Presentación de El Viaje Infinito, poemario de Emilio Ballesteros

Invitación a la presentación

Invitación a la presentación

El pasado día 25 de febrero tuve el honor de presentar, junto a José Rienda, poeta y académico de las Buenas Letras de Granada, el poemario El viaje infinito de Emilio Ballesteros. La presentación se celebró en el Centro Artístico de Granada, asociación cultural, literaria y científica que está teniendo un gran empuje de actividades gracias, sobre todo, a la acción impagable de Celia Correa Góngora. Emilio le pidió a Rienda que hiciera una presentación más basada en lo propiamente poético, mientras que a mí me tocó algo más sencillo y propio de mis limitaciones, hablar de qué me dice el poemario, qué me susurra al oído o me grita al corazón. Os adjunto lo que leí, texto entre el cual se mezclan algunos poemas de Emilio para que los disfrutéis, evidentemente, más los poemas que mi presentación. Si queréis disfrutar aún más de esos poemas, que merecen la lectura, por supuesto, pues comprar el libro, joíos, que os gastáis menos que un lobo en toallas (excepto Andrés Sopeña, que me confesó haberse visto en la obligación de gastarse cuarenta y tantos machacantes en la adquisición de las novelas de Jacques Roubaud).

Presentación de El viaje infinito de Emilio Ballesteros

Sobre la cresta blanca de la sierra

el rosicler que el sol deja en la nieve

presta su tez carnosa a ese relieve

que es dientes en la noche que te aterra.

Y que esa luz baje a la tierra

y haga de lo pesado lo más leve

y haga de lo ligero agua que llueve,

¿quién puede no admirar toda esa guerra?

¿Por qué Tu Majestad, Señor, nos quema

si el fuego de Tu Amor es Luz y es Vida?

¿A dónde levantar la voz blasfema

que deja Tu Grandeza en la guarida

incierta de la duda y del teorema?

¡Señor, dale certeza a mi alma herida!

De izquierda a derecha, José Rienda, un servidor y el autor, Emilio Ballesteros

De izquierda a derecha, José Rienda, un servidor y el autor, Emilio Ballesteros

Muy buenas tardes, señoras y señores. Este poema es de los primeros de El viaje infinito, poemario de Emilio Ballesteros que me atrevo a presentar, a glosar para animarles a leerlo. Tal vez no sea representativo de todo el libro, ni por la forma ni por el contenido, porque el libro es variado, pero a mí me parece que toda el alma de Emilio está en él. Si hubiera escrito sólo este poema habría hecho ya sólo con él un estriptis emocional ante el lector.

José Gorostiza, el poeta mexicano, dijo: “La poesía ha sacado a la luz la inmensidad de los mundos que encierra nuestro mundo”. En conversación con Emilio, no hace mucho, me decía que la poesía debía servir para indagar en el misterio. Pienso exactamente igual que Emilio. A eso le llamo yo “asomarse al pozo”, mirar en lo hondo. Esa es una de las utilidades, quizá de las más importantes, de la poesía. Si es que la poesía debe tener “utilidad”, en el sentido que hoy se le da a esa palabra.

Pero asomarse al pozo, indagar en el misterio, los mundos que encierra el mundo, no implica obligatoriamente la poesía difícil, inasequible. Quizá si no entiendo esto o aquello bastará con que me lo expliquen una vez, pero acaso necesite que me lo expliquen 70 veces 7, hasta que al fin, me caiga del caballo o de la silla, que es de donde uno puede caerse hoy en día. El misterio, la incógnita, es transmisible de forma moderada. Si la mística fuese absoluta y totalmente inefable, intransferible, ni Juan de Yepes, ni Teresa Cepeda, ni rabí Simeón ben Yojai, ni Yalal ud Din Rumi habrían podido escribir lo que escribieron. Que es casi inefable, podemos darlo por cierto, pero también es verdad que mi corazón puede vibrar con los poemas o libros de todos ellos y acercarme a lo que ellos sentían. Algo así ocurre con Emilio, uno puede vibrar como una hoja en la brisa con sus poemas y acercarse a su espíritu y a la Espiritualidad, así, con mayúscula.

Portada de El Viaje Infinito, de Emilio Ballesteros

Portada de El Viaje Infinito, de Emilio Ballesteros

Porque aunque hoy esté tan desprestigiada, y la mayoría del personal tenga la Espiritualidad a la altura de su cuenta corriente, la Espiritualidad es algo inherente y necesario al humano y no tiene, forzosamente, nada que ver con la religión. La religión es una de las espiritualidades posibles. El arte es otra. La cuenta corriente, no.

Y ustedes dirán, bueno, un libro más sobre mística. Pues no. O al menos, no sólo eso. La mayoría de los poemas son un canto a la vida feroz, sonoro, estimulante. Y aquí viene ni pintiparado el poema que leí al principio. El poeta se asombra ante la belleza, se pregunta por su sentido y de inmediato le pide a Dios certezas. Si las pide, es porque no las tiene. Porque la fe sin la compañía de la duda, no es fe, es estupidez. Y en esa agonía, como apuntaba Unamuno, esa agonía en el sentido etimológico de la palabra, pues agon quiere decir lucha, combate, en esa agonía goza el alma de Emilio y con ella nosotros en sus poemas. Y de hecho, Emilio nombra la palabra combate un montón de veces en este poemario. Canto a la contradicción, al dolor y al placer, a la vida y a la muerte, seguro que porque carecen de sentido el uno sin el otro, complementarios que amasan y esculpen nuestra vida. Porque sabemos poco de la vida, pero no sabemos nada de la muerte, y es por eso que la consecuencia inmediata que el poeta acoge con ternura es: gocemos, pero que el goce no nos aparte nunca de los demás, y por tanto, que el goce no nos aparte nunca de Dios, porque en Emilio parece que la palabra sea una emanación directa de la Divinidad, de modo que acercarse a las palabras equivale a acercarse a Dios. Queda esto anterior explicado en el Desiderata, que es a modo de prólogo de este libro.

Porque los demás están en estos poemas: el amor, los hijos, el otro, tú y yo, futuro lector. De hecho, Emilio siempre ha sido un extraordinario poeta erótico y aquí lo sigue siendo.

Esa toma de partido por la vida, pero sin dejar de mirar a la muerte queda explicada en la siguiente copla que tiene en la parte del libro que llama Coplas flamencas:

La muerte me dijo un día:

¿a dónde vas tan ajeno?,

¿no ves que pasa la vida?

Desde entonces yo contemplo

las cosas y ellas me miran.

La sencillez de esta coplilla, que forma parte de un poema más largo, muestra cuál es la tónica del poemario.

Pero no, miento, porque el poemario es demasiado rico para reducirlo a esta sencillez, aunque a Emilio le guste jugar con la sencillez. Se compone este libro de siete partes, aunque quizá les iría mejor la palabra apartados porque en cada uno de ellos, Emilio quiere tomarnos apartados y susurrarnos sus versos. No voy a hablar exhaustivamente de cada una de ellas sino tan sólo, si se me permite, de tres que me resultan cautivadoras, la primera, titulada La infinitud concreta, la tercera, Diwan de al-musáfir, es decir Diwan del viajero, y la última, Juegos para el camino.

Uno de los ¿dibujos, caligrafías?, ambas cosas a la vez, que adornan en libro.

Uno de los ¿dibujos, caligrafías?, ambas cosas a la vez, que adornan en libro.

Llamémoslas, pues, apartados, y no partes. El primero, esa Infinitud concreta, está plagada de paradojas como el propio título: la infinitud no puede ser concreta por ser inabarcable. La Divinidad también es inabarcable. La Divinidad es la Otredad en estado puro, es lo Otro del todo. A este apartado pertenece el poema que leí al principio. También a este apartado pertenecen estos versos: “¿Existe la nada?/ Y, en ese caso, ¿qué es?/ Porque si es, es algo./ ¿Cómo puede entonces ser nada a la vez?”, y remata ese poema con el último verso, contundente, como un knok-out que fuera al mismo tiempo una caricia consoladora, y que dice: “Y, en ese caso, ¿qué es el ser?”. Apartado lleno de reflexiones metafísicas que contrasta algo, aunque ambos se complementen, con el segundo, más lírico, más descriptivo de las bellezas terrenas.

El otro apartado del que quiero hablar está lleno de lindezas. Conjunto de ¿aforismos, haikus, proverbios y cantares al estilo machadiano?, porque mucho de Antonio Machado tienen algunos de ellos. Veréis, no voy a hablar sobre ellos sino que leeré algunos, porque con tal botón de muestra, creo yo que se entenderá el meollo de esta apartado. “Llevo toda mi vida liberándome de deseos y la recompensa no llega. -Se te olvidó liberarte del deseo inicial” “Tanto tiempo escribiendo poesía y ahora empiezo a sentirme poeta” (es una confesión humilde que nos llega al alma) “La estructura del universo es matemática. Con los números se puede entender. Para comprender su razón de ser, los números no bastan” (y con estas palabras establece un puente entre el primer apartado, en el que se pregunta por el ser y por el Ser con mayúscula, y el último apartado, donde juega con los números como luego se verá) “Para el dogmático, las teorías de los demás son sólo hipótesis. Las suyas son demostraciones” (arrasa con cualquier talibanismo gilipollético sea religioso o ideológico). Y por último, el más machadiano para mi gusto: “Todo lo mató el calor. Pero el agua no se ha muerto. Se transformó en vapor”.

Bien, y en el último apartado, aquí nuestro poeta se nos pone juguetón y matemático. Porque desde Lewis Carroll y algunos otros, juego y matemática van emparejados a menudo. Pero eso ya le viene de lejos a Emilio. El primer poemario que recibí de él fue Trilogía del Silencio, donde ya jugaba con la aleatoriedad. Aquí hace algo parecido, aunque lo amplía a lo que él llama Fractales. En matemáticas, los fractales son estructuras, normalmente geométricas aunque no forzosamente, en las que las partes más pequeñas reproducen con exactitud a las más grandes, y a la inversa, de forma que se generan morfologías infinitas donde será indiferente que tomemos la parte como el todo porque el resultado será el mismo, y en las que el perímetro siempre es infinito. Clara Janés tiene un libro llamado así, Fractales, y también juega con esas formas; quiero decir con ello que estas estructuras matemáticas deben gustarles mucho a los poetas para que se proliferen así. Entre esos fractales y la combinatoria nada o bucea este último apartado. Cirlot hizo ya algo así y es bueno que un poeta cree escuela, que se le siga y continúe. Uno de los poemas de Emilio está, de hecho, dedicado a Eduardo Cirlot. Se juega con los sonidos y con las combinaciones de letras, con la repetición de determinados fonemas que producen un ritmo tan musical que, concretamente en el subapartado de título impronunciable, La pala Bra labra la pa o labra la pala para Alb, no le queda más remedio que poner indicaciones de tempo como en las piezas musicales, es decir, allegretto, presto o adagio. El último subapartado, pues ese apartado final queda dividido en dos, el anterior del que ya he hablado y el que ahora describiré someramente, se titula Conjunto de Mandelbrot. Este Mandelbrot fue un matemático judío-polaco-lituano que estudió en Lyon con otro judío, Paul Lévy, y fue quien creó la formulación matemática que describe esos fractales. La forma que tiene Emilio de acercarse a ellos es simple: poemas cortos formando un conjunto en el que los primeros son combinaciones de sonidos en estado puro, sonidos que luego quedan sintácticamente definidos en los dos últimos poemas que expresan una idea o una descripción, y en cuyas palabras predominan esos sonidos con los que jugó en los primeros poemas.

Otra muestra de eso mismo

Otra muestra de eso mismo

Y a todo esto, este precioso tomo está adornado con dibujos que son caligrafías árabes, de esas tan desconsideradamente hermosas, tan insinuantes. Los diferentes apartados, encabezados por su título al que rodea un arco mudéjar, tienen citas de Parménides, Nietzsche, Heidegger, Hölderlin, Al-Ansari, Poincaré (que era matemático) y un último para este mismo apartado, que carece de autor y que añade un guiño de un sentido del humor genial, porque Emilio nos viene a decir bueno, pues si no lo dijo nadie, como está bien dicho, me lo adjudico yo mismo, con emoticón de risa. Muy bien.

Sólo me queda hablar de una palabra que también define y resume este libro. Fijaos bien, una sola palabra: eso también es un fractal porque si una sola palabra resume, también amplía. Esa palabra es “aletreza”, compuesta de alegría y tristeza. La menciona en algunas ocasiones e incluso titula uno de los poemas así, aletreza.

Para rematar esta osada presentación, no me resisto a leer un último poema que me llegó al alma, porque también eso debe ser el arte, golpe que sacude. Y cuando no lo es, es golosina, engañifa que nos conduce suave y melosamente hacia el poder. Pertenece al último apartado y está indicado con los tempos musicales de Adagietto y Adagio, o sea lento, meditativamente. Dice así:

Más allá de la cosa

está la luz.

Más allá de la luz

está la noche.

Más allá de la noche

está el silencio.

Más allá del silencio

está la bruma.

De la bruma surge la palabra.

De la palabra surge la duda.

De la duda, la pregunta.

De la pregunta, la bruma.

El autor o culpable, llámenle como quieran, Emilio Ballesteros

El autor o culpable, llámenle como quieran, Emilio Ballesteros

Y así, en un bucle gracioso, en una simetría geométrica, como le gustan a Emilio, porque este poema engarza perfectamente con el que leí al principio, abandono aquí esta fatuidad. Y digo fatuidad porque de veras, veras, creo que presentar un libro de poemas lo es, tal vez porque parece como si uno se presentase a sí mismo por la sensibilidad con la que leyó el libro. Aunque por otra parte, si eso debe ser así por definición, vale más ser honesto y reconocer que hablo de mí mismo, de cómo me golpeó ese poemario, de qué cosas habló a mi yo, a mi ser. Porque si lo hizo, indudablemente, es porque es bueno. Un mal poemario me dice lo mismo que el pitido del tren: apártate que voy, no estés ahí que voy.

Y ahora, cuando esto acabe, salgan ustedes pitando de la sala y compren el libro. O róbenlo, o pídanlo prestado, porque lo importante es que lo lean. Merece la pena. Y luego, que este tipo que tengo sentado a mi vera, que parece así muy serio y un poco tristón, pero no, se lo firme porque de aquí a unos años, esta edición príncipe rubricada y dedicada, valdrá una pasta que gozarán, acaso, sus nietos si es que consienten en desprenderse de él.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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4 respuestas a Presentación de El Viaje Infinito, poemario de Emilio Ballesteros

  1. No, ni hablar: nada de fatuidad, Miguel. Haces una reseña muy buena. Yo no he sido capaz jamás de hacer una reseña de un libro de poesía: me parece que no se puede añadir nada a un poemario, que los poemas lo dicen todo por sí solos o si no lo dicen es que no hay nada que decir.
    Hoy he aprendido como se puede y debe hacer. ¡Maestro de un maestro, eso es lo que eres!
    Por cierto, no sé qué fue lo que me impidió ir a esta actividad, que mira que falto a pocas.

    AG

    • Alberto, no soy más que un aficionado. Eso sí, cuando reseño o hago una presentación de un poemario lo hago con cariño e intento hacerlo lo más poéticamente posible. Me queda un buen trecho para saber escribir con tu aparente sencillez y llaneza, Un abrazo.

  2. Esther dijo:

    “Me gopeó” tu reseña así que lo tengo claro: en cuanto me pase por Granada me compro este poemario de Emilio Ballesteros en la esperanza de que lo bello sea contangioso y me hable a mí también igual de hermoso e interesante. “El Viaje Infinito”, muy sugerente:-)

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