Artículos míos aparecidos en el periódico Ideal

A los miembros de la Academia de las Buenas Letras de Granada nos pide colaboración el periódico Ideal de Granada en forma de artículos cortos que no deben superar las 600 palabras. Estas colaboraciones aparecen cada jueves. Estas son las dos últimas mías que el diario me  ha editado.

Una publicación necesaria

Compré un libro por internet. Hacía tiempo que lo buscaba. Se trata de Perfección y fracaso de la técnica (Die perfektion der technik), de Friedrich Georg Jünger, hermano del mucho más famoso Ernst Jünger. Solo se había publicado de él en España Los mitos griegos, un texto imprescindible por sus análisis sobre el titanismo. Su poesía no está traducida al español.

Portada de La perfección de la técnica, precisamente la edición que no tengo.

Portada de La perfección de la técnica, precisamente la edición que no tengo.

Bien, recibo el libro, abro el paquete y empiezo a hojearlo. Me percato de que la encuadernación es paupérrima: las páginas están grapadas (con 3 grapas metálicas mal distribuidas) y encoladas a la cubierta, rústica, por supuesto. Edición mexicana de 1999. Debemos aprender de nuestros hermanos latinoamericanos. Al menos ellos leen, me parece. Es curioso porque ya escrito este artículo veo en un escaparate de librería una edición española del texto: publicado este año 2016 por Página indómita.

Y no es que el libro sea moco de pavo. Su contenido, quiero decir. Escrito en los primeros años 30 del pasado siglo, fue destruido varias veces, reescrito y publicado al fin en Alemania en el año 46. Llegó a ser inspiración y base teórica del movimiento ecologista. No por planteamientos visionarios o ese buenismo que a veces desprestigia a algunos bienintencionados, sino con un estudio en profundidad del mundo técnico, masivo, industrial y productivo. Ni siquiera plantea enfrentamientos ni propuestas revolucionarias. Solo señala, explica con lucidez envidiable en qué consiste este mundo técnico en el que vivimos y aplica esos esclarecimientos a todos los ámbitos de la vida: lo fabril, el deporte, el ocio, la guerra, etc.

¿Cómo es que no se había publicado hasta ahora en España para ilustración de un movimiento tan fuerte como el ecologismo? Tal vez seamos más de inventar ideas o acciones que de elaborarlas partiendo de donde ya llegaron otros. Así nos luce el pelo.

Friedrich Georg Jünger

Friedrich Georg Jünger

Jünger muestra y demuestra, no solo el esquilmo de los recursos naturales inherente a la sociedad industrial, sino también cómo el maquinismo y su inevitable consecuencia, la organización técnica, en lugar de liberar al hombre del trabajo se lo agrava, haciéndole depender absolutamente de la máquina incluso en sus ocios, pues el reloj, máquina al fin y quizá la más esclavista, rige también nuestras actividades “libres” (o la dependencia del móvil, p. ej.). También nos señala cómo la alienación del trabajador no viene por su falta de propiedad de los medios de producción sino que procede sobre todo de la subordinación tiránica del hombre a la máquina y la productividad. La música preferida y oficial de la URSS es clarísima muestra de ello: mecánica, repetitiva, titánica pero no heroica, parece música de guerra, mas no de guerra de hombres sino de máquinas.

Cuando este libro se publicó la robótica no había llegado a su auge en los centros de producción. Sin embargo, la descripción de la sociedad sigue teniendo absoluta vigencia: no hay más que echar una ojeada dentro de esas oficinas donde cada empleado tiene ante sí una pantalla de ordenador o varias, y cómo durante un tiempo marcado, el laboral, toda la atención de este es exigida por la máquina (ingenio sin sentimientos, es preciso recordarlo). Incluso el técnico que controla robots de mecanizado o de montaje en una cadena está supeditado a ellos, pudiendo ocurrir que el más mínimo descuido provoque un parón en la producción por más tiempo del deseable. Y el parón productivo es la mayor catástrofe que le puede caer a una fábrica. A fin de cuentas, y Friedrich Georg Jünger ya lo insinúa, es tan importante en nuestra sociedad el consumo como la producción misma. ¿Hay consumo porque hay producción, o hay producción porque hay demanda como quieren hacernos creer?

Mijail Bulgákov, un grande de la narrativa

Si hubiéramos de confeccionar una de esas absurdas listas con “las 25 mejores novelas escritas en el siglo XX”, es seguro que El Maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov, estaría en ella. Claro que no fue ese el único libro que escribió.

Se hizo simpático al régimen soviético escribiendo una sátira teatral sobre Iván el Terrible, lo que machacaba el zarismo. Pero al mismo tiempo inició su carrera como narrador con más sátiras sobre la situación de aquel momento, y eso ya ofendió al Sistema. Tal vez una de sus primeras novelas blasfemas fue Los huevos fatídicos. No se rían ustedes, porque la cosa tuvo y tiene… perejiles.

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Portada de la hilarante novela Los huevos fatídicos

Pues bien, la novela, recientemente publicada y por tanto asequible en librerías, narra las desventuras de un científico, muy estilo universitario alemán, versión granaíno mala-follá, que descubre casualmente, como suele suceder en ciencia, el modo de potenciar mediante rayos luminoso-calóricos de incubación la madurez rapidísima de huevos de aves y reptiles. Y no solo la madurez, sino un tamaño del animal muy considerable. Por supuesto, el descubrimiento se mantiene en pruebas hasta que se evidencie su validez y control. Pero ahí entran los periodistas y, no faltaba más, los funcionarios del partido.

Si algo caracterizó a la industria soviética fue la alta voluntad de eficacia y productividad, aspiraciones que siempre se iban al garete por uno u otro motivo, normalmente por exceso de burocracia y/o dirigentes inútiles.

Da la casualidad de que en ese tiempo una especie de peste aviar acaba con casi toda la cabaña gallinácea de la República, con la consiguiente escasez de huevos, en el buen sentido de la frase. De modo que urge poner al día los ensayos del científico Pérsikov. Y eso sí, que rindan, que rindan mucho. Y si no rinden, la responsabilidad siberiable será de esa estirada rata de laboratorio.

Por supuesto, Pérsikov se pone a la tarea, pero la ciencia no quiere prisas. Las cosas salen cuando tienen que salir, no a capricho de un político. Porque el problema, y me repito, es que no hay huevos: no hay gallinas que los pongan para continuar con los experimentos. Se hace pedido al extranjero, naturalmente Alemania, que son más serios.

Mijail Bulgákov

Mijail Bulgákov

La cosa se complica porque un arribista, un aprovechado llamado Fatum, roba las incubadoras que generan los rayos milagrosos, para que salgan gallinitas como churros. El fulano quiere bienquistarse con las autoridades solucionando problemas irresolubles a la corta.

Mientras este pide huevos de gallina, Pérsikov, como buen experimentador, pide huevos de avestruz, serpientes varias, iguanas y otros bichos. La gran eficiencia burocrática hace que se permuten los huevos y que, mientras Pérsikov se queda con un palmo de narices, el ignorante de Fatum meta en las incubadoras los huevos recibidos, que producen anacondas de 30 metros, avestruces dinosáuricas, aguiluchos como bombarderos Mig. Y hablando de bombardear, eso es lo que se ve obligado a hacer el gobierno con la región de Smolensk, donde Fatum tiene su factoría, para acabar con tanto bicho monstruoso.

Da mucha risa, pero lo triste es que apenas 10 años más tarde, cuando la novela ya se había vendido como rosquillas y el mal fario había caído sobre Bulgákov, Lysenko, el falso biólogo que intentó cambiar los cultivos de cereales en toda Rusia, provocó una hambruna en la URSS que se llevó por delante a tantos rusos como se llevó luego la 2ª Guerra Mundial. Y por idéntico motivo que ocurre en la novela: una mezcla de ideologismo, ignorancia, fatuidad, protección de unas autoridades obsesionadas con la productividad y competir con el capitalismo occidental. Y luego dicen que Julio Verne hizo novelas anticipativas.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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2 respuestas a Artículos míos aparecidos en el periódico Ideal

  1. gart dijo:

    Yo creo que el consumo es una actividad creada e incentivada desde los mandos de la producción y se hace para incrementar dicha producción. Un célebre periodista me dijo una vez que el consumo era bueno “a más consumo más puestos de trabajo”, imagino que tenía en mente la dislocada idea de que las materias primas son eternas.

  2. Evidentemente que sí, José Luis. Pero hay que reconocer que han ganado la batalla sin apenas resistencia. Y atribuirlo nada más que a eso es como decir que la violencia de género tiene como causa lo provocativas que son algunas mujeres: si los hombres no fuéramos tan bestias, tan posesivos ni tan celosos, y por tanto tan inseguros, no se daría la violencia contra las mujeres. Buena parte de la culpa la tiene el hecho de que el consumidor (y todos los somos, tú y yo también), vive como marrano en charco en esa situación, y aceptamos como evidentes todas esas necesidades creadas.

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