Agria polémica sobre derechos de los patafísicos

Señor Rector, distinguidos Sátrapas y Sátrapos, admiradísimos consocios. Sé que con esta propuesta voy a levantar ampollas mentales a los aquí reunidos y otros colegas impresentes, es decir ausentes. Pero, ¡es mi deber exponer mis opiniones y reivindicar la justicia de ellas! Conozco sobradamente la inexistencia de reglamentos de régimen interno, leyes marco y otros inventos jurisdiccionales en el seno de este Institutum Pataphisicum, a pesar de lo cual sé, con la misma certeza que me posee sobre si ahora mismo reside entre nosotros el fantasmón de Alfred Jarry, que lo que proponga y mantenga será denigrado por los insignes colegas, todos ellos Sátrapas Trascendentes, excepto el ínclito Rector Magnífico que no es menos trascendente, y hasta inmanente y necesario y tampoco es menos satrapilla, y lo que es peor, ¡será impugnado, rebatido, execrado!, y aún infinitamente peor, calificado de ilegal habida cuenta que no hay ley. Me la suda.

índiceYendo al asunto, por no decir al grano, menudencia lingüística de la cual podría colegirse que quiero quedarme con la pasta, pasta que procede sin lugar a dudas del grano, yendo al asunto, digo, reivindico y me empecino en el derecho de los sátrapas, trascendentes o no, de atracar bancos.

Hágase el silencio.

Sí, dilectos colegas, ¡atracar bancos! Y conste, y lo digo desde el principio para no llamarnos a engaño ni a regaño, que ese aspecto es absolutamente innegociable. No voy a requerir votaciones ni referéndums porque estoy convencido de la absoluta justicia de mi propuesta, además de estar más convencido aún de la actitud cuasi borreguil de cuantos me apoyen, que votarían que sí tres veces si preciso fuera, que lo será, con tal de lograr lo que se vaticina como un gran futuro para quienes así sentimos, de manera que es forzoso, preciso, lacrimoso e insumiso, convocar un referéndum, sí, justo un referéndum, aunque para no herir susceptibilidades, siempre dispuestas a saltar a la yugular del interfecto que difiere, le llamaremos consulta o encuesta satrapil, que no es lo mismo.

Asipropio exijo que no se judicialice el asunto, sino que se negocie. ¡Imprescindible, ineludible e imperdible la negociación! Porque, y quiero justificar, justipreciar, argumentar y orinar, mi propuesta innegociable no sería digna de ir a parar a manos del Constitucional ni a las del Supremo sino, como mucho, a la Rota, que es quien de veras entiende de estas cosas, y eso es como decir que no comprende nada.

sucursales-191113¡Negociación, negociación y negociación! Exigimos la retirada de seguratas de esas entidades bancarias, aunque estaríamos dispuestos a aceptar un individuo de tal calaña en cada oficina, siempre y cuando fuera enano y sólo armado de escupitajos, lapos y gargajos, porque no somos asquerosos ni raciosos, o sea… raciales… perdón, racistas, si es que ser enano es una raza y no una bendición.

Reclamamos que no sea necesario gritar esa horterada de ¡esto es un atraco!, sino que personados en la covachuela y por contraseña, o simplemente por nuestro aspecto zarrapastroso, nos sean transferidos fondos a nuestras cuentas en Andorra (que está cerca, gracias a Pujol, a Dios y a usted) excepto la calderilla y los billetes de 5 y 10 que pasarían directamente a nuestras faltriqueras, que siempre son más grandes que los bolsillos. Y todo eso sin aspavientos, en el mero y plácido desarrollo de la normalidad.

orient-tandem-pacerPretendemos tener las salidas expeditas para volver a nuestros domicilios dando un paseo o, como mucho, en bicicleta (y estoy seguro de que esto último le agradará a más de uno de los aquí presentes, sin contar con el fantasmón de Jarry), porque toda esas parafernalias de coches de policía, persecuciones, tiros y demás pamemas, son extremadamente contaminantes y nosotros somos partidarios del presidente Obama que ha conseguido que su país y China se añadan a presupuestos ecologistas (se ha prohibido a chinos y norteamericanos tener poluciones nocturnas).

¡Negociación, negociación y negociación!, ¡y lo repetiremos hasta la saciedad! Eso sí, no pensamos retroceder ni un ápice en nuestros presupuestos, absolutamente justos, equitativos y saludables, válgame Dios. De modo que, negociar, lo que se dice negociar, que negocie el otro, ¡hala!

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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