Presentación de Nos en Granada

Ya comenté, tanto a quienes envío este blog como en facebook, que el pasado 18 de diciembre se presentó mi novela recién publicada por Nazarí, Nos, y se hizo en el local del Centro Artístico, Literario y Científico de Granada, que desde hace unos años es también mi casa. La presentación corrió a cargo de Juan Peregrina, amigo joven, excelente poeta y, como se verá, muy buen crítico. Cuando finalizó la presentación abracé a Juan porque me pareció una de las mejores presentaciones que se ha hecho de algún libro mío, y no por las alabanzas, que siempre son de compromiso, piense lo que piense el presentador, porque su misión es convencer al público de que lo compre y lo lea. Lástima que no tenga fotos del evento. Sé que algunos presentes las hicieron pero no he conseguido ninguna. Es igual, lo importante es el texto y ahí va:

Juan Peregrina Martin hace algunos años (pocos). Aquí no llevaba perilla.

Juan Peregrina Martin hace algunos años (pocos). Aquí no llevaba perilla.

No sé si será por las conversaciones sobre Pynchon que hemos tenido, pero cada vez me recuerda más el autor catalán al escritor norteamericano: ya sé que Arnas dirá que soy un exagerado y que me falta información pero revelo unos cuantos datos que creo pueden salvarme del jardín comparativo en el que me he metido: Pynchon realiza una radiografía, más o menos extensa, de diferentes épocas de Estados Unidos, utilizando lo que ha venido en llamarse posmodernismo maximalista, como dice Wikipedia, o lo que yo denomino literatura preocupada por el lenguaje y de esta manera, obsesionada con todo: con contar una buena historia, de una manera literaria y lingüísticamente impecable. Si en el posmodernismo existe mezcolanza entre cultura de masas y la alta cultura, Arnas también ejecuta una especie de concierto entralazando música, historia, lenguaje, referencias literarias de la exigencia más elevada y jerga, lengua española, lengua catalana y diálogos que cada vez me fascinan más, por lo naturales que parecen: con lo difícil que es conseguir un buen diálogo que no sea hueco de forma y contenido. Y además, a lo largo de su narrativa recorre las etapas de la historia de España e incluso de Europa.

Decía que Pynchon. Pero hablamos de Arnas que como contaba en los años 50 Calvino, sabe que el lenguaje literario es otra cosa además de copiar la lengua de la realidad: el italiano afirmaba que el escritor ha de aspirar a una lengua mejor que la de la realidad, y a esto aspira y lo consigue el autor a quien acompañamos hoy.

En realidad, me siento un privilegiado por hablar de esta novela donde coexiste todo y también dudo del amor que Miguel Arnas siente hacia mi persona: somos amigos y quizá poner a un amigo en esta situación, delante de este libro que es una novela hermosa, enorme y delicada, más que demostrar confianza en uno, es odiarlo a muerte: ¿tanto me odia, maestro, para dejar que yo presente este prodigio narrativo?, me preguntaba releyéndome Nos y también: ¿qué le habré hecho yo al Arnas para que me deje presentar algo que como Bajo el volcán de Lowry contiene el mundo, explica la vida, utiliza un portentoso lenguaje al servicio de unas bellísimas descripciones de Barcelona y unos personajes inolvidables, y además exhibe esa frescura que envidiamos los que pretendemos escribir algún cuento decente?

Portada de Nos

Portada de Nos

Entrando en materia y sin elogiar demasiado al autor que sabemos que no es el objetivo de este acto, como él mismo dice en alguna parte de su blog, la novela se llama Nos, transcurre en Barcelona y es coral: un grupo de profesores a finales de los años 70, tras la muerte de Franco, dan cuenta de una época importante en sus vidas, de los cambios inmediatos que sufrió y sufrirá el país, así como nos rinden cuentas sobre la educación, la historia, la política y la literatura.

Desde el título, la novela es una declaración de intenciones: nos encontramos la historia contada por varias voces, si bien algunos protagonistas participan más que otros –Julio, Juanjo y el memorable Simeón-, el autor ha hecho un esfuerzo por integrar a la ciudad de Barcelona como un protagonista más, concediéndole importancia a los lugares gracias a las magníficas descripciones que realiza: ya lo hacía en La insigne chimenea y en Ashaverus, lo que sitúa al lector perfectamente en la escena que se está desarrollando. Es decir, tenemos personajes como alumnos, profesores, mandamases del gobierno, personajes anónimos e individuos que no serían nada, si Arnas no les concediera voz mediante recursos narrativos como la presentación de los mismos por medio de los diálogos, el uso de las jergas de cada uno o el espacio que le concede al catalán que recurrentemente utilizado en ocasiones muy puntuales resaltan la verosimilitud del conjunto.

Lo alucinante de la novela, si me permiten la expresión, es que es inagotable: tomando notas para esta presentación, se me antojaba la novela con esos protagonistas tan jóvenes –y a la vez envejecidos por su situación, por lo que habían pasado- como una novela de aprendizaje porque a su manera, cada personaje aprende, dialoga consigo mismo, crece y desarrolla unas capacidades que no tenía al principio. Esto, al principio: cuanto más me introducía en la historia, iba descubriendo que podía pasar por una novela histórica sobre la historia reciente de España, con sus “escuelas en lucha” y sus autoridades grises, que contrastaban con las ilusiones claras de esos maestros que se apasionaban con su trabajo educativo y proponían una gran diferencia respecto al anterior régimen: una libertad en clase que haría del alumnado personas, individuos formados, críticos y sin otra alternativa que la de crecer siendo conscientes de todo: la vida, la muerte, y la responsabilidad de ser cada vez mejores personas, mejores alumnos en esta gran lección que es la realidad y la aventura vital, llena de sorpresas, sinsabores y algún que otro momento de plenitud total.

Así que ya, la novela era una historia sobre la educación. E incluye detalles de erudición sobre pedagogía, ciencia, literatura, física… Esto es demasiado, pensé: ¿cómo puede un escritor introducir todas estas materias sin que decaiga el interés? Así iba devorando página tras página pensando en la maravilla que es la cultura que exhibe el narrador de Nos. porque esa es otra: ¿quién narra? ¿a quién se lo narra? De pronto el narrador se convierte en autor, intercambia os puntos de vista, la primera persona del plural se interrumpe y nos habla a nosotros, a mí, desde un tú que no incomoda, porque el autor ya ha conseguido captar nuestra atención, nos es familiar, nos ha introducido en la historia y en ese mágico momento somos capaces de percibir que la magia verbal que Arnas ha ido pacientemente distribuyendo ha logrado su objetivo: formamos parte del libro, ya ese Nos, nos incluye, somos hermanos de los protagonistas, caminamos por Barcelona, sufrimos en Barcircelona, nos embriagamos en Bacocelona o copulamos como algunos de los personajes en Barvenuscelona, porque la ciudad es nuestra y como tal, se transformará al estilo de los mitos para darnos la libertad que necesitamos en cada momento…

Y, pensaba yo, todo esto con la palabra, con el uso del lenguaje… qué envidia más mala

Contraportada de Nos

Contraportada de Nos

estoy sintiendo Arnas, encendía un cigarro, me levantaba con el manuscrito, seguía leyendo y descubría un pasaje nuevo que me introducía en la novela erótica… ¡también esto lo domina! –mascullaba yo- y ya leía una de las escenas más elegantes y de un preciosismo moderno, de sexo salvaje, que lo hay en la novela, con ese sutil manejo de metáforas, insinuaciones y veladuras de las que el autor hace gala.

Encontraba que la novela me ganaba, me vencía, me complacía: no echaba de menos nada, la metaliteratura estaba presente, las justificaciones de unos personajes contrastaban con la firmeza de otros, la balanza contenía los pesos exactos, las medidas justas, pero las ganas, la ilusión y el despertar eran imparables: este libro envenena; crea necesidades de leer más, de escribir, de investigar sobre la época, sobre la ciudad, sobre la transición y sus errores y aciertos, sobre el profesorado que intentó vivir en una época dura donde pretendía la libertad imponerse al ritmo de la realidad mientras una parte de la sociedad solo pensaba en ganar dinero, ser intrascendente y estar a la moda: prácticamente como hoy día, pensaba yo, qué actual, qué inteligencia hablarnos de nuestra época mediante una historia que transcurrió ficticiamente hace cuarenta años… y ahí me interrumpí. ¿Ficticiamente? me pregunté.

El difícil arte de la ficción. Qué es recordar sino practicar la ficción personal parece preguntarse el autor por medio del narrador y sus personajes. Qué es la memoria sino el primer mecanismo de esa máquina que hace que la versión cambie, sea per-versión y modelemos algo más piadosamente aquel desastre laboral, amoroso o vital que sufrimos hace algún tiempo.

Y esto, queridos amigos y amigas es Literatura: dotar a la memoria de una lengua otra que sea capaz de transportarnos mediante la imaginación y la belleza de un discurso lingüístico tan poderoso que solo podemos continuar leyendo, dejándonos arrastrar por las poderosas aguas del puro goce estético que nos envuelven y nos ahogan curiosamente ofreciéndonos más oxígeno que la realidad misma, dándonos vida, otorgándonos conocimientos que no teníamos y todo esto, todo, en un párrafo, en unas páginas, en un capítulo.

Los flashbacks, los flashforwards, las diferentes maneras de tratar el tiempo de la historia –de manera continua, contar primero lo que pasó, contar lo que pasará antes…- no tienen misterios para Arnas: hace con nosotros como lectores lo que desea, guiándonos de manera sutil por un entramado de relaciones personales complejas que gracias a las charlas tan aparentemente normales que los personajes mantienen, las descripciones ya mencionadas y algunas reflexiones exquisitas sobre lo que es la vida y la muerte, van conformando una historia que disfrutarán jóvenes, medianos y mayores, porque es una historia para todos los públicos que quieran hallar un estado de salud mental óptimo y abierto a lo único que compartimos todos los seres humanos: las ansias de libertad.

Juan Peregrina haciéndole muecas a una máscara

Juan Peregrina haciéndole muecas a una máscara

Pienso que esta es mi lectura y relectura, filtradas por un acto público como es la presentación de la novela Nos, de Miguel Arnas, publicada por la Editorial Nazarí. Pienso también, porque ya digo, con novelas como esta, hasta reflexiono -que es pensar con consecuencias-, que otras interpretaciones son y han de ser posibles, porque ya digo que la novela es una novela total: habla de todo, por lo tanto, otros lectores se fijarán en otros detalles, a otras lectoras les gustará más el uso del lenguaje y es que esa es otra. Arnas utiliza el lenguaje al servicio de contar historias y se permite usar palabras que copulan entre sí dando lugar a neologismos como la gristapo, cachondebria, o el mestizje de cabizbundo y meditabajo, adjetivos como charneguil o postprandial, la germanía y las jergas ya nombradas y escribe penderecas, nínfulas, maturranga o nombra tabernas y bares y antros y tabucos, y cómo no, los adverbios serán Francamente, Ariasmente y Suárezmente porque la novela es también apta para la política ¿no? Aparece un cuatreañero y qué vamos a hacer en época navideña sino villanciquear y contemplar a las pavirreálicas que a su vez observan aterradas cómo unos munipas le dan una somanta de palos a un julai que fue a pillar tate y en una escena frankmillérica por grifao y barbiespeso acaba en comisaría. O una chica a la que le gustan los feos será adjetivada como hefestófila.

Ya digo: la lengua en todo su esplendor: estilo alto, medio, bajo y todo para el disfrute del lector.

Si ya nombramos la mitología griega y romana en los nombres de Barcelona, la mitología celta también aparecerá: los guerreros y héroes como trasuntos de los personajes que obtendrán la ganancia intelectual de pervivir en la imaginación, enfrentados con la cruel realidad.

El barcelonés café de la Ópera

El barcelonés café de la Ópera

Durante toda la novela hay un par de elementos muy interesantes que Arnas va desarrollando poco a poco: las hormigas, seres diminutos y las marionetas, manejadas por hilos, y los niños que siempre seguirán lo que los adultos ordenan. Tres símbolos que el autor organiza en torno a la narración de unos seres que a veces se sienten así, gregarios, muñecos e infantiles. Símbolos que el autor manifiesta paralelos con la función del escritor. El escritor –como decía Calvino al que citaba antes- ha de ser el responsable del cambio de la sociedad, mediante sus escritos ha de ser capaz de comunicar a los lectores que el mundo no está bien organizado, que hay que luchar y ser mejores personas, aunque el ideal parezca absurdo. Y ya tenemos una novela social, amigos, entre las manos: Arnas se compone de ilusión, memoria y creatividad. Lo tiene todo porque además el oficio lo maneja a la perfección.

Sin Kafka o Pessoa o Melville y su Bartleby, pensaba yo, no se entiende el capítulo del claustro y así entramos en el apartado de homenajes: Cervantes, Cortázar, Lewis Carroll, León Felipe, Miguel Hernández, Valente… Por dar unas pinceladas y no destripar el libro, sin duda, ese gran homenaje que es el capítulo VIII al Ulises de Joyce es mi favorito: aquí aparecen descripciones, peleas, las referencias a Irlanda, la crítica social, el cachondeo y la ironía de Arnas, el esperpento, los romances, las canciones, fiestas catalanas, proposiciones a orgías, el teatro japonés, crítica a las Instituciones, autocrítica o una alucinante escena de un Cristo a lo Frank Miller… un caos perfectamente escrito y con una voluntad de lenguaje y un esmero literario que es otra perla más, de la envidia que me corroe por dentro tras su lectura. Por supuesto, aparece Perec de manera más o menos velada. Están Foucault, Piranesi, Alfred Döblin.

La música, tan importante en la música y la obra de Miguel Arnas, será el único lenguaje universal, que no necesite de palabras, que cada vez están más gastadas por el uso, el abuso y su consecuencia: el silencio. El silencio, que puede ser aprovechado en música para crear un espacio nuevo, es sustituido por los monólogos interiores, que ayudados por melodías de Haendel, Mahler o Beethoven construirán mundos personales mucho más sólidos y adecuados para la supervivencia mental y física que los que impone la realidad.

Habría mucho que decir de Simeón pero no voy a decir que es el gran personaje de la novela porque otros opinarán que es Julio del que tampoco diré que es el más tierno de todos. Tampoco quiero ser reiterativo con la metanarrativa ni quiero contarles que cuando el autor dice “tú”, yo sé que me está hablando a mí, y me hace responsable del trabajo intelectual, de la paciencia y el rearme que necesita su novela, porque es una gran novela y como tal, la leeré y releeré, pero por gusto, no porque nadie me lo imponga sino porque ella misma es capaz de despertar, mantener y procrear un nuevo interés que me llevará a otras obras del autor o a las que a él inspiraron.

Plaza de San Felipe Neri de Barcelona

Plaza de San Felipe Neri de Barcelona

De todo lo apuntado que tengo en mis notas, quizá sería una pregunta la que me hago como algún personaje de la novela: “¿quiénes somos nosotros?” y también pienso aunque no lo exprese tan bien como un personaje de Nos que “somos un batiburrillo de simultaneidades enmarañadas”.

De todo lo apuntado no puedo olvidar el humor tan fresco, la ironía tan bien llevada, la alegría de vivir y saber que transmite Arnas en su novela, como el misterio, lo recóndito, lo insinuado que hace aumentar el valor literario de este libro y que se desperdiga por sus hojas buscándonos con el afán de que no lo resolvamos y nos quedemos con ganas de más, que es lo que va a sucederles cuando ustedes terminen de leer Nos.

Enhorabuena a Miguel Arnas por este gran libro y gracias por permitirme reflexionar en voz alta delante de todos ustedes sobre lo último que ha publicado: ya tengo ganas de leer lo siguiente.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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4 respuestas a Presentación de Nos en Granada

  1. joan codina dijo:

    Molt bona la presentacio, aquest es un gran amic teu friso ja per que hem portin els del FNAC la teva ovela per poguer-la llegir

    Fins sempre et saluda en Joan, Manases, oi, efraim?

  2. Marina dijo:

    Lamenté mucho no poder asistir a la presentación. Leer este estupendo texto de Juan Peregrina me hace sentir que he estado allí de alguna forma. Quiero leer tu libro. Me gustaría que me lo llevaras a la próxima reunión estacional. Varias personas me han dicho que es tu mejor obra. ¡Enhorabuena!. Un abrazo, Miguel.

  3. Marina, muchas gracias. Nos veremos en esa reunión estacional. Ya te llevaré un libro. Un beso

  4. Llevabas mucha razón, Miguel. Juan Peregria te hizo una enorme presentación.
    Un abrazo,

    AG

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