Estampas de vejecia, poemario de Fernando de Villena

Portada de Estampas de Vejecia, de Fernando de Villena, en editorial Carena

Portada de Estampas de Vejecia, de Fernando de Villena, en editorial Carena

¿Para qué os voy a engañar?, yo no soy crítico de poesía. Apenas entiendo de novela, y sin embargo me arriesgo a hacer algo, de modo que no sé cómo tengo la osadía de escribir sobre un poemario. Me anima la amistad y el reconocimiento del gran valor de este libro. Amistad que me honra y formará parte de esa media sonrisa que a uno se le queda después de pasado al otro barrio y que indica a las claras aquello de ¡que me quiten lo poco que he bailado! Me decide a hacerlo y lo haré desde mi propio punto de vista, tan subjetivo, tan ignorante, ensayando nada más a escribir unas líneas que se acerquen en lo poético de mi prosa a la poesía del autor, pues no sabiendo apenas de métrica ni de retórica ni de rima, solo puedo ponerme a la tarea subjetivamente, pues no soy un objeto, como diría Unamuno.

Pero hablar bien de los libros de los amigos no tiene mérito, a no ser que uno justifique lo que se dice ¡y con claridad y conocimiento! Ese es el problema, el conocimiento. También, por supuesto, la claridad. Lo intentaré, y lo haré menos por amistad, que también, que por admiración a un poeta que se ha superado a sí mismo, y eso ya era difícil después de una larguísima trayectoria y poemarios extensos como su serie Mediterráneo.

Fernando de Villena vive en provincias, en uno de esos lugares apartados de los centros de decisiones literarios, en un lugar donde los acontecimientos no se celebran en los suplementos literarios periodísticos ni en las tertulias televisivas, que por otra parte, ya apenas hay si no es en la 2, y esa no la ve nadie porque no tiene fútbol ni famosos ni cantantes. A pesar de vivir en este lateral de los eventos literarios, de las celebridades y de las ventas (porque ventas quieren decir lectores, no dinero; el 10 % que dejan los derechos de autor es rentable a partir de los 100000 ejemplares, y no los 500 que, como mucho, se venden en poesía), Fernando es nombrado en la Historia crítica de la literatura, de Francisco Rico. Lo que ya garantiza unas cuantas cosas.

Bien, entremos en faena. Noto en Estampas de vejecia una mejora enorme respecto a

Fernando de Villena

Fernando de Villena

anteriores poemarios de mi amigo Fernando, una madurez que se hace agridulce porque responde a una mayor edad del autor. Pero no todo el mundo responde a la edad con madurez. Las arrugas no siempre significan sabiduría. A veces, muy al contrario, implican mayor necedad. No es el caso, como digo. Los temas son los habituales en él: nuestro país, que le molesta como mosca cojonera sin que exactamente le duela, la injusticia social, la naturaleza y el mar, sobre todo, ese pueblo marinero y estival que es Almuñécar, su amor conyugal y paternal. Pero se añade un tema que ya venía apareciendo en libros anteriores y que da título al poemario: la vejez, que en el caso de Fernando solo apunta pues nos llevamos 7 años y en mi caso conservo alguna agilidad e inocencia (al menos por lo que esta implica de curiosidad; además de cierto gamberrismo adolescente, cosa que en ocasiones nos une pues ambos somos patafísicos), así deduzco que, aunque ya empieza a mirar las cosas desde esa perspectiva alta que dan las canas, aún es capaz de saltar a la comba si se terciase. Porque respecto a lo de encandilarse y entusiasmarse, demuestra a diario que sabe hacerlo.

La lectura de estos poemas produce un inmenso placer, sobre todo porque un profano como yo goza hasta el extremo con determinadas imágenes que pueden saborearse como un helado veraniego. Eso es lo que los profanos disfrutamos: imágenes, comparaciones, reflexiones. Señalaré unas cuantas de las que me han conmovido (y no hablo de lágrimas porque soy consciente de que los viejales somos tendentes a estas cosas y me niego a extender efectos que solo afligen a una parte de la población).

La villa de Almuñécar donde se siente tan a gusto

La villa de Almuñécar donde se siente tan a gusto

Uno se encuentra con la siguiente perla nada más completar la lectura del primer poema, y conste que pocas formas de hablar de la vejez, y luego de la muerte, se han visto tan eficaces desde Manrique: “que siempre pierde el río su pulso con el mar”. ¡Bravo! Y acaba este primer ejemplo con “así como a las piedras las va puliendo el mar”. La infinita paciencia del tiempo. Paciencia que no demuestra el tiempo tanta con nosotros, pues vivimos nada más que una vida, que se sepa, y para saber todo lo que desearíamos saber necesitaríamos por lo menos diez. Y aquí no hay Mefistófeles que valga porque desde este malhadado siglo XX recién fallecido, no hay diablo que se atreva a competir en maldad con la raza humana.

De la noche dice en el poema Nocturno: “es un alud que se detuvo en vuelo,/ nieve de dioses”, y lo afirma para demostrar cómo la noche es blanca en los campos. El amor de Fernando de Villena por la naturaleza es extenso, quizá porque ama la vida.

En el soneto Recaída habla de la muerte tal vez cercana y dice, refiriéndose a su amada, que ya no sentirá “ese cuerpo de abriles y de yodo”, y remata el poema con el siguiente terceto: “Pero quieres sentir y aún te afanas/ por la dicha del aire que respiras/ por las sombras que ves, aunque son vanas”. Lo que dije antes: ama la vida tanto que hasta la acepta como es; no sin lucha, no sin oposición, pero acepta el dolor y hasta la ausencia.

Su Mediterráneo azul

Su Mediterráneo azul

En el poema Tristeza invita a los amigos a seguir celebrando, aun cuando él ya no esté: “Y mojaré mis labios invisibles/ en todas vuestras copas”. Si ha lugar y los demás no nos retiramos antes, lo haremos y te presentiremos.

Fernando de Villena es capaz de versificar tanto con métrica y en las formas clásicas (hace sonetos de una perfección grande) como en verso libre. Pero me da la sensación que se siente más espontáneo en estas formas sin forma, digamos, es decir en el verso libre y en el blanco. A lo mejor es, simplemente, que a mí me gusta o me dice más. Ya dije que soy subjetivo porque no soy objeto.

Las alusiones mitológicas son abundantes pero prudentes. Quiero decir que no agobia con un exceso de culturalismo sino que este entra como algo perfectamente natural y que responde, con sencillez, al sentimiento de lo que desea expresar poéticamente. “E ignoro si veré el sereno lago”, dice en el poema Ante la esfinge, aludiendo, claro, a la laguna Estigia, donde el barquero Caronte pasa las almas de los muertos desde este mundo al otro tras haber bebido del río Leteo, río del olvido.

Por supuesto, no intento con este picotear entre los versos de Estampas de vejecia resumir ni exponer de forma total en qué consiste el libro. NI mucho menos. El poemario es TODO el poemario, no un florilegio de citas. Si les ha tentado lo poco que les cuento, lean el libro, no se conformen con cuatro menciones que dan idea, solo idea, de la riqueza de estos poemas.

Libro para releer, para paladear, para inspirar. Reflexión en forma de poesías donde se transparenta el alma del amigo Fernando de Villena, un alma clara como las aguas de los arroyos de montaña o como ese mar que tanto ama.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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2 respuestas a Estampas de vejecia, poemario de Fernando de Villena

  1. Para ser ajeno a la poesía te desenvuelves muy bien reseñando la de nuestro común amigo. La aceptación de la decrepitud, de la vejez (de ahí el título) y de la muerte tienen en el poemario algo de pesimismo barroco, pero también de exultación de la vida, del gusto por la belleza de un paisaje, de la amistad, del simple y purísimo placer de estar vivo. Y junto al pesimismo barroco, el carpe diem, el goce del instante. En esta antítesis reside el mérito de este poemario que enciende una vela a la muerte y otra al gusto de estar vivo.
    Yo, como tú, no sé reseñar poesía. Tú lo has hecho muy bien.
    Un abrazo.

    AG

  2. gart dijo:

    Mientes de entrada. No sólo sabes de lo que hablas sino que, por demaś, se te considera uno de los mayores especialistas en la poesía de Cheslaw Milosz (lo siento, carezco de teclado polaco) y gran conocedor de la obra de Paul Celan. Mientes porque eres un gran novelista, y secreto traductor de literatura francesa. Mientes aaahh, y por ese motivo eres tan buen escritor. Has gozado de los versos de Fernando, y lo sabes contagiar. Enhorabuena a los dos.

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