Charla sobre Paul Celan

El pasado día 22 de febrero se me permitió que dieran una charla en el Centro Artístico de Granada sobre el poeta Paul Celan. Fue un atrevimiento imperdonable por mi parte. Con todo, mi fatuidad debe ser enorme porque me voy a permitir colocar aquí, en el blog, el contenido de dicha charla y los poemas que leí. Llegó a obsesionarme ese texto que debía elaborar, y no sólo por el pánico que me producía atinar con la poética del judío rumano de habla alemana, sino también porque, como cualquiera sabe, Celan es un poeta difícil, oscuro, como dice mi amigo José Luis Gärtner, que no hermético. Me ayudó mucho el libro de Jean Bollack, Poesía contra poesía, de ed. Trotta, muy explicativo de este lírico. La responsabilidad era enorme por cuanto sabía que a algunos de los presentes no les gusta Celan e intentar transmitir la pasión y el gusto que genera un poeta a alguien que de antemano no gusta es costoso. Luego, alguno de los presentes me agradeció la charla asegurándome que había logrado explicarles a Celan y mostrárselo más asequible. Sabéis que la amistad hace milagros, y que muchas veces, por puro afecto, se dicen cosas que se sienten a medias, pero confío en esa media verdad y en que lograse algo de esa trasmisión de la que hablaba.

Me ayudaron en mi charla tres personas: los organizadores, Juan Peregrina y Fernando Soriano, el primero de los cuales me presentó e incluso se permitió sacar mi primer libro publicado, Dos poemas y un fracaso, allá por el temprano (y no exagero, es tan malo que debería haber esperado por lo menos 30 años para editarlo) 1979, y leer para mi vergüenza dos fragmentos de uno de los cuentos. Por suerte eligió el mejor, que no el bueno porque bueno no hay ninguno. El librito es inencontrable y Juan, buen amigo, lo localizó por internet y lo adquirió, supongo, a través de ese medio. Fernando habló de la biografía del poeta alemán, dato indispensable para comprender su poesía. Luego, leí yo mi texto para dar lugar a Margarita Gärtner, madre de José Luis y de origen alemán, que recitó impecable y magistralmente en esa lengua el poema Todesfugue, Fuga de muerte, que fue leído a continuación en español por Fernando Soriano Bensusan, lectura de poemas, ya traducidos, naturalmente, que continué yo, y que son, aproximadamente, los que aquí coloco. Previa a la lectura di algunas orientaciones que aquí no incluyo porque las improvisé sobre la marcha, aunque si alguno de vosotros tiene curiosidad sobre cualquiera de los poemas, puedo contestarle en los comentarios a la entrada, aunque en mi muy humilde capacidad y conocimientos.

Anticipo que, acaso, es una de los textos más largos que he puesto en este blog. Tomároslo con calma y disfrutad, sobre todo, de los poemas de Paul Celan, cuya bio y bibliografía podéis encontrar en wikipedia. Aquí va:

Después de la Segunda Guerra Mundial, el filósofo de la escuela de Frankfurt, Theodor W. Adorno dijo aquello de que después de Auschwitz ya no se puede escribir lírica, quizá porque la conciencia del horror impide al humano fijarse en y fijar la belleza del mundo. Sin embargo, Paul Celan vino a negar estas palabras con su poesía, que desde luego nadie dudaría en calificar de lírica.

El horror de los campos de exterminio, o de los Lager como se decía en alemán, que quiere decir simplemente campamentos, en el sentido militar del término, no vino del número de muertos, pues como consecuencia misma de la guerra hubo más fallecidos, o bien las purgas estalinistas o las hambrunas que generó la nefasta política agrícola del gobierno soviético, produjeron más cadáveres que la idea nazi racial, sino de un hecho que comprenderemos enseguida después de un ejemplo que tenemos muy a mano. Supongamos que le pido a mi compañero de mesa Juan Peregrina que me llene el vaso de agua y él lo hace. La pregunta que les hago es ¿quién me llenó el vaso?, y la respuesta es él, alguien palpable, conocido, reconocible, personalizado. En cambio, ¿quién embotelló el agua?, ¿quién fabricó la botella? No me digan que el señor Lanjarón porque ese señor no existe. El agua la embotelló un trabajador, la botella la fabricó un empleado, o simplemente una máquina robotizada, es decir Nadie, un nadie con mayúscula, un Nadie como el del engaño de Ulises a Polifemo en la Odisea. Ese Nadie autor de todo hoy, esa ilocalizabilidad del responsable de los males que hoy nos suceden es la característica de nuestra época. Lo denunciaron en su tiempo Ortega y Ernst Jünger. Ninguno de los dos era marxista pero es que el marxismo, con su invento de las masas está de acuerdo con ese sistema aunque lo denuncie cuando lo practican otros. Pues bien, el horror de los campos de exterminio era el asesinato, no ya en masa, sino invisible, despersonalizado. No digo que fuera mejor el fusilamiento franquista, por ejemplo, digo que al menos se le veía la cara a quién lo hacía. En el Lager, el soldado que conducía a los concentracionarios para ser gaseados no los gaseaba, y ni siquiera veían al que de veras echaba el gas Ziklon en el ventilador. Himmler y Heydrich, responsables e ideólogos de la solución final (ya empezamos con el lenguaje eufemístico), seguramente no mataron en directo a nadie y pocos tuvieron acceso a ellos, excepto los dos checos que mataron a tiros a la bestia rubia de Heydrich. Era una producción en cadena, organizada, sistematizada, racionalizada, taylorizada, con una medición de tiempos para mejorar la productividad y el beneficio. Ese era el horror.

Había otro horror. El lenguaje. Nosotros conocemos ese manejo del lenguaje de manera y forma que no diga la verdad sino lo que el poder quiere que diga. ¿Quién no se encalabrina cuando escucha lo de la pertinaz sequía, la grandeza de España y su Cruzada, los 25 años de paz, o aquello tan enigmático de una unidad de destinos en lo universal? Hoy mismo, nuestros políticos, nuestros dirigentes sociales, nuestros banqueros o grandes empresarios, rizan el lenguaje para engañarnos ¿Recordáis lo de la OTAN: de entrada, no?, eso fue una genialidad del retorcimiento del lenguaje. La ventaja, hoy, es que se puede denunciar aunque pocos lo hagan y muchos menos lo comprendan y se indignen porque estamos acostumbrados a la publicidad. En las dictaduras, sean del signo que sean, no hay manera. En Alemania el asunto era terrible. Nos lo explica Viktor Klemperer en un librito memorable y digno de ser leído para no dejarse engañar en lo sucesivo. La idea de la raza aria fue una falacia porque la raza aria no existe. La superioridad de Alemania se tropieza con otros pueblos, circundantes o no, que se consideran, cuanto menos, tan grandes y superiores como los alemanes. En la guerra de Crimea del siglo XIX se aludió al eslavismo para reclutar voluntarios. Nuestro dilecto general gallego y bajito tenía siempre en la boca a la defensa de la civilización occidental a cargo de la raza hispana. Utilizar a poetas o filósofos como Hölderlin, Stephan George, Rilke o Nietzsche fue, por parte de los nazis, un cargarse de razones, tanto éticas como estéticas. Llamarles Untermensch, subhombres a quienes no eran arios o a sus opositores. Exterminar, extirpar a esas razas no arias, asimilando la palabra a lo que se hace con las plagas de insectos o de ratas era una forma de convencer de la necesidad, de la higiene de la medida. Al principio del gobierno y de la influencia nazi en Alemania, fanáticos eran quienes no los apoyaban; cuando empezó la guerra fue imprescindible fanatizar a las masas a su favor y hacerlos fanáticos seguidores del Reich y del Führer, y la palabra fanatismo recuperó su lustre; cuando somos nosotros los fanáticos es buena, cuando son otros es mala. Al peligro de extensión de las razas eslavas, consideradas inferiores, se le llamó negrificación, como si esos eslavos pudiesen convertir, al mezclarse con los alemanes, a éstos en mulatos.

Son ejemplos de esa manipulación del lenguaje. Contra eso luchó Celan a través de su poesía: contra el olvido de lo ocurrido, contra la postura defensiva de no querer saber lo que ocurrió y contra el engaño que significó el lenguaje utilizado. Sobre todo contra esto último. Dinamitando el lenguaje. Usando el lenguaje del enemigo pero mutándolo como se muta un árbol con un injerto. Perteneció a un grupo, el del 47, integrado entre otros por Günter Grass, Heinrich Böll, Reich-Ranicki e Ingeborg Bachmann, que se propusieron entre todos recuperar el lenguaje corrupto por los nazis, pero él fue quien más en profundidad se comprometió con ello. Esto no se ha hecho en España poéticamente. Algo ha trabajado en ese sentido Juan Goytisolo en la novela y se ha hecho mucho en el humor (Gila), en las viñetas humorísticas (Forges), en el teatro (Juglars o Tricicle). En nuestra poesía, el lenguaje franquista está casi impoluto, intocado. Quizá León Felipe, desde el exilio, fuera uno de los pocos que dijo algo. Respecto a Jaime Gil o Ángel González, y desde luego Alberti, no criticaron el lenguaje franquista sino que utilizaron algo parecido para la propaganda contraria (en algunos poemas, sólo en algunos poemas).

Una mentira repetida acaba creyéndola el mismo que la dice, aseguraba Goebbels, ministro de Propaganda de Hitler. Las mentiras siempre repugnan, es cierto, pero si se utilizan para animar a los demás a realizar masacres, sobre todo si son conscientes de ser mentiras, son más repugnantes aún. Cuando son inspiradoras del asesinato, pero no de las presuntas víctimas a las que se pretende agredir con las mentiras, sino en el que las víctimas son los propios embusteros, se le llama revolución. Y revolucionarios fueron los poemas de Celan, no porque animaran al asesinato físico de los embusteros sino porque querían inspirar la muerte de todo aquel lenguaje, destapar la olla podrida de las mentiras con las que se engatusó al pueblo, pues, desgraciadamente, nada hay más fácil de engatusar que un pueblo, sobre todo cuando además de mentiras gratas a sus oídos, se le ofrece bienestar, un bienestar espurio, pero bienestar.

Con todo, la poesía de Celan tiene un obstáculo del que se ha hablado hasta la saciedad, y es el hermetismo, la dificultad de su lectura e interpretación si uno no se deja llevar simplemente por la belleza de las imágenes, la eficacia del lenguaje y la sonoridad germana de sus versos. Pero antes de hablar de ese hermetismo, me gustaría hablar algo de los porqués de la elección de la lengua alemana como vehículo para su poesía. Para empezar, al parecer era su lengua materna en el sentido estricto de la palabra, es decir que era la lengua en la que le hablaba su madre. Como bien ha dicho Juan, nació en Czernowicz, en la Bucovina, región que entonces pertenecía a Rumania y ahora forma parte de Ucrania. Sus primeros poemas y prosas, fueron escritos en rumano. Pero adoptó el alemán como fuente y herramienta de su gran obra. ¿Por qué?, porque el alemán era la lengua del enemigo, la lengua aprovechada para masacrar a sus hermanos judíos y no judíos, porque la lengua alemana fue la que utilizaron los nazis para el gran engaño y porque éstos alimentaron espiritualmente a los soldados y al pueblo con los poetas que se expresaron en esa lengua: Hölderlin, George, Rilke, de quienes elaboraron ediciones que los soldados llevaban en sus macutos y les convencían de la grandeza de la causa y del pueblo alemán, de su potentísima cultura. Estoy absolutamente seguro de que entre esas ediciones no constaba Hiperión, de Hölderlin, y si lo estuvo sufrió la amputación de una de sus frases más emblemáticas: “cuando se toma el Estado por un cielo, es cuando se convierte en un infierno”, frase dicha 100 años y pico antes del estalinismo y 150 antes del nazismo.

A los españoles nos parece eso, cuanto menos, sospechoso, porque la cultura, y aún más la poesía, es aquí una especie de barbaridad tontorrona propia de estúpidos con gafas que ni siquiera son machos de verdad. Los soldados republicanos llevaban, algunos, sólo algunos, libros de versos y escucharon las arengas poéticas de Alberti o de Hernández, pero para los nacionales, la poesía era simple y llanamente, una mariconada si no era cantada en forma de himno, como por ejemplo, la Marcha de Oriamendi o el Cara al Sol. Sánchez Mazas, Panero o Luys Santamarina, poetas falangistas, fueron casi desconocidos a pesar de ser muy publicitados por el Movimiento, porque esa publicitación fue de su figura egregia, no de su obra. Inadmisible para oídos o mentalidades alemanas.

Celan, pues, tomó como vehículo de su poesía, la lengua alemana. Y no sólo contra la lengua empleada para divulgar mentiras y engatusar por los nazis, sino también la de los poetas utilizados y su inevitable y romántico ensalzamiento de la patria y del patriotismo, polvos que siempre traen esos lodos.

El alemán es un lenguaje dúctil y hermoso, hasta tal punto que, como me recordaba el otro día Narceo Antino, ha sido el protagonista poético de tantos y tantos lieder, canciones alemanas, cosa que sería inconcebible de tener una sonoridad repugnante. A nosotros nos parece árido, escupido más que hablado, gutural, propio para dar gritos, órdenes, tajante, hiriente. Es curioso, los latinoamericanos piensan lo mismo de nuestra forma de pronunciar y entonar el español. Fue contra todo eso que luchó Celan. En esa lengua se puede juntar palabras e inventar palabras nuevas. Como si nosotros pudiéramos decir en una sola palabra árbolnevadoyllenodebrotes o acogedorasalapletóricadeamigos. En Berlín, por ejemplo, hay un canal o río artificial que se llama Landwehrkanal, palabreja que podría traducirse por Canal de defensa del país. Cuando Celan paseó por Berlín en taxi y el taxista le indicó ese canal y su nombre, el poeta murmuró LandwehKanal, quitándole una r a la palabra wehr, defensa (recordemos lo de la Wehrmacht) y convirtiéndola en weh, dolor, con lo que el canal acababa degenerando en Dolor del país, porque a ese canal fueron arrojados en 1919 los cuerpos de los líderes espartaquistas Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, asesinados por la policía, en un acto que preludió lo que luego serían las actuaciones de las SA y las SS. Pero, naturalmente, los “inventos”, perfectamente posibles y legales en alemán, de Paul Antschel no se reducen a eso: Dunstbänder, pancartas de humo, traduce Reina Palazón; Schädeldenken, pensamiento de calavera, por el mismo traductor. Ambas son primeras palabras de poemas suyos.

Pero hablaba yo hace un instante de su dificultad, de su hermetismo, o más bien, oscuridad. No tiene duda, lo es. Pero ¿repudiaríamos a Góngora porque es difícil?, ¿nos repele Poeta en Nueva York porque no es el Romancero Gitano? La tradición hermética en la poesía del siglo XX tiene muchos antecedentes. Ya en el siglo XIX, Mallarmé suelta la liebre para que otros la persigan. Rilke, Eliot, Ezra Pound son poetas difíciles. Los surrealistas también. Nuestro José Ángel Valente, maestro de muchos, es difícil y, en ocasiones, hasta hermético, digno de exégesis e interpretaciones. Celan lo es. El libro de Jean Bollack, que fue amigo suyo, con críticas sobre su obra, parece a veces una exégesis cabalística, con su búsqueda de relaciones entre palabras semejantes, su excavación en el poema en busca de referencias y citas, a la caza de palabras utilizadas por poetas anteriores a Celan y utilizados por los nazis.

Esa dificultad, ese hermetismo u oscuridad de sus versos hace que las interpretaciones que se da de ellos por los diferentes críticos de su obra sean a veces diferentes cuando no contradictorias. Bollack, Pöggeler, Glenn, Derrida, Gadamer o Janz dirán cosas opuestas sobre sus poemas. Incluso algunos negarán lo evidente: su lucha con el lenguaje para que éste pueda expresar, no sólo el horror, que también, sino la manipulación, atribuyendo su hermetismo o su uso de la lengua alemana a insania, a locura, esa misma que, según ellos, lo llevó al suicidio. Leer a Celan es una aventura dificultosa. También lo es subir al Everest y hay hasta quien pierde la vida por ello.

“Siga leyendo. Basta con leer y releer, y el sentido aparecerá por sí solo”, dicen que dijo Celan a una persona que se le acercó a preguntarle por el sentido de sus poemas. Si sois capaces de explicarme con idéntica fuerza de convicción y razonamiento vuestro amor por Fulano o por Mengana, que la función de las proteínas en las células o el teorema de Feuerbach en geometría, deberé creerme que la poesía ha de tener la misma estructura racional que la física o la filosofía, de lo contrario continuaré creyendo que, si bien la historia o la tecnología hay que analizarlas y construirlas con principios racionales, la religión o el arte, y especialmente la poesía, hay que verlos con los ojos del sentimiento, el mito o la sensualidad, o llamadle como gustéis a ese sexto sentido que nos hace degustar o repudiar un poema. Por otra parte, la poesía debe ser, y ahí sí estoy convencido, un asomarse al pozo del enigma, un hablar de lo inefable, de lo ignorado, de lo más profundo del ser. Y hablar de eso no puede ser como describir esta mesa: cuatro patas, un tablero encima y sobre ella unos micrófonos, papeles y las manos de quienes sobre ella las tengamos.

Con todo, puede pensarse que sólo le obsesionó esa lucha contra el lenguaje engatusador de aquella ideología criminal, pero no fue así. Eso tal vez lo habría convertido en un poeta de circunstancia, aferrado a una época histórica que muere con ella y que se olvida cuando se olvida aquella situación. Sus poemas dedicados a la amada, sobre todo a la escritora Ingeborg Bachmann, son superiores a otros muchos escritos en alemán y dedicados al amor, sin caer en el romanticismo ya manido de los posteriores a Goethe. Sin embargo, sí es cierto que a lo largo del tiempo fue oscureciéndose, hermetizándose hasta convertir sus poemas últimos en verdaderos jeroglíficos. En la reseña que hice sobre su obra completa para la revista Adamar decía que su abstracción, su hermetismo, recordaba la del pintor Kandinsky o la del músico Anton Webern. Sigo manteniendo lo mismo. Ni se puede mirar a Kandinsky con los parámetros de Murillo, ni se puede escuchar a Webern sin haber pasado de Schubert ni se puede leer a Celan sin trascender a Goethe o a Rubén Darío. Y eso sin menospreciar a ninguno de los artistas nombrados, sino reconociendo que son otros los códigos para acceder a cada uno de ellos.

También le obsesionó, y escribió poemas a ella dedicados, la filosofía. Casi se sabía de memoria a Heidegger, y en su obra tiene una especie de guerra declarada, no a su sistema filosófico sino al personaje pues éste colaboró activamente con los nazis e incluso fue miembro del partido, cosa de la que, al revés de Gottfried Benn, nunca se arrepintió ni se autocriticó. Si hubiera que clasificar a Celan, como es tan del agrado de la crítica norteamericana, diríamos que pertenece, como nuestros Valente o Gamoneda, a la poesía metafísica, tal vez a la poesía del silencio, huyendo de facilonas y populacheras poéticas manidas que huelen en exceso, en nuestro país, a sinecuras gubernamentales o universitarias, cuando no a entretenidos pasatiempos de tumbona para suspirantes romanticones.

Por resumir, si es que se puede y se debe, diré que las obsesiones o temas de Paul Celan son los siguientes:

-El lenguaje, en el sentido de “desmanipulación”, pero también como material a utilizar por el poeta, material dúctil, maleable, sonoro e insinuante. Bollack la llama reflexión lingüística.

-Su propio judaísmo, no religioso y ni siquiera racial sino, primera, como cúmulo de tradiciones y de historia, como perteneciente al conjunto de perseguidos y asesinados, y segunda, recordado por el enemigo, ése que mata por razones raciales o religiosas y obliga a recordar a las víctimas a qué colectivo pertenecen aunque éstas ya ni quieran saber nada de ese colectivo. Volvió a pasar en Bosnia-Herzegovina, donde algunos bosnios de origen musulmán sólo conocían este origen porque se llamaban Ismail, Azra, Jasmina o por su apellido.

-La ausencia de Dios, su “escaqueo”. Continuamente se pregunta dónde estaba Él mientras todo aquello sucedía.

-El lirismo del paisaje, tanto en su sentido positivo como en el negativo, es decir, tanto en la descripción de la belleza como en la descripción de caminos que llevan al infierno o son el infierno.

-El amor por su amante Ingeborg Bachmann y la exigencia que hacia ella tenía de “desalemanizarla”.

-La filosofía en todos sus apartados.

-La herencia poética alemana y también la no alemana (Mallarmé, Mandelstam, etc.)

-Una cierta simbología recurrente empleando palabras que significan o metaforizan algo más allá de su significado propio y objetual: arena, maestro, humo, ojos, etc., ciertos colores cuyo significado recoge de tratados o de su propia inspiración, ciertas plantas que aluden a esto o a aquello independientemente de su belleza en el campo o de su utilidad.

-El exterminio de los judíos. Aunque éste es un tema recurrente en él, tampoco hay que caer en el error de pensar que siempre habla de ello. Por ejemplo, no siempre que habla de humo se refiere al humo de las chimeneas crematorias de los campos, aunque sí la mayor parte de las veces.

Ricardo Ibarlucía, profesor argentino de estética, dice que “La poesía de Celan no va hacia la muerte, viene de ella”. También se ha dicho que la poesía de Celan para el arte poético es como el Guernica de Picasso para la pintura, que a partir de ahí nada puede ser igual.

“Sólo manos verdaderas escriben poemas verdaderos. No veo ninguna diferencia de principio entre el apretón de manos y el poema”, dijo en una carta al editor Hans Bender, y más adelante: “Vivimos bajo cielos sombríos, y hay pocos seres humanos. Por eso probablemente haya tan pocos poemas”. Y en otra ocasión: “quien camina boca abajo tiene el cielo  como abismo debajo de sí”.

Las traducciones de los poemas que leeré son de Jesús Munárriz, José Luis Reina Palazón, Arnau Pons, Esther Reches.

Fuga de muerte

Leche negra de la madrugada alba la bebemos al atardecer

la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche

bebemos y bebemos

cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe

que escribe al oscurecer a Alemania tu dorado cabello Margarete

lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba llamando a su jauría

silba a sus judíos manda cavar una fosa en la tierra

nos ordena tocad ahora música de baile

Leche negra de la madrugada te bebemos de noche

te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer

bebemos y bebemos

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe

que escribe al oscurecer a Alemania tu dorado cabello Margarete

Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez

Grita cavad más hondo en la tierra los unos y los otros cantad y tocad

echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos azules

hincad más hondo las palas los unos y los otros volved a tocar música de baile

Leche negra de la madrugada te bebemos de noche

te bebemos al mediodía y por la mañana te bebemos al atardecer

bebemos y bebemos

un hombre vive en la casa tu cabello dorado Margarete

tu cabello de ceniza Sulamita él juega  con serpientes

Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un maestro de Alemania

grita tañed más sombríamente los violines luego subiréis como humo en el aire

luego tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez

Leche negra de la madrugada te bebemos de noche

te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania

te bebemos por la tarde y por la mañana bebemos y bebemos

la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul

te alcanza con bala de plomo te alcanza certero

un hombre vive en la casa tu cabello dorado Margarete

atiza su jauría contra nosotros nos regala una tumba en el aire

juega con serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania

tu cabello dorado Margarete

tu cabello de ceniza Sulamita

In memoriam Paul Eluard

Ponle al muerto en la tumba las palabras

que para vivir dijo.

Apoya su cabeza entre ellas,

que sienta

las lenguas del anhelo, las tenazas.

Ponle al muerto en los párpados la palabra

que le negó aquél

que le dijo tú,

la palabra

que la saltarina sangre de su corazón sorteó

cuando una mano, tan desnuda como la suya,

a aquel que le dijo tú

lo anudó a los árboles del futuro.

Ponle esta palabra en los párpados:

tal vez

entre en su ojo, que aún es azul,

un segundo azul más ajeno,

y aquel que le dijo tú

sueñe con él: nosotros.

ESPASMOS, te quiero, salmos,

 las paredes sensitivas, tan hondas dentro del barranco del Tú,

se regocijan, Pintada de semen.

Eternal, deseternizada eres tú,

eternizada, No-eternal, tú,

¡hei!,

en ti, en ti,

canto la grabadura de la vara de hueso,

un rojo rojo, surgido bien detrás del vello del pubis,

al tocar el arpa en las cavernas,

afuera, en derredor

el infinito canon de ninguna-suerte-de-canon,

tú me arrojas la de nueve

vueltas, la goteante

corona de colmillos.

Zurich, zum Storchen (Zurich, hostal de la Cigüeña)

Hablamos de lo que es demasiado

y demasiado poco. Del Tú

y del Aunque-no-Tú, de

la turbación por claridad,

de lo judío, de

tu Dios.

De

eso.

El día de una Ascensión, la

catedral estaba al otro lado, vino

con algún oro por el agua.

De tu Dios hablamos, yo hablé

contra él, al

corazón que yo tenía

lo animé a esperar:

su más alta

palabra, estertorante,

airada-

Tu ojo me miró, apartó la mirada,

tu boca

dio al ojo su palabra, yo escuché:

nosotros

en verdad no sabemos, sabes,

nosotros

en verdad no sabemos,

lo que

cuenta.

Epitafio para François

LAS dos puertas del mundo

están abiertas:

abiertas por ti

en la doble noche.

Las oímos golpear y golpear

y llevamos lo incierto,

y llevamos el verdor a tu siempre.

Todtnauberg

Árnica, eufrasia -consuelo de los ojos-, el

trago de la fuente con el

dado-estrella encima,

en la

cabaña,

y en el libro

-¿qué nombres acogió

antes del mío?-,

y en ese libro,

la línea escrita desde

una esperanza, que hoy,

en el corazón,

está puesta en la

palabra

venidera

de uno que piensa,

tremedal de los bosques, no allanado,

orquis y orquis, únicas,

lo crudo, más tarde, en el viaje,

muy claro,

quien nos conduce, el hombre,

también lo escucha,

a medio

pisar, los garrotes

trazan sendas en los pantanos de los altos,

lo húmedo,

mucho.

Shibbólet

Junto con mis piedras,

crecidas en el llanto

detrás de las rejas,

me arrastraron

al centro del mercado,

allí

donde se despliega la bandera, a la que

no presté juramento.

Flauta,

flauta doble de la noche:

piensa en la oscura

aurora gemela

en Viena y Madrid.

Pon tu bandera a media asta,

memoria.

A media asta

hoy para siempre.

Corazón:

date a conocer también

aquí, en medio del mercado.

Di a voces el shibbólet

en lo extranjero de la patria:

Febrero, no pasarán.

Einhorn:

tú sabes de las piedras,

tú sabes de las aguas,

ven,

yo te llevaré lejos,

a las voces

de Extremadura.

Tubinga, enero

Ojos por el discurso

llevados a ser ciegos.

Su -“un

enigma es puro

surgimiento que se escapa”-, su

recuerdo de

torres Hölderlin nadando, asediadas

por gaviotas, sus silbidos.

Carpinteros ahogados rinden visita a

estas

palabras que se zambullen:

Si viniese,

si viniese un hombre,

si viniese un hombre al mundo, hoy mismo, con

la barba de luz de los

patriarcas: sólo le sería dado,

si hablase de este

tiempo, sólo

le sería dado

balbucear y balbucear,

ya sin poder

parar nunca, nunca

másmás.

(Palaksh, Palaksh)

Stille! ¡Silencio!

¡Silencio! Hundo la espina en tu corazón

pues la rosa, la rosa

está con las sombras en el espejo ¡y sangra!

Sangraba ya cuando mezclamos el sí y el no,

cuando bebimos

porque un vaso, que cayó de la mesa, tintineó:

repicaba una noche que oscureció más tiempo que nosotros.

Bebimos con bocas ansiosas:

sabía a hiel

pero espumaba como vino –

Yo seguí el rayo de tus ojos

y la lengua nos balbució dulzuras…

(eso balbucea, eso sigue balbuceando siempre.)

¡Silencio! La espina penetró más hondo en tu corazón:

está unida a la rosa.

Ópimo mensaje

Ópimo mensaje

en una cripta donde

con nuestros

efluvios de gas flameamos,

aquí estamos

en olor

de santidad, sin duda.

Tufos de

chamusquina del Más Allá

nos salen densos de los poros,

en cada segunda

caries

despierta

un himno indestructible.

El monís de entredosluces que nos arrojaste dentro,

ven, trágatelo tú también con nosotros.

Cristal

No busques en mis labios tu boca,

ni delante de la puerta al forastero,

ni en el ojo la lágrima.

Siete noches más arriba camina el rojo al rojo,

siete corazones más abajo late la mano en la puerta,

siete rosas más tarde susurra el pozo.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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4 respuestas a Charla sobre Paul Celan

  1. Juan Peregrina Martín dijo:

    Fue un privilegio escucharte, Miguel: perdona la maldad de tu primer libro…
    Fue una gran conferencia y gracias por compartir el texto.
    Un abrazo.

    • No, si no fue ninguna maldad, ni tengo nada que perdonar. Me sorprendió. En cierta forma me avergüenzo de ese libro, pero en otro aspecto, no. Es cierto que en esos cuentos ya está buena parte de mi manera de pensar y de escribir. Pero ya sabes, las obras de mucha juventud son siempre vergonzantes, aunque hay algunos genios que no tienen de qué avergonzarse. Pero no es el caso, claro. Lo que fue un privilegio fue hablar para quienes lo hice y contar con dos organizadores estupendos como Fernando y tú.

  2. GART dijo:

    Yo estuve allí. Tenía que estar, y no sólo porque Miguel me lo pidió (y de paso involucramos a mi madre) sino porque hablar de Celan es hoy una anomalía. Ya me gustaron los primeros poemas que leí hace años -más de diez- cuya oscuridad es precisamene una de sus virtudes. Ahora que he compartido con el Arnas esta celanitis durante el crudo invierno, me alegro de que así haya sido.
    PD. Sabes que soy muy guardoso y esta no te la perdono, pero, querido Miguel, nuestra amiga Esther Reche agradecería que no la pluralizaras. Ande te habrás sacado lo de la “s”. Hasta a la meretriz más refinada se le escapa un copito gaseoso.
    gart

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