Festival de Música y Danza de Granada

El pasado mes de diciembre acabé una novela corta a la que titulé Concierto triste para trío y coro. Desde entonces no he sido capaz de escribir nada de ficción. No estoy deprimido, simplemente soy incapaz de pergeñar una frase, no encuentro las palabras ni se me ocurre un tema que me arrebate como esperaría que arrebatase a la o las personas (siempre escasas, claro) que me leyesen. Todos me dicen que eso no es grave y yo mismo lo pienso así porque, por suerte, no me gano la vida con ello. Pero es como al fumador que de pronto le privan de su tabaco. Una suerte de dependencia. Una dependencia que, como mucho, puede producir chifladura, una chifladura benigna.

nureliTengo dos novelas empezadas. Cierto. De una llevo 3 páginas y de la otra 10. No sé cómo continuar esos folios. No sé por dónde debería ir la trama. Incluso de una, la que llevo 10 de estas páginas virtuales que nos permiten los ordenadores, la he semiborrado con ánimo de empezar de nuevo. No sé.

Desahogarme aquí, en este blog, bitácora, o diario público, es bueno aunque sé que a quien me lee le importa un ardite mi estado de ánimo. Lo que importa del escritor es su obra, no si sufre de bloqueo o de hemorroides. Y sin embargo, os agradezco que me escuchéis.

Ya que no puedo inventarme nada, os contaré del Festival de Música y Danza de Granada, del que he asistido a algunos conciertos en este año 2013. Para empezar, debo confesar que la primera quincena de julio, coincidente en parte con esos conciertos, estuve con una bronquitis que me hizo sentir de nuevo un adolescente. Un adolescente porque mi adolescencia, justo, pasó entre ataques de asma. No es lo mismo una bronquitis que un acceso asmático, pero los dos te ahogan. Sufrí, al menos en uno de ellos, porque no se debe ir a un concierto si uno corre peligro de tener accesos de tos. Me arriesgué y no salió mal del todo: tuve dos golpes, uno de ellos logré reprimirlo y en el otro me dejé ir coincidiendo con los aplausos. Menos mal.

La Colombina en el Monasterio de San Jerónimo

La Colombina en el Monasterio de San Jerónimo

En los dos primeros estaba limpio. Ese es un lenguaje que utilizan los leprosos, pero también utilizo yo cuando pienso en mi odiosa asma o, ahora, en esta bronquitis. Es decir, que en los dos primeros no había caído aún enfermo. El primero fue gratuito en la iglesia de San Jerónimo, maravilla arquitectónica muy recomendable, no sólo para quien visite Granada sino también para los residentes, que podemos pasar en ella un agradable y fresco rato por un módico precio. La Colombina es un grupo de cantantes dedicado a la polifonía española. Me gustaron mucho las dos ensaladas que cantaron, una de Mateo Flecha y otra de Pere Alberc, ambas del siglo XVI. La ensalada es una composición para cantores e instrumentos en la que se mezclan ritmos, danzas, estilos y, curiosamente, también lenguas en las partes cantadas, es decir, que lo mismo se puede escuchar en ellas castellano que catalán, latín, gallego, francés, sayagués o remedos de lenguas bárbaras, como en la Negrina de Mateo Flecha el Viejo donde se imita la lengua de los negros del África (san sanbeyá gugurumbé, cantan en ella).

Hesperion XXI en el Carlos V

Hesperion XXI en el Carlos V

El segundo fue una auténtica maravilla: muestra de la música escuchada en el reino de Granada desde su fundación, ahora hace 1000 años, precisamente, hasta el siglo XVI con la expulsión de los moriscos. Y esa música estaba recogida por La Capella Reial de Catalunya Hesperion XXI, con el mejor músico español en activo con fama internacional: Jordi Savall. Música cristiana, mora y judía, con laudistas árabes, una cantante marroquí, con la ausencia desgraciada, claro, de la esposa de Savall, Montserrat Figueras, fallecida el pasado noviembre, y un cantante hebreo de voz prodigiosa y desconsideradamente parecido a Ahmadineyad, de nombre Lior Elmaleh y de quien se puede encontrar algunas piezas en youtube. Muy recomendable toda la producción de Savall and Cia., musicólogos, que no sólo músicos, que han tenido el valor de desempolvar mucha música antigua tanto culta como popular. Escucharlos en el Palacio de Carlos V fue una verdadera delicia, un goce particular que compartí con mi amigo José Luis Gärtner.

Tusiente o tosidoso, no sé, no pude asistir al recital de órgano de Ton Koopman, el virtuoso holandés. Es lo que tiene ponerse malito. Pero sí pude ir a los dos conciertos elegidos (no se puede ir a todo porque esos eventos cuestan una pasta gansa) del Milenio Flamenco, prolongación extraordinaria que se hizo del Festival que, como siempre, programa también flamenco, pero que esta vez y por el famoso milenio, estiró casi una semana los espectáculos concentrando en ese tiempo el flamenco: Mercé, un espectáculo de Carlos Saura, Israel Galván, Dorantes y Paco de Lucía. Conseguimos, milagrosamente, entradas para estos dos últimos, y digo milagrosamente porque cuando salen a la venta en internet, un día de abril a las 10 de la mañana, hay que estar a la que salta, como en la caza menor, para conectarse y comprar si no quiere uno, al cabo de media hora, encontrarse con el chasco dichoso de: localidades agotadas.

Paco de Lucía

Paco de Lucía

Paco de Lucía magistral, como siempre. Tal vez centró el recital sólo en los palos flamencos más pachangueros, más alegres, más bullangueros, bulerías, tangos, seguiriyas. Pero asombrosas fueron las piezas del inicio y la final: la del inicio él solo, aunque se presentaba con un sexteto y un bailaor, y la final, su famosísimo Entre dos aguas, que varió y desarrolló muy al estilo jazzístico. Asombrosa también la participación de una armónica, instrumento infrecuente en el flamenco y que Antonio Serrano, el intérprete, supo tocar con un arte digno, por lo menos, de su jefe de filas.

Pero Dorantes fue para mí la gran sorpresa. Debo también confesar, y hoy estoy en plan confesante (espero que me concedáis finalmente el ego te absolvo a peccatis tuis) que me gusta más una mezcla, un mestizaje o como se dice hoy, una fusión, que a un tonto una volaera. Dorantes mezcla con su piano el flamenco con la música atonal contemporánea (allí sonaba Pierre Boulez, por ejemplo), el jazz y, por supuesto, el be-bop, e incluso en determinados momentos pudieron escucharse acordes de Debussy o fragmentos evocadores del mejor Piazzola, y no sólo cuando tocaba el bandoneón, instrumento que sonó en el grupo que lo acompañaba: percusión, guitarra, contrabajo, más ese bandoneón del que hablo. Su disco ¡Sin muros!, que es lo que nos interpretó con alguna variante y añadidos, es un prodigio de eso que llamamos mestizaje. Ya su disco Orobroy fue un éxito y demostró hasta dónde puede llegar este hombre, pero el nuevo ¡Sin muros!, es una maravilla. Se dejó acompañar por Marina Heredia y Arcángel, pero fijaos lo que os digo,

Dorantes

Dorantes

aunque la voz es uno de los instrumentos más maleables que existen, no llegaban a mi entender a alcanzar los estupendos acordes y los arpegios o los intervalos tan arriesgados que utilizó Dorantes; lo que en absoluto trata de desmerecer la actuación de los cantaores, pero es que lo que hacía el pianista era muy grande.

La música, como la literatura, no consiste ya en compartimentos cerrados. Morente demostró cuál era el camino y Camarón asfaltó y le dio fama a ese camino. Pero es que en el siglo XX ya empezó Mahler a mezclar la música popular con la culta, por no hablar de los intentos folcloristas de Falla, Bartok, Grieg y tantos. En jazz, Jacques Loussier se agarró por los pelos a Bach, Haendel, Satie, Mozart y otros y los tradujo a esa “música de negros”, que dijo algún despreciativo imbécil. Paco de Lucía colaboró en un disco memorable con los jazzmen Al DiMeola y John McLaughlin, y Diego el Cigala, ya sabéis, hizo maravillas con Bebo Valdés. Dorantes está pisando de nuevo ese camino, un camino que se hace nuevo cada vez que se pisa. Cada pie que remueve en él el polvo, crea horizontes nuevos.

Gocé del concierto y besé los dineros que me costó (si no los gastamos en gustos, ¿para qué sirven?; lo malo es cuando los gustos son, más que placeres, piltrafas, patochadas), y los que me costó el disco que conservo firmado por el maestro. Ese hombre pasará a la historia.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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2 respuestas a Festival de Música y Danza de Granada

  1. el pérfido, insoportable e irrecuperable pepito dijo:

    Ahí estuve sho, con mi amiguísimo del alma. Con ebociones muy ebocionantes. Salí con una idea clara. Aquel fue el concierto de mi vida, de nuestra vida. Ajenos a la grandilocuencia, esquivando la inutil virguería del virtuosismo e inmersos en la poesía más intimista de la música lejana a lo programático. Fui por tí a admirar a Koopman. Tú lo escuchaste en la radio. Todo un privilegio: el de estar ahí y el de ser el cómplice de tus tropelías y desafueros.
    Ailoviu michelin.

  2. el pérfido, insoportable e irrecuperable pepito dijo:

    Por supuesto, me refiero al de Jordi Savall, ese músico polaco de nacimiento, como el Arnas, y genio de condición, como el Arnas.

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