Un Museo modélico, moderno y meritísimo.

Edificio en el que está ubicado el Museo en cuestión.

Edificio en el que está ubicado el Museo en cuestión.

Debo reconocer que este artículo no es patafísico o lo es de forma lateral y asentadiza. No cumple el sacro principio de hallar soluciones imaginarias por cuanto la solución está hallada y nada tiene de imaginaria. Responde a una realidad muy real y existente, con cargo al presupuesto municipal, de la Comunidad y estatal, que no estático. No es una excepción aunque en cierta forma sí, y eso es en lo único que mi descubrimiento puede expresar esas inquietudes científicas que a todos nos mueven… o menean.

Queridos colegas, cofrades, conmilitones. Declaro que descubierto lo descubierto, no hay en el mundo Museo comparable. Ni Prado, ni Louvre, ni Ermitage, ni British, ni MOMA. Una ciudad que posee semejante portento de la no-naturaleza, como es un museo y su contenido (incluso los de Ciencias Naturales no son naturales: su cabida, por el mero

Puerta del Museo. Repárese en el anuncio de su contenido

Puerta del Museo. Repárese en el anuncio de su contenido

hecho de estar en un Museo, ha dejado de ser natural), y siendo lo que este expone de tanto valor pata y potafísico (de potare, beber en latín y vomitar en carpetobetónica habla), merecería estar, no ya en todas las guías turísticas, sobre todo las secretas, sino de ser de obligada visita para párvulos y jubilados por el aquel de la simetría que la vida en su esencia padece.

Ciudad Rodrigo constaría así en los itinerarios de todos los cruceros del mundo, sobre todo habida cuenta que el río Águeda no es navegable sino para barquichuelas y qüinsmeris. Los tours pasarían así por Londres, Roma, Atenas y Pekín en un solo día… y veinte en Ciudad Rodrigo.

Porque el Museo del que hablo merece una muy larga estancia, una detallada visita y un estudio exhaustivo por ser tan didáctico que los Estados se ahorrarían en Universidades lo que no se ahorran en corruptelas.

Vitrinas con un contenido que es continente.

Vitrinas con un contenido que es continente.

Porque dilectos camaradas, compañeros, compañones y compañonas, compinches, comadres y compadres, se trata nada más ni nada menos que del Museo del Orinal. Como suena: Museo del Orinal. Y su fundador, un filántropo mirobrigense de pro llamado Peseto, al que se le calcula algún antecedente catalán de evidencia prístina porque no se le adjudica así como así semejante apodo a un no vernáculo de Girona (para facilitar imposibilidades hispanas, pronúnciese Chirona), su fundador, repito, merecería ser esculpido en bronce y colocado en céntrica plaza de todas las capitales mundiales para regocijo de palomas y pauta de futuros próceres, pues él lo fue más que Viriato, Lincoln, Jordi Pujol y Arias Navarro.

En vitrinas y estanterías, en repisas y anaqueles, los hay de porcelana, de arcilla, de oro y plata, de loza, de metal labrado. Los hay de cerámica de Muel, Manises, Talavera y Granada, incluso alguno de Purullena. Los hay decorados como las vajillas londinenses o cartujanas, con lo que algún malintencionado puede confundirlos con un plato hondo y

Orinales de sillita, para hacerlo cómodamente y dar trabajo a los demás

Orinales de sillita, para hacerlo cómodamente y dar trabajo a los demás

mandar comer sopas en ellos, los hay peninsulares, alemanes, franceses, chinos, árabes, los hay diminutos como dedales para casitas de muñecas y enormes donde cabe lo mucho y lo poco, los hay de silla para damas, caballeros e infantes, a medida y estándar, sencillos y de loza blanca como los platos de ciertos restaurantes lujosos o de polígono (nada como los restoranes de polígono industrial, poligonales o poligámicos, para facilitar tránsitos y agujerear colones), los hay adecuados para varones y otros para señoras o señoritas.

Orinales para damas viajeras. No hay como ser moderna

Orinales para damas viajeras. No hay como ser moderna

Hay dos apropiados para los cansinos trayectos en carruaje y son de diseño especial para damas, pues son estrechos y alargados, elípticos y dispuestos a ser alojados bajo basquiñas, sayas, faldas y guardainfantes. Tres hay de origen chino y solo utilizables para samuráis y chuenláis, es decir para varones pues las damas jamás atinarían en el agujero en forma de gollete de botella, aunque sea este, como es en todos ellos, de considerable tamaño: superan los siete centímetros de diámetro. Y esa es una de las virtudes sociológicas y etiológicas del Museo, pues nos muestra las contradicciones y costumbres de las diversas etnias y países. Los orientales, famosos por lo chuchurrinoso de sus príapos, se marcan el farol de exagerar en el diámetro del agujero por el cual introducir el miembro y desbeber, cuando quizá con tres o cuatro centímetros les habría bastado, pero quien no se hace publicidad de sí mismo no se come una rosca, ni de geisha ni de concubina, por mucho que se hable de la obligatoriedad del débito.

Orinal chino para aborígenes superdotados. Obsérvese que con la boquilla se obtiene la cuadratura del círculo

Orinal chino para aborígenes superdotados. Obsérvese que con la boquilla se obtiene la cuadratura del círculo

Los hay con asa y sin asa, con reborde y sin él, aunque estos son más raros pues se clavarían en el nalgatorio dejándolo marcado para siempre, sobre todo en caso de que el usuario sufriera cámaras.

Para colmo, ya que el local aprovechado para ese menester es colindante con la oficina de la Delegación de Trabajo y Empleo de la Junta de Castilla y León, y contemplada la abundancia de vacantes de calidad que existe hoy, no solo en esa Comunidad sino en toda la Nación, la coincidencia está quetecagas.

Y hablando de coincidencias, es asimismo notable que la puerta del Museo es frontera a la Catedral de Ciudad Rodrigo, de modo que no está de más recordar con ello a la humanidad tanto aquello famoso de que inter fesces et sanguem nascemus, como el famoso qui non cachinnat non cacat, como el sic transit gloria mundi, para acabar con caga el pobre, caga el rico, caga el rey y caga el papa, y de cagar, nadie se escapa.

El tío Peseto ataviado como merecía

El tío Peseto ataviado como merecía

Solo una cosa se echa a faltar en este encomiable e inolvidable Museo: la música ambiental. Pero no una música cualquiera sino aquella que componía el grito estentóreo antañón del ¡agua va!, que tanto se oía por las calles de las ciudades decentes, favoreciendo la venta y producción de paraguas, levitas y chubasqueros, así como la de sombreros de ala anchísima o mexicana. Sin olvidar que, si hoy estamos tan calvos es por la ausencia de aquel fenómeno tan ciudadano y grato al oído, al olfato, la vista, al tacto y si se me apura, hasta al gusto porque algo siempre rezumaba.

Anuncios

Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
Esta entrada fue publicada en Patafísica. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s