Crónica de una conferencia

William Blake. Los adivinos y los brujos

William Blake. Los adivinos y los brujos

No hace muchas semanas, un miércoles de los que nuestra amiga Celia Correa Góngora rellena en el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada con actividades del más diverso pelaje como corresponde a entidad de esa enjundia histórica y diversa, un señor profesor de la UGR nos deleitó con una conferencia titulada Ciencia y Cultura: Amores que matan. La verdad es que la cosa empezó muy bien, con opiniones, frases y disparates varios de algunos intelectuales de la rama de letras (filósofos, escritores, etc.) que metían la pata desaforadamente sobre lo que verdaderamente es ciencia, como asegurar que Einstein dijo que “todo es relativo”, o el cálculo de determinada señora feminista que llegaba a la conclusión de que el sexo de los varones tiene valor de raíz cuadrada de menos uno, es decir lo que se llama un número imaginario. A mí, de veras, me han insultado de muchas formas, pero lo que al parecer dijo tal señora, citada por el profesor conferenciante, fue de tal refinamiento que me sentí altamente deprimido, no por nada, sino porque que ese “miembro” de mi personalidad me ha dado tantos problemas, que llamarlo “número imaginario” me preocupó hasta un extremo. Claro que, bien pensado, igual resulta que lo que me ha dado problemas ha sido mi cerebro (también masculino y sexuado, I suppose), de modo que, por los pelos, me libro de que mis conflictos apenas superados con la edad y la estabilidad emocional sean puramente imaginarios o, lo que es peor, raíz cuadrada de menos uno.

Ya digo que hasta aquí todo fue bien. Luego nos enteramos que este señor conferenciante era de Granada Laica, organismo que se dedica, entre otros menesteres, a recordar que estamos en un Estado laico y que políticos y demás calaña deberían abstenerse de participar ostentosa y oficialmente en actos religiosos que tendrían que pertenecer a su intimidad y no a, como dijo el alcalde actual de Granada, y fue una de las cosas que denunció el señor conferenciante, al colocar la medalla de oro de no-sé-qué a la Virgen de las Angustias, si no recuerdo mal, hacerlo en nombre de “todos los granadinos”, porque desde luego, no contó conmigo, ni tampoco, I suppose too, con el señor conferenciante. Barbaridades como esa y otras deberían evitarse desde las instancias oficiales, pero ahí, en lo de ir delante en las procesiones de Semana Santa, han caído todos, excepto algunos políticos catalanes si acompaña a dichos actos procesionales la bandera española. Supongo que también algún que otro político honesto y coherente, que no ande detrás del voto meneando el rabo, habrá habido, pero son tan pocos como los leones vegetarianos, así que cuentan… pues eso, poco.

Pero claro, una cosa es pertenecer a Granada Laica y otra decirme a mí o a otro qué debemos hacer y cómo debemos pensar. Eso es confundir el culo con las témporas, y confío en que nadie me exija en la comparación decir qué parte corresponde al culo y cuál a las témporas. Porque el señor conferenciante finalmente cayó en la más feroz de las faltas de respeto cuando aseguró que no se puede ser físico o científico y creyente. Pues vaya.

Josep Albertí. Los hermanos Conet

Josep Albertí. Los hermanos Conet

Se me ocurrió entonces cierta historia que a mí me sucedió: fui al médico en una ocasión y le expliqué muy preocupado que había leído el Quijote y no me había servido para nada porque en él no se hablaba en absoluto sobre las operaciones de juanetes. Ni para bien ni para mal, nada. Claro, el galeno me miró fija y comprensivamente y contestó, es que verá usted, el Quijote no tiene nada que ver con las operaciones de juanetes. Fue entonces cuando caí en la cuenta. ¡Eso era! Cariacontecido, el facultativome confesó que él se había leído la Summa Teologica de Santo Tomás de Aquino y le había aburrido mucho porque no había nada que se pareciera a las aventuras reales o fantásticas que a él tanto le divierten. Fui yo entonces el que lo miré de forma pareja a como me había mirado él antes, y le dije, es que, querido amigo, la Summa Teologica no tiene nada que ver con las novelas de aventuras; si quiere una, le regalo mi Quijote que a mí no me sirve para nada. Lo malo es que me quedé jodido, jodido, porque él a su vez me regaló los tomos de la Summa en latín, y allí tampoco decía nada sobre las operaciones de juanetes.

Vuelvo a la conferencia, porque mi amigo, filósofo y poeta Juan Antonio Ruescas, ochentón de gran vitalidad e inteligencia, le dijo muy airado que eso era falso, porque un hombre de ciencia, aunque fuera de la ciencia filosófica (si es que la filosofía es ciencia, que según el conferenciante no lo es), de la categoría de Xavier Zubiri, era capaz de elaborar las más altas lucubraciones filosóficas (su libro Inteligencia y realidad es una muestra de que hubo otros filósofos en España además de Ortega y Gasset, y lo digo sin menospreciar a nadie) y ser, a todo esto, creyente. Algunos de los y las presentes se levantaron y se marcharon al escuchar lo que consideraron como despropósito del conferenciante, incluso Juan Antonio Ruescas se levantó, aunque luego nos esperó en el vestíbulo para ir al bar y tomarnos una cerveza y, lo que es mejor, unos buenos tragos de conversación.

Ese es el asunto. He leído algunos libros sobre física de nanopartículas, sobre cuántica y sobre cosmología, asuntos todos ellos que, como buen híbrido entre mi oficio y mis estudios tecnológicos y científicos y mis aficiones o amores literarios, me han apasionado. La teoría de supercuerdas la conozco, no entiendo una papa, y me hace sospechar que si nada es materia y todo es energía, pues andamos aviados aquellos que en cierto momento nos consideramos, porque estudiamos y tuvimos esa ideología, materialistas. Un follón, mire usted. En ninguno de esos libros he encontrado respuesta a la pregunta ¿existe Dios o no existe?, pero como tampoco encontré respuesta a si las operaciones de juanetes duelen o son eficaces, ni en el Quijote ni en la Summa Teologica, pues me consuelo pensando que, quizá es que todo eso no tiene nada que ver con lo otro.

William Blake. Los galgos del infierno persiguiendo a los destructores de sus propios bienes

William Blake. Los galgos del infierno persiguiendo a los destructores de sus propios bienes

Creo que se necesita tanta fe para decir existe Dios, como para asegurar que no existe. Por eso soy agnóstico, porque mi respuesta es “no sé”. Y esa respuesta me sirve también en muchos aspectos de la vida, porque fijaos, cuando uno piensa en los que han ganado millones de euros o dólares poniendo en peligro el futuro del planeta todo (incluso el de ellos mismos como seres vivos) o algunos que matan por Dios o por una idea, o porque mire usted, es que a mí no me gustan los tipos con bigote (¿qué diferencia hay entre eso y asegurar que no me gustan los judíos, o los bosnios musulmanes?), si me pregunto ¿por qué?, la respuesta no puede ser otra que “no sé”.

Pero asegurar y perorar que todo aquel que cree en Dios es un cenutrio y un irracional (bueno, esto último no es tan malo: a fin de cuentas, el humano es más atávico que racional), es, en mi modesta opinión, equivalente a asegurar y perorar que quien no cree en Dios es un cenutrio y un irracional. Es ponerse en las mismas. Es verdad que la Iglesia, es decir, esa comunidad, que como todas, tiene unos dirigentes que son los que mandan, y un montón de gente debajo que normalmente obedecen, ha quemado gente y ha provocado guerras por no perdonar, y mucho menos aún escuchar, a quienes sostenían posturas diferentes a la suya. Pero ya no lo hace, (porque no puede, claro, pero tampoco los comunistas hoy matan a nadie en España, y antaño lo hicieron, y masivamente en la Unión Soviética y también en nuestro país, que se lo digan a Andreu Nin, dirigente del POUM en 1937; y no por eso hay que cargar hoy las tintas sobre los comunistas españoles o rusos, muchos de ellos gente honesta donde las haya, ni tampoco se nos ocurre decir que no lo hacen porque no pueden) y os diré más, al contrario que en otras religiones o ideologías, hay creyentes, no en la jerarquía sino entre esos que están por debajo de ella, que hacen de su capa un sayo y dirimen por sí mismos qué creen y qué no creen, qué consideran pecado y qué no. Y en esto último consiste el “humano crítico” que quería Unamuno.

Algunos criticarán asegurando que eso es hipocresía y que para eso que no pertenezcan a la Iglesia, que no sean católicos. Vale. ¿Usted cree en la teoría de supercuerdas?, ¿la entiende?, ¿no?, ¡pues sálgase de la ciencia!, ¡si es que usted no la participa del todo, sálgase! ¿Usted cree que el calentamiento global acabará con la vida terrestre?, porque unos científicos aseguran que sí, y otros que no es para tanto, pero tanto unos como otros son científicos. La enorme ventaja de la ciencia es que acepta la duda y la discusión. Pero si desde la ciencia, sin duda ninguna y sin querer discusión, se afirma que creer en Dios es de majaderos y tarambanas, se está cayendo en algo completamente acientífico. Creo. Opino. En cierta ocasión dije, y lo coloqué en este blog en la anterior entrada, que quien no duda no es creyente sino imbécil. Pues bien, lo mismo digo del científico. A no ser que creamos de verdad en el progreso progresivo e indefectible de la ciencia que nos llevará a saber cada vez más y seguro, seguro, a ir eliminando las ignorancias y las dudas, sin creer al mismo tiempo que nuevos conocimientos generarán nuevas ignorancias y dudas. Si creemos eso, tal vez podamos poner un altarcito en nuestra casa adornado con un microscopio, una cámara de niebla y un bosón de Higgs grande como una manzana y rezarle cada noche un extracto bien amañado de La filosofía del tocador del Marqués de Sade.

William Blake. La prostituta y el gigante

William Blake. La prostituta y el gigante

Y de nuevo me meto en la conferencia. Tras la alusión de Juan Antonio Ruescas a Xavier Zubiri, por parte del conferenciante hubo una tímida defensa y, lo que es peor, me temo, un más que presumible silencio cerebral porque, apuesto, y no creo perder, que no sabía quién fue Xavier Zubiri. ¡Caramba, Juan Antonio, haber mentado a Unamuno, de quien es muy fácil asegurar que era un facha, o a Ortega que, dicen, cobraba del franquismo!, y todas esas cosas se aseguran de esos filósofos o polígrafos desde el más estricto cientifismo del “se dice” o el “vox populi”, sin haberlos leído, por supuesto.

En fin, no os preocupéis, que no acabó como el rosario de la Aurora, sino que luego nos fuimos todos al bar donde, curiosamente, y desmintiendo el hábito después de estos actos del Centro Artístico, se formaron dos grupos que en ningún momento se conectaron entre ellos. La dialéctica consiste, precisamente, en no discutir, no vaya a ser que el otro te convenza. (Continuará)…

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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9 respuestas a Crónica de una conferencia

  1. Esther dijo:

    Buenísimo el artículo, estoy totalmente de acuerdo contigo y tengo tal indignación por lo que relatas que tengo que contenerme y respirar hondo para no escribir de comentario una bordería. Así vamos en España, nos sale la ideología y la dictadura hasta por las orejas, diálogo, dialéctica, síntesis, el otro …?, sí, Dios Santo!, si de eso no tenemos ni idea! Es perverso perseguir y desear y creer que existe esa uniformidad de la verdad como algunos pretenden, y encima en nombre de la ciencia. Estos canónicos de las ideas son los típicos miedosos que les da pánico pensar que no todo lo pueden ni podrán tener bajo control, dictadores del pensamiento, critican a los creyentes por ignorantes y ellos lo son igualmente o más, en qué se diferencian estos conferenciantes de esos curas que se suben al púlpito y desde allí pretenden controlar la vida, los pensamientos y hasta los sentimientos de los demás? Los mismos perros pero con con diferentes collares. No, el problema no es la existencia o no existencia de Dios, el problema es la no existencia de tolerancia, cualidad muy contraria al pensamiento totalitario y mira por donde, absolutamente necesaria para que una sociedad sea verdaderamente plural y democrática.

    • En efecto, Esther, lo de la existencia o no de Dios, por suerte, ha pasado a ser un asunto puramente subjetivo. Pero la tolerancia, el respeto por los demás no es subjetivo, sino apremiante. Recuerdo a un camarada del sindicato clandestino a finales del año 74 a quien encontré en la plaza Lluchmajor de Barcelona, entonces aún en construcción. Ninguno de los dos sabíamos nada del otro, como manda el canon clandestino, ni siquiera el nombre. Se me ocurrió comentarle que había visto una película de Ingmar Bergman, a lo que contestó que el sueco hacía sus películas para que no las entendiese la clase obrera. ¡Y en aquel momento se creía saber que el marxismo era una ciencia! Seguimos igual.

  2. Esther dijo:

    Miguel, al final Feyerabend va a tener razón, y tanto el fundamentalismo religioso como el empirismo crítico por mucho que se empeñen ambos en creerse los grandes guardianes de la verdad, no son, al fin y al cabo, más que simples guardianes de la tradición. Yo creo que lo único que nos queda cierto en materias ético-religiosas, como tú bien apuntas, es el diálogo, la tolerancia y el respeto a los demás.

    • El problema, Esther, es, para mí, la curiosidad. Tanto uno como el otro tema me suscitan una gran curiosidad, y sólo la satisfago dialogando, tanto en lecturas como discutiendo con personas. ¿La verdad? Es posible que la sepamos tras la muerte, pero entonces será demasiado tarde.

  3. Ya te comenté que no es mi estilo entrar a un sitio levantando ronchas. Soy mucho más moderado, si me vas conociendo. Por otra parte, la ciencia pura está llena de conaminadas impurezas, así que yo tiendo a reservarme opiniones contundentes, dogmas y verdades absolutas, más que nada porque los pendulazos de la Historia y sus interpretaciones.
    Yo me reí mucho con los vídeos que puso y no me sentí ofendido en nada, pero entiendo que hubiera quien sí lo hiciera.
    Tal vez el conferenciante equiparó en cierta medida toda una tendencia dogmática que los católicos han venido siguiendo durante siglos. Hablar de tolerancia en asuntos religiosos me parece un contradicción, ya que toda religión se asienta en dogmas inamovibles y tendentes a machacar al individuo.
    Por otra parte no soy quien para decirle que se calle en alguien simplemente porque esté exponiendo ideas que no comparto.
    Lo dejaría en empate. Y me divertí, eso sí.

    Un abrazo,

    AG

    • Si contestas a un dogma con otro dogma, y eso es, me parece, lo que hizo el conferenciante, pues no sé, pero creo que la cagas. La religión, o más bien dicho, las religiones, no admiten tolerancias, es cierto, pero fíjate que ya, excepto el Islam, nadie mata a nadie por discrepancias. Desde el siglo XIX para adelante, la Iglesia católica ha tenido que tragar sapos y culebras porque no le quedó más remedio. Más a menudo de lo deseable reaccionó violentamente, y si no que nos lo digan a nosotros y el jodido Pla i Deniel (que por cierto era catalán, que no se nos olvide, no vayamos a creer que hay una raza de puros impolutos e incorruptibles que no… porque sí, como todo el mundo), el jodido Pla i Deniel, digo, levantó el brazo con el Franco. Pero también es cierto que al final, la Iglesia más popular, la más cercana, estaba hasta las narices del asunto (muchos estaban hasta las narices, y no sólo el pueblo y la izquierda) franquista y colaboraron con nosotros, los de la clandestinidad, cediéndonos locales para reuniones y dándonos coartadas muy a menudo. Todas las Iglesias son dogmáticas. Lo curioso es que muy frecuentemente, las bases se pasan los dogmas por el forro. Exactamente igual que en los partidos: los corruptos son los de arriba, las bases no son corruptas, o cuanto menos algunos de ellos ni lo son ni aspiran a serlo.

  4. Nicolás dijo:

    Empezaré diciendo que estoy plenamente de acuerdo con Alberto Granados.
    A partir de ahí, me quedo perplejo con tanto rasgarse las vestiduras porque el conferenciante expuso unas ideas que otras personas no comparten. Yo estaba allí y no vi que estuviese obligando a nadie, simplemente exponía su punto de vista (que es lo que hace cualquier conferenciante). La actitud intolerante más bien vino por las señoras que, airadamente, se levantaron para expresar su repulsa en voz alta antes de irse. El orador les ofreció dialogar y debatir, a lo que ellas se negaron y salieron. Tampoco fue una actitud muy ejemplar en materia de tolerancia y respeto la de un señor que, ya en el pasillo, decía a los que salíamos literalmente: “este tío es un nazi”, sin más explicación de qué es un nazi y por qué una persona que expuso una opinión contraria a la suya merecía tal apelativo. Naturalmente con ese talante no hice ademán siquiera de estar de acuerdo o en desacuerdo con él.
    Vamos a ver: si no compartes la opinión de un señor que dice que la religión no es compatible con el pensamiento científico, puedes preguntarle por qué y además exponerle tu opinión (no se nos olvide que nos movemos en el terreno de las opiniones, las creencias, unos y otros); o simplemente encogerte de hombros y seguir con tu vida. Pero no, hay que encontrar pábulo para montar en cólera escandalizándose y haciendo ostentación de una intolerancia que es precisamente la materia criticada.
    Repito: el conferenciante exponía una opinión, no obligaba a nadie a creerla y estaba ofreciendo diálogo que, por lo avanzado de la hora, tampoco hubiera podido ser muy extenso.
    Bueno, pues nada más. Espero no haber herido la susceptibilidad de nadie con la exposición de mi punto de vista.
    Un abrazo.

    • Desde luego, yo también estaba allí, Nicolás, y repito que el conferenciante empezó muy bien, pero al final yo no le oí “creo que el conocimiento científico es incompatible con la fe religiosa”, sino “el conocimiento científico es totalmente incompatible con la fe religiosa”, sin el creo, sin el opino. Eso es asegurar. Era muy tarde, en efecto, para discutir. Pero mi opinión es, precisamente, que estamos hablando de cosas distintas: es decir, que se puede ser barrendero y tener tu casa hecha una porquería o impoluta, sin que eso tenga nada que ver con tu oficio. La ciencia no lleva ni a creer en Dios ni a no creer, sencillamente porque no tiene nada que ver. Parece ser que el Papa Francisco ha animado a los científicos a seguir con sus investigaciones. Los científicos seguirán con sus investigaciones por su entusiasmo (palabra que hace referencia, precisamente a Zeus, padre de los dioses) y al dinero que consigan, los anime o no el Papa. ¿Por qué?, porque no tiene nada que ver una cosa con la otra, y lo que hizo el conferenciante, a mi entender, fue precisamente, no sólo relacionarlas, sino para colmo aseverar, repito, aseverar, que eran incompatibles. En fin, también esta es mi opinión. Me temo, a veces, que nos pasa como a los gitanos, que se equivocan (algunos) de enemigo, y arremten contra el profe o el médico. Arremetemos contra la Iglesia, confundiendo tirios con troyanos, es decir, jerarquía con base. A mi entender (no demasiado hábil tampoco) es un error. La Iglesia tiene poco poder, el Opus mucho, pero no es por su fe religiosa sino por el dinero de que dispone.

      • Nicolás dijo:

        Me parece que el “yo opino” o el “creo que” están implícitos siempre que alguien asevera algo, especialmente en una conferencia o lección magistral. Evidentemente nadie, al menos yo, va a oír a un conferenciante como si hablara “ex cathedra”, esto es, a pie juntillas (pie en singular).
        Aseguras categóricamente que “la Iglesia tiene poco poder”, me permito discrepar. Aparte del Opus la Iglesia jerárquica es inmensamente poderosa y maneja un nivel económico y financiero envidiable. Que le pregunten a Marzinkus y “compañeros mártires” si no, claro que aquel ya no puede responder. Por supuesto no estoy hablando de los curas de aldea o los capellanes,de hospital como mi amigo, que no sólo no ha tenido seguridad social (si se ponía enfermo, ya estaba en el hospital,le decían) sino que el arzobispado le ha pagado un sueldo de miseria. Estoy hablando de lo que conozco.
        Curiosamente, aseguras categóricamente, que temes que nos pase como a los gitanos, que parece que son los que se equivocan (algunos) de enemigo, o sea, se infiere que los demás gitanos no se equivocan, con tanto payo que se ha “equivocado” y si no, hemeroteca. Sé que no es así: no te creo racista pero por tus palabras podrías parecer políticamente incorrecto y, repito :no lo creo. Así que opino que debemos cortar menos pelos al aire.
        Un cordial saludo.

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