Niño enfermo de difteria

La noticia la conoce todo el mundo: un niño se ha contagiado de difteria a causa de la negativa de los padres a vacunarlo. El niño está en estado crítico. La queja viene ahora cuando los padres alegan haber sido engañados por los colectivos antivacunas, cuando la queja debería dirigirse a ellos mismos por haberse dejado engañar siendo, como son, de clase media-alta y con estudios superiores o medios. Lo malo es que eso ya no tiene arreglo.

Campaña antivacunación. La cara de pánico del bebé es verídica, pero es debida a que, de súbito, se percató de a qué mundo de imbéciles había ido a parar

Campaña antivacunación. La cara de pánico del bebé es verídica, pero es debida a que, de súbito, se percató de a qué mundo de imbéciles había ido a parar

El problema procede de la obsesión o paranoia social en torno a los contubernios o conspiraciones de los poderes, sean estos públicos o privados, es decir empresariales. ¿Niego que existan esas conspiraciones? En absoluto. Sólo digo que las más que se inventan, descubren y divulgan son falsas. En general (no en particular) no tenemos ni la más remota idea de las conspiraciones o manejos sociales existentes de veras. Por tanto, cuando oímos hablar de una, lo más probable es que nos estemos preocupando por algo inexistente. Un ejemplo: se dice (y es cierto) que enormes ordenadores procesan información procedente de correos electrónicos y redes sociales. La cuestión es que ningún medio cibernético es capaz, aún, de seleccionar y diferenciar entre toda esa información lo que es importante o peligroso. Sólo se puede hacer un muestreo, una búsqueda basada en el azar como lo que hacen los agentes de aduanas cuando hay mucho tráfico (o sin azar cuando hay un chivatazo). Parece ser cierto un intento de sustituir el consumo de cannabis y drogas alucinógenas como el LSD (drogas dañinas, en verdad, pero también es dañino para el oído el ruido excesivo en bares y discotecas y nadie intenta solucionar el tema con prohibiciones; y no aseguro que sea perjudicial, evidentemente, para el vecino, sino para el propio usuario de esos locales), allá por aquellos conflictivos años de finales de la sexta década del siglo pasado, tiempos de hippies y luchas pacifistas contra la guerra del Vietnam, por el consumo de heroína y cocaína, mucho más agresivas. Sólo que de eso nos hemos dado cuenta ahora, no entonces; ignorancia o yerro que le costó la vida a un montón de gente.
Tan mala es la inopia de cualquier recurso político o social para manejarnos, como el empecinamiento en una paranoia que puede hacernos daño. Y el quid de la cuestión estriba en el sentido crítico, sentido que está en oposición a la necesidad de pertenencia.

Monja Teresa Forcades, una de las antivacunas feroces

Monja Teresa Forcades, una de las antivacunas feroces

La complacencia que puede producir la adscripción a un grupo, sea de oposición social o de apoyo a unos u otros, debe ser compensada por el análisis personal (aun a riesgo de que el individuo se equivoque). Naturalmente, esto es demasiado difícil e incómodo. El superhombre nietzscheano va por ahí también (aparte de otras cosas), igual que el individuo crítico de Unamuno. No lo haremos, claro. Es preferible sentirse arropado por otros luchadores contra cualquier conspiración, aunque se exponga uno al error, que sentirse solo ante cualquier injusticia… o justicia, como ha sido este caso.
Otro aspecto de la cuestión es la facilona división mental que hacemos entre buenos y malos. Ya lo he dicho en otras ocasiones, sí, como en las películas del oeste. Tenemos una gran cantidad de ideas preconcebidas, aquellas de las que tanto se rió Flaubert en su Dictionnaire des idées reçues. Estas pueden proceder de los medios de comunicación o de nuestra propia educación sentimental, y la última funciona a la perfección como esos traumas infantiles que suelen tratar (y a menudo no curar) los psicólogos, solo que estos se consideran perjudiciales y las ideas preconcebidas no. Son la Ideología. ¡Qué bonito! Por poner un ejemplo clarificador, diré que durante muchos años, los malos fueron los estadounidenses. No nos dimos cuenta de que en sus acciones, tanto particulares como estatales, los norteamericanos hacían muchas cosas malas, cierto, pero también algunas cosas buenas. Aún no nos hemos percatado de eso: a nuestro personal sentido crítico le pone trabas la ideología. Analicemos, o mejor dicho, que cada uno analice qué

Imagen del virus de la difteria

Imagen del virus de la difteria

instituciones, grupos o elementos sociales considera intrínsecamente malos y trate de curarse pensando fríamente qué tienen de bueno (aunque sea poco) o qué propuestas son sensatas (aunque sean tan raras como el lince ibérico). Es muy probable que esos llamados antivacunas tengan en la cabeza a un malo muy malo al que llaman “sistema de salud social”, o simplemente, y puestos a simplificar, “sistema”, sin querer ver que el sistema tendrá cosas malas y cosas no tanto, por supuesto, porque es mucho más cómodo para el fatigado cerebro pensar que todo es malo.
Aún recuerdo, en mi primera juventud asmática, a una chica que empezó a salir con nuestro grupo de montañeros y que era radicalmente vegetariana y antimedicamentos. Cada vez que me veía tomarme el Traestil o darme un chute de Ventolín para poder continuar la marcha me preguntaba ¿por qué te drogas? Hasta que un día, en una inspiración atrevida de las que yo entonces escaseaba, le contesté ¡qué bien habla el sano con el enfermo!
Lo malo de estas cosas, las del niño gravemente enfermo de difteria, digo, es que sus consecuencias nunca, o pocas veces, las pagan los cenutrios que las practican. En fin…

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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