Traducciones de Henri Michaux, Un tal Pluma I

Henri MIchaux

Henri MIchaux

Llevo tiempo traduciendo los textos de Henri Michaux, libros que compré en Francia desde 2009, y desde entonces estoy entusiasmado con ese autor. Ya en este blog hablé de él, por tanto no quiero extenderme más porque lo importante no es lo que yo diga sino lo que escribió él y que, mal que bien, he traducido con mis malas artes y mi pobre francés, y lo he traducido por afición, por gusto por esa lengua, por amor por la propia que se domeña bajo ese yugo de la traducción y por comprender mejor a ese autor. De adolescente y por afición, ya traduje poemas de Baudelaire, tal vez porque entonces Francia y el francés representaban para nosotros la civilización, la democracia, la cultura, y esos tres conceptos juntos van ligados a un cierto nivel de felicidad, de tranquilidad o estabilidad. No siempre, pero más que todo lo otro junto. De entre los libros de Michaux acabados de traducir hay uno que contiene unos textos magníficos, no más que los otros, de veras, pero que a mí me han subyugado especialmente. Se trata de Plume, Pluma, compuesto por relatos muy cortos y algún poema. De entre los relatos, los referidos a ese personaje, Pluma, que da nombre al tomo, son estupendos. 14 fragmentos de un surrealismo un tanto pasado de rosca, mezclado con una crueldad y mala saña que, de veras, creo nos merecemos los seres humanos. Los iré publicando en el blog de uno en uno mezclados con pinturas surrealistas que me gustan. Ahí va el primero:

UN HOMBRE APACIBLE

Max Ernst

Max Ernst

Sacando las manos fuera de la cama, Pluma se sorprendió al no encontrar la pared. «Vaya, pensó, las hormigas se la habrán comido…» y se volvió a dormir.
Poco después, su mujer lo trincó y lo sacudió: «¡Mira, dijo ella, holgazán! Mientras estabas ocupado durmiendo nos han robado nuestra casa». En efecto, un cielo intacto se extendía por todos lados. «Bueno, ya no tiene remedio», pensó él.
Poco después, se dejó oír un ruido. Era un tren que se les abalanzaba a toda velocidad. «Por el aspecto apresurado que lleva, pensó, llegará seguro antes que nosotros», y se volvió a dormir.
Enseguida, el frío lo despertó. Estaba empapado de sangre. Algunos trozos de su mujer yacían cerca de él. «La sangre, pensó, siempre trae muchos disgustos; si este tren no hubiera pasado yo sería muy feliz. Pero ya que ha pasado…» y se volvió a dormir.
-Veamos, dijo el juez, cómo explica que su mujer se haya herido hasta tal extremo que la hemos encontrado en ocho pedazos sin que usted, que estaba a su lado, haya podido hacer ni un solo gesto por impedirlo, y ni siquiera se percatase. Es un misterio. Todo el asunto está en eso.
-En ese aspecto, no puedo ayudarle, pensó Pluma, y volvió a dormirse.
-La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene algo que alegar?
-Perdone, dijo, no he estado atento al asunto. Y se volvió a dormir.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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