiéramos de veras su existencia.

TV3, televisión autonómica catalana

Pero en Cataluña existe desde hace años un fenómeno, que es menos lingüístico que político, consistente en la normalización de la lengua. Desde las televisiones, sobre todo, se insta al uso de un catalán reglamentario. Hablo ahora con algunos de aquellos amigos que siguen viviendo allí y parece que utilicen otro lenguaje, un idioma académico, sin descarríos, es cierto, sin vicios ni mestizajes, pero que a mí me parece falso en el sentido que puede serlo el de una persona que aprendiese una lengua en un aula y la utilizase con la rigidez de quien aspira a una corrección que ni siquiera poseen los nativos.

Consecuencias de una política de vencedores que duró cuarenta años, pero ya han pasado cuarenta de aquello y nos deberíamos haber curado del sarpullido.

Tal vez yo lo viva desde lejos y en realidad el vigor de la lengua de uso, tanto en la calle como en las redes sociales, sea el que había, pero como no escucho esa vitalidad siento nostalgia de ella. Acaso la nostalgia sea inherente a mi edad y la lejanía de aquellos amigos, de aquellas discusiones y cervezas, incluso de la lucha sindical en la que me sentí acompañado por algunos de ellos. Pero sí defiendo el bilingüismo cuando se tiene la suerte de tenerlo y defiendo la viveza de las lenguas callejeras.

 

Formas de hablar

Cartel de la película Bienvenidos al Norte. Divertidísima

Hace unos días vi una película francesa titulada Bienvenidos al norte. Tuvo un gran éxito en el país vecino. Tiene mucho de comedia bobalicona, pero la carga de humanidad es considerable. Un jefe de Correos de una oficina de la Provenza es enviado, como sanción, a Nord-Pas de Calais. Pasar del sol al frío, la lluvia constante, la humedad, la lejanía de la familia no es plato de gusto. Llega a su destino cargado de prejuicios y se encuentra con compañeros divertidos, hospitalarios, serviciales. Eso sí, al principio tiene un serio problema con la forma de hablar norteña: no comprende nada de lo que se le dice, lo que da lugar a situaciones muy cómicas.

Inevitablemente me hizo recordar mi propia llegada a estas tierras desde mi Barcelona natal. Al principio, Guadix, luego Santa Fe. Tales fueron mis destinos como profesor de secundaria. Tampoco yo, recién aterrizado, comprendía nada. Los conflictos lingüísticos son chuscos a veces, amargos otras. El primer curso hube de encargarme de un grupo de alumnos con problemas de poca o nula base. No había listas y me la tuve que hacer yo mismo. Tuve a un alumno inscrito como Pinosa hasta la primera evaluación. En realidad se llamaba Espinosa, pero lo que yo oía de su boca era Pinosa.

De muchas conversaciones no comprendía apenas la mitad. No era culpa de nadie, ni siquiera de mí mismo, sino de mi escasa familiarización con el acento de acá. Ya sabía que me encontraría con eso, y también con una riqueza de lenguaje, una corrección sintáctica, una imaginación en el habla y en las comparaciones que me iban a enseñar mucho. A eso vine, entre otras cosas. Al acento peculiar debía adaptarme. ¿Quién ha dicho, por ejemplo, que la s debe ser fricativa alveolar sorda y no aspirada, o incluso muda? El castellano es una forma de pronunciar el español, pero hay otras, y todas tan dignas como la que más. Tenía que aprender, eso era todo.

Portada de La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender

Ramón J. Sender en La tesis de Nancy cuenta cómo la tal Nancy creía que todos los sevillanos iban armados porque decían “mi arma”.

En una ocasión, hablando con un amigo muy querido, me preguntó por qué había yo emigrado a Andalucía. Le contesté: “para que me enseñéis a hablar”. Se molestó, claro. Y tuve que explicárselo. Admiro profundamente el habla de los andaluces. Con todos sus defectos o virtudes, depende cómo la tome uno.

Repito que mi devoción se decanta por esta riqueza y también por la imaginación y el ingenio. Otro amigo decía para referirse a alguien a quien conocimos y que era pelín amanerado: “tiene un ramalazo como el jopo’un mulo”. ¡Fantástico! No solo la chispa de comparar el tamaño de su amaneramiento con el rabo de una acémila, sino el uso de la palabra jopo, tan perdida, por desgracia, como tantas palabras que se están llevando el whatsapp y la modernidad. Y conste que con tal frase no hacía distinción o crítica de sus gustos sexuales, que cada uno haga lo que quiera, sino solo de su gestualidad.

Aquí se habla un lenguaje que a menudo raya con el barroquismo. Somos herederos de Quevedo y otros. Otra cosa es el complejo de inferioridad, impuesto desde fuera, por descontado, que se tiene con nuestra forma de hablar. El folclorismo tontorrón la calificó de “salerosa”. Demencial. El castellano se habla en Castilla. Porque, díganme ustedes, ¿qué hablan en Perú o Cuba?, ¿castellano? Nosotros igual: hablamos español, una lengua que es materna para seiscientos millones de personas, y que es tan rica que admite fonéticas varias, sintaxis a veces retorcidas y un léxico copiosísimo: diversidad al fin. Sacrifiquemos a los dioses para que no se pierda tal riqueza.

 

Obituario por un grande: Juan Goytisolo

Juan Goytisolo

No se puede decir que el fallecimiento de Juan Goytisolo Gay nos haya cogido por sorpresa, pues tenía ya una edad avanzada, pero el sentimiento de pérdida sí es el evidente aunque de estos grandísimos escritores nos queda su obra y siguen vivos entre nosotros, como siguen vivos Cervantes, Alas o Galdós.

Autor de una prolífica obra novelística, que rompió esquemas en la literatura española, apenas se le reconoció su labor por las autoridades gubernamentales, aunque al final parece que se percataron del error y le concedieron el Premio Cervantes en 2014. Sin embargo, no puede decirse que su producción se redujese a la novela. Ensayos, artículos periodísticos, crítica literaria, cuentos, incluso un guión televisivo para la serie Alquibla, fueron también sus actividades intelectuales.

Con todo, quizá la característica general de su inmensa obra es el carácter de rompedora. Los esquemas novelísticos españoles los dinamitó con Señas de identidad, y de hecho cuando se le nombra es casi exclusivamente por aquella novela que, aupada por la novelística norteamericana o europea, dejaba el viejo esquema de nudo, planteamiento y desenlace como algo perteneciente al pasado. Luego vinieron otras, y de no menos importancia: Reivindicación del conde don Julián y Juan sin Tierra. Estas tres narraciones segaron la hierba a los pies de las antiguas formas, dejando en delantera la libertad absoluta del narrador. Y todo fue para después dar el salto definitivo con un ramillete de obras que van desde Makbara, la gran Makbara, hasta El exiliado de aquí y de allá. Estas últimas novelas que publicó entre el año 80 y 2008, tienen rasgos comunes: por una parte y al principio, el mestizaje del español hablado y literario con el árabe o los dialectos magrebíes y, por otra, su admiración, profundos estudios, y utilización de la mística cristiana y sufí. Ese mestizaje y la continua agresión a la España oficialoide y cutre, que le hizo exiliarse más por rabia y desacuerdo que por motivos políticos, hicieron que fuese calificado por muchos como escritor maldito, malditismo que en algunos ámbitos le

Goytisolo con otro grande: el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante

hizo daño y forzó su ninguneo (palabra acuñada por él y que ahora todo el mundo utiliza; otra palabra que usó en sus escritos fue letraherido, traducción directa del catalán lletraferits, para referirse a aquellos que aman la literatura y están marcados por ella; solo esa “invención” de palabras que luego han pasado al uso común, habría merecido su ingreso en la Real Academia de la Lengua, pero las cosas no son como deberían ser sino solamente como son). El mismo malditismo fue su obstáculo con la progresía, gracias a sus críticas acervas al comunismo estalinista y al mal llamado centralismo democrático, diatribas que expuso tras sus galanteos con Cuba y la URSS.

También fue rompedor con la crítica, reivindicando y divulgando entre unos lectores que entonces estábamos en desacuerdo con la oficialidad heredera del nacionalcatolicismo, el origen judío, por ejemplo, de La Celestina y de la Lozana Andaluza, así como su erotismo negado desde púlpitos y ciertas cátedras, criticando con aspereza el lugar de furgón de cola (y ese fue el título de uno de sus primeros libros de ensayo que me marcó profundamente) cultural de nuestro país, o recordando al afrancesado y liberal Blanco White de quien se encargó de una edición de su obra. El papel de traidores a su patria española siempre le apasionó a partir de su exilio y de Señas de identidad, acaso porque creía que, cuando la patria elimina o amarga a sus mejores hijos, lo mínimo que se merece es la traición, y así se consideraba él mismo como un traidor. Traidor de boquilla, claro, pues no otra cosa que pez moribundo por la boca puede ser el escritor. Por ello tituló uno de sus libros de ensayos: Pájaro que ensucia su propio nido.

La serie televisiva Alquibla

La serie televisiva Alquibla fue un repaso, siguiendo su guión, a los países árabes y a sus costumbres. Además de francés e inglés, hablaba árabe, dariya, turco y alguno más. Al aprendizaje de tales lenguas de países musulmanes lo llevó su afición por todo lo que se refiriera a las zonas que él llamaba “sotádicas”, siguiendo la definición de esa palabra que daba el viajero Richard Burton, con la que se refería a zonas de permisividad homosexual (compárese con los ahorcamientos hoy en Iran u otros países) y de sus tendencias homosexuales descubiertas de forma tardía a raíz de la frecuentación de barrios parisinos como el Sentier, mayoritariamente habitados por magrebíes. En esas incursiones de ligue homosexual acompañaba a Roland Barthes (RB en la segunda parte de sus memorias, En los reinos de taifas). Otro factor que debió influir en su opción fue el trato con el novelista y autor dramático francés Jean Genet, otro que hizo de su traición una bandera. Pero él estaba casado con Monique Lange, lectora que fue de editorial Gallimard, y lugar donde la conoció. El respeto, comprensión y amistad con la que Monique aceptó su preferencia es de destacar y envidiar.

Portada de la última novela de Juan Goytisolo: Telón de boca

Anunció su abandono de la novela al publicar en 2003 Telón de boca (el mismo título es sugestivo), pero incumplió su amenaza y escribió una más ya nombrada.

Un hombre que fue toda una vanguardia. Impulsor de experimentalistas literarios como Julián Ríos, por ejemplo, y “mosca cojonera” dedicado siempre a recordarnos quiénes somos aunque queramos olvidarlo. Le escuché en una conferencia en la que disertaba sobre la inmigración que, al igual que los españoles de los años 60 éramos acusados de gritones, demasiado fecundos y apestosos en nuestra cocina, los magrebíes y turcos en Europa eran acusados de lo mismo; también en esa misma charla nos tildó de nuevos ricos, nuevos modernos y nuevos europeos. La lucidez no goza de predicamento.

Un gran hombre de la literatura se ha ido, un innovador, un ensayista nada académico, como también lo sigue siendo Rafael Sánchez Ferlosio, alguien que insufló oxígeno a la novela acartonada y decimonónica española, precisamente ese tipo de literatura que se compra en las grandes superficies y que las editoriales promocionan y que ahora renace por la obsesión carpetovetónica de no calentarse la cabeza. Un opositor a la “literatura de tumbona”. Descansa en paz, Juan, que tus novelas y ensayos están en el corazón de tus admiradores.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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2 respuestas a Artículos en el periódico Ideal

  1. bbroto dijo:

    Muy didáctico y emocionante.

  2. José Antonio Tamargo-Quirós dijo:

    Acabo de verlos , de leerlos y de amarlos. Muy buenos. A seguir con ganas.

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