Die Fackel, La antorcha, de Karl Kraus, un ejemplo a seguir

Portada del libro de ed. Acantilado

Cuando escribí, para este diario privado-público que es mi blog, o cualquier blog, la entrada sobre el libro de Viktor Klemperer, libro que trataba sobre el lenguaje corrupto de los nazis, ya tenía yo una cierta monomanía por el uso del lenguaje, tanto para bien como para mal (aquello de “Otan, de entrada, no”, fue una genialidad total, piénsese si para bien o para mal). ¡Claro que había leído sobre el tema!, pero aun en el caso de haber estudiado lingüística, o haber meditado largo y profundo sobre el lenguaje del franquismo, tan empantanado en cuestiones, no religiosas, sino morales con peste a sobaquina y orines, o haberme empapado en textos sobre mercadotecnia y publicidad, no habría alcanzado los niveles a los que me llevó Klemperer. Fue, ¿cómo diría?, como si a una persona con una obsesión irrealizable, como cazar elefantes en África, por ejemplo, se le ofreciera la posibilidad de cumplirla una vez, y sólo una vez. ¿Qué conseguirá esa consumación única?: incrementar la obsesión, convertirla en locura. Pues bien, también por una vez, y sólo por una vez, mi obsesión ha tenido objeto en el que hincar el diente: Karl Kraus. Porque también os diré algo: no sirven los tratados sesudos y muy cargados de teoría, con ese lenguaje específico que no hace sino insistir en la corrupción, en el error y el horror de las palabras malintencionadas. Es tema que sólo el profesional del uso, y no el profesional de la teoría, puede fiscalizar, siempre y cuando el lenguaje empleado en ello se acerque al periodismo verdadero, a la narrativa, a la poesía. No sirve el ensayo. Seguro que me equivoco pero lo siento así. Es mi experiencia.

Sobre Karl Kraus, y ya que tenéis abierto el navegador, podéis consultar en Wikipedia. Este libro que quiero comentar es una selección de sus artículos en la revista Die Flacke, La Antorcha, que publicó él desde 1899 hasta 1936, año de su muerte, y en la que colaboraron varios amigos hasta 1912, año a partir del cual ¡la publicó y escribió él sólo!, sí, sin ayuda de nadie. Sobrevivía gracias a las suscripciones y a sus lecturas y actuaciones aquí y allá. Lecturas de sus artículos o de sus libros (Los últimos días de la humanidad, La muralla china, etc.), y actuaciones consistentes en recitado de poemas o representaciones de obras de teatro en las que él mismo hacía todos los papeles. Se puede ser un Juan Palomo cuando se sirve para ello, si no se sirve, mejor estarse quieto y dedicarse a coleccionar sellos, por ejemplo.

Ya que uno no puede llegar a leerse los 922 números, es decir las 22500 páginas escritas por Kraus, esta selección hecha para Acantilado por el traductor, Adan Kovacsics, da una idea bastante aproximada de la tarea que llevó a cabo Kraus criticando al periodismo de aquel momento y sus defectos, a la justicia austríaca, a la hipocresía catolicona de aquel país, a la guerra y sus engaños (1ª Guerra Mundial), al nacionalismo pangermánico y luego a su consecuencia: el nacionalsocialismo.

Karl Kraus

Los primeros artículos se refieren, como digo, a la crítica de la justicia austríaca empantanada en la moralina catolicona obsesa por un solo tema: el sexo. Como si no hubiera otros mandamientos que el 6º y el 9º, manía sacerdotal de atribuirle a la divinidad una obcecación por las entrepiernas. Para concretar, habla de sentencias condenatorias para prostitutas, en tanto se deja en paz a los clientes o acusaciones de homosexualidad (el caso Eulenburg), cuando es evidente que las cuestiones de alcoba que no impliquen violencia o abuso, son asunto de cada uno. Hoy vemos eso claro, pero denunciarlo entonces fue toda una osadía. Las críticas al periodismo se refieren a ese servilismo de la prensa católica, e incluso a la de izquierda, a la moral al uso; para no escandalizar al pueblo, para dar a la gente lo que pide, para aumentar ventas. El sarcasmo que usa al denunciar el excesivo uso de los verbos ampliar y profundizar, utilizados por primera vez a finales de la guerra del 14-18 para hablar de las relaciones entre el Imperio Austríaco y el Imperio Alemán, riéndose de la aplicación masiva de esas palabras y aplicándoselas a casos conocidos de adulterio disimulado entre altos dignatarios, sin denunciar directamente sino aludiendo sólo, es envidiable. Porque envidiable es esa actividad que hoy sería tan de desear. La de la crítica al lenguaje periodístico, tan tendencioso, que hoy domina. Yo creo que unos son buenos y los otros malos por la sencilla razón de que sólo compro determinado periódico y escucho determinados telediarios; si de la noche a la mañana decidiera leer el periódico contrario y escuchar el otro telediario, creería a pies juntillas que los otrora buenos se han convertido en malos y viceversa. Esa es la realidad periodística hoy en nuestro país. Una lástima, pero una lástima merecida porque, acaso, también nosotros somos así y dividimos nuestra sociedad en buenos y malos. Nos faltaría esa voz crítica. En determinado momento pareció que Arcadi Espada iba a asumir esa voz, pero parece ser que no es así, o al menos, que su intento no tuvo éxito.

Karl Kraus

Hablando de política, dice algo tan verdadero, tan obvio pero tan profundo, que es digno de meditación: “Política es participar en algo sin saber para qué”. Pensadlo, no es ninguna patochada ni ningún lugar común.

En 1919, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo (protagonistas de la revolución espartaquista) fueron asesinados en Berlín por los policías que los sacaron de la cárcel, los apalizaron mortalmente y los arrojaron al Landwehrkanal de Berlín. Kraus publicó después una carta de Rosa a la esposa de Karl, carta escrita desde la cárcel en la que habla de sus esperanzas, de la vida en ella, de la crueldad de algunas personas. Como respuesta a esta publicación, cierta señora, de la que luego se supo era hija de un administrador de fincas y esposa de un gobernador de distrito, y que aseguraba había leído La Antorcha de forma casual, pues había suspendido su suscripción tras la lectura de Kraus en Salzburgo, donde fue abucheado e impedido de realizarla por jóvenes nacionalistas opuestos a su actitud contra la guerra (criticó con gran violencia la denominación que se dio a la Guerra Mundial de “Gran Época”), esa señora, pues, escribió, entre otras lindezas, que si la Luxemburgo se hubiese dedicado a ser cuidadora de un zoológico en lugar de excitar a las masas, otro final le hubiese esperado y no el que tuvo. Indignado, Kraus respondió con un largo artículo del que extraigo sólo estas frases: “Lo que opino es -y ahora, como no entienden alemán y de mis «contradicciones» no saben deducir mi verdadero punto de vista, ahora, digo, quiero hablar por una vez en claro alemán con esta ralea inhumana de propietarios de fincas y de sangre y su séquito, porque tengo la guerra mundial por un hecho inequívoco y la época que redujo la vida humana a un montón de porquería por un muro de separación implacable- lo que opino es lo siguiente: el comunismo como realidad no es más que la otra cara de la ideología de esa chusma, profanadora de la vida aunque proviene de un origen ideal más puro, es también un recurso problemático y contradictorio para alcanzar su objetivo ideal más puro. Que el diablo se lleve la praxis del comunismo, pero que Dios nos lo conserve como amenaza constante sobre las cabezas de aquellos que poseen fincas y que, con el fin de mantenerlas y con el consuelo de que la vida no es el más alto de los bienes, querrían mandar a todos los demás a los frentes del hambre y del honor patrio”. 1º: que eso lo viera ya en 1920, respecto al comunismo y su valor, ya perdido, claro, de freno y amenaza constante a todas esas bestias que no ven más allá de su nariz de propietarios hoy, aunque mañana todo se vaya al cuerno, es de una clarividencia enorme. 2º: que un periodista, pues no otra cosa era Kraus, sea capaz de escribir frases bien hechas y subordinadas bien construidas e inteligibles, aunque no simplonas, es hoy un verdadero escándalo y un milagro; abrid cualquier periódico y, sin leer los artículos de fondo, id a una noticia aleatoria: tratad de comprender y encontrarle, no ya valor artístico a lo escrito, sino simplemente, valor. Veréis.

Portada de la revista Die Fackel de diciembre 1914

El extensísimo artículo destinado a analizar los hechos de junio de 1927 en Viena, en los que el pueblo incendió el palacio de Justicia, indignado por la sentencia absolutoria a quienes habían disparado contra unos socialdemócratas, acción en la que murieron un inválido excombatiente y un niño y fueron heridas otras cinco personas, siendo los agresores de una organización derechista de excombatientes (en Alemania se llamaron Stahlhelm, Casco de acero, y fueron el germen del partido nazi), incendio que provocó una represión gravísima de la policía vienesa sobre cualquier, no ya manifestante, sino simple viandante por la calle, y cuyo saldo fue de 85 muertos, ese extensísimo artículo es un modelo de lo que debería ser una información exhaustiva: fragmentos de artículos periodísticos, declaraciones de testigos, opiniones de biempensantes, opiniones de jueces y juristas a favor o en contra, noticias de condecoraciones a los responsables de la matanza, y finalmente artículo de fondo del mismo Kraus.

Muy impactante su escándalo al analizar los anuncios de paseos turísticos por los escenarios más crudos de la guerra, como Verdún, el uso de excombatientes en espectáculos “teatrales” para dar algo de publicidad a la causa autríaca, como la velada que se dedicó en el Bürgerteather a los héroes de la batalla de Uszieczko, o el lamento de las autoridades vienesas por la pérdida para el turismo que significaron esos hechos de junio del 27.

Muy recomendable la respuesta a la revista soviética Krassnaia Niva, ridiculizando esa obsesión revolucionaria por darle a la cultura una vuelta como a un calcetín, y que no reproduzco aquí para no cansar.

En resumen, un libro recomendable ante la lectura del cual sólo podemos lamentar que, con los antecedentes de Larra, Unamuno, Ortega, y otros muchos que con más o menos acierto criticaron las formas de su época, hoy apenas haya algo así en España. Pero no nos olvidemos de que si no lo hay es porque no interesa: no interesa a las autoridades (no olvidemos el verdadero sentido de la LOGSE: que nadie sepa nada, cuanto más ignorantes, mejor), y no interesa a la gente. Mucho mejor poner el fútbol, el Gran Hermano, la Noria, el Sálvame Diario o algo peor.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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8 respuestas a Die Fackel, La antorcha, de Karl Kraus, un ejemplo a seguir

  1. Muy interesante todo lo que dices, amigo y colega. A mí siempre me ha interesado la perversión del lenguaje que empezó en esos “daños colaterales” de la guerra de Vietnam y los tenemos tan presentes ahora, con la maravillosa reforma laboral, y la “flexibilización del empleo”. No tenemos muchas mentes lúcidas en estos momentos de crísis (política, económica, moral, intelectual) pero puede citarte algunos nombres: José Luis Sampedro, Mayor Zaragoza. Viçens Navarro, Arcadi Oliveras, todos con mucha mili a sus espaldas, eso sí. El panorama es desolador por la pobreza del pensamiento crítico y la incapacidad de alumbrar otro modelo social. Quizá en vez de basarlo todo en el trabajo que, con los avances de la técnica, se convierte en algo irrelevante, habría que organizar el ocio, el tiempo libre del que disfrutarán ciudadanos ociosos que, con un par de horas de trabajo a la comunidad, o menos, contribuirían con creces al sostenimiento de la sociedad. Si queremos pleno empleo no tenemos más que quemar los tractores y volver a cultivar los campos con yuntas de bueyes. Pero nadie hace ese tipo de reflexiones, nadie se da cuenta de que hay que cambiar el sistema.

  2. dios dijo:

    Esto no es un artículo: ¡es una obra de arte!
    Pan y circo es lo que nos dan, y la prensa participa porque no puede morder la mano que les da de comer. Die Fackel es ya un mito inigualable. Y Kraus se me antoja muy superior en su torrencialidad el mismo Lope de Vega.
    APROVECHO LA OCASIÓN -PUBLICIDAD- PARA RECOMENDAR A LOS LECTORES/AS, LA INTERESANTÍSIMA CONFERENCIA QUE EL ARRIBAFIRMANTE (EL ARNAS) DARÁ EL PRÓXIMO MIÉRCOLES 22 DE FEBRERO EN EL CENTRO ARTÍSTICO, SOBRE LA FIGURA Y OBRA DE PAUL CELAN. Yo la he escuchado en primicia y os puedo asegurar que va a epatar hasta a los más enteraos.

  3. José Luis, siempre he creído que la única manera de compaginar el maquinismo con la población que necesita trabajar es reducir el número de horas de trabajo y repartir un poco más. Con la robótica como está, hoy sería posible trabajar 3 o 4 horas, pero nadie quiere repartir, ni a las empresas, al menos las grandes, les interesa tener gente a ese tiempo. En cambio, eso ya sucedió. En 1923 o 22, El Noi del Sucre consiguió la jornada de 8 horas tras una huelga en Barcelona. Y, curioso, al Noi lo querían hasta los empresarios honestos, que los hay. Fueron los otros quienes se lo cargaron.

  4. maritina dijo:

    Sí, el lenguaje y sus intencionalidades, el lenguaje y sus trampas semánticas. El lenguaje no es neutro, no puede serlo. La palabra, ya sea oral o escrita, puede ser un bálsamo, una venda que cura o, una daga, dependiendo de quien la esgrima. ¿Y cuanto terror y miedo pueden esconder muchas de las palabras escritas que vemos en los diarios ultimamente?, miedo que trata de infundir el que las pronuncia , para causar terror en quienes le escuchan. En este triste “invierno de nuestro descontento”,veo ejemplos a millares:crisis, deuda, paro, traslados forzosos ,y si no, a la calle (o a Laponia), represión a los estudiantes que protestan por falta de calefación, bajada de sueldos, aumento de jornada laboral, despidos y por consiguiente más paro, y todo ello envuelto, ¡otra vez!, en un lenguaje chulesco,de vencedores. Volviendo a tu articulo sobre Kraus Y su frase:“Política es participar en algo sin saber para qué”, pienso que la raíz está en la palabra “para que”, puede que no sepan para que, pero sí saben el por qué.

    • Claro que ellos (mi padre siempre decía ellos cuando quería decir ellos, los de allá) saben por qué. Pero la pregunta máxima del humano es para qué. Si supiéramos responderla, y aun menos, si sólo nos la planteásemos, habríamos avanzado un paso (no un pasito) en ese camino de perfección en que consiste el progresismo: creer en el progreso, materia de fe en la que cada vez es más difícil creer

  5. Esther dijo:

    Bueno ante todo quería felicitarte Miguel por la recomendación de “Die Fackel” de Karl Kraus y tu fantástica entrada. Y comento: La frase que nos recomiendas para meditar está insertada dentro de su árticulo: El Progreso. Este artículo, bastante satírico, encierra una visión sobre el progreso que seguro muchos considerarán reaccionaria pero que yo calificaría más bien de reactiva. Y tienes razón, ha pasado más de un siglo desde que se publicara y el tema sin embargo no ha perdido actualidad. Parece ser que progresamos mucho en el consumo, en otras cosas menos. Pero volviendo a la profunda frase : “Política es participar en algo sin saber para qué”. Sigue diciendo Kraus en su artículo: “Pero cuando no es ni si quiera esto, puede ocurrir fácilmente que el progreso se nos revele como la cosmovisión del delegado de los bomberos voluntarios de Pardubitz. Esta decepción me ha llevado a acostumbrarme a buscar el principio del desarrollo cultural solamente en aquellas regiones de la vida que se escapan de la pelea con el idioma” Lo de “la pelea con el idioma” es porque anteriormente se refirió a un frase que le había emocionado mucho de jovencito pero que más tarde por las consecuencias que acarreó le hizo desinteresarse por la política. La frase: “los alemanes en Austria habían sido >>violados<< por los checos". La “violación” , comenta, terminaría en “pelea”. Teniendo en cuenta esto: "Política es participar en algo sin saber para qué” quiere decir, entonces, que la política no obedece a cuestiones de la razón sino más bien de las vísceras? Vamos dicho de una manera “peleada”, la política dirige todo su potencial a las emociones? Será por eso que en Grecia e Italia han tenido que dejar gobernar, por un tiempo, a un grupito de tecnócratas? Claro con tanto “tráfico de sentimientos” y “bunga bunga” tenían asfixiada la razón. Y nuestros municipios, están gobernados por …voluntarios de Pardubitz? Y si nos centramos en el "para qué" pues creo que según decia Weber podíamos considerar dos castas políticas, los que el "para qué" significa "ganar dinero" y los que "quieren conseguir algo en la sociedad", que dificil lo tenemos pero lo importante es "participar".

    • Evidentemente, Esther. Lo malo es cuando ese para qué consiste en ganar dinero en su inmensa mayoría (aunque honestos, los hay, ¡pero tan poquitos!). Aquí en España, cuando saltó el escándalo de Marbella, se publicó una frase que dijo cierto individuo con poder en el ayuntamiento marbellí: “yo, cualquier firma, la cobro”. Es de escándalo. Creo que a los políticos, sean locales, provinciales, autonómicos o nacionales, hay que pagarles bien porque son gestores y tienen una responsabilidad, pero 1º: al que apañe, es decir al que robe, no sólo se le inhabilita como político, sino algo peor, no sé. 2º ¿para qué quieren tantos asesores, que luego utilizan para que éstos, amiguetes de amiguetes, también se enriquezcan?; si ellos no son capaces de gestionar y saber, que se dediquen a otra cosa. 3º que los salarios de esa gente sean proporcionales, es decir, no puede ser que un edil de ayuntamiento diminuto cobre más que un ingeniero de una empresa o un médico de hospital. Pero en fin, todas esas cosas se han conseguido tradicionalmente en la historia con algo de sangre y esfuerzo. Si queremos defender la democracia, que es el único sistema en el que a mí no me fusilan, pues ya sabemos lo que debemos hacer. LO malo es que para defender lo suyo, que es el amañar cuentas corrientes, ellos no van personalmente a luchar por lo suyo, sino que mandan a la policía, que son tan pamplinas, por lo menos, como nosotros mismos.

  6. GART dijo:

    Creo que, en este momento histórico, la prensa se aleja a pasos agigantados del ideal de Die Fackel. No se trata ya de que cierren diarios como Público, que tenía su sector al margen de las clases dominantes, es que se ha instalado ese gran mal del periodismo denominado con el triste eufemismo de “línea editorial” y que en lenguaje llano significaba “no muerdas la mano que te da de comer” o “cállate la boca cuando te conviene”.
    La discusión sobre el significado de la verdad ya está fuera de todo alcance. No hay verdad en ninguna parte, porque la realidad es de por sí una manipulación. La realidad es mentira, no me canso de decirlo. La censura se ha instalado en televisiones, prensa escrita y radiofónica, y todo está sesgado. No se publican textos íntegros de sentencias (demasiado largas para el vulgo¡?) ni razonables críticas a la acción de la prensa. Hace poco pudimos ver una imagen de una agresión flagrante de un policía antidisturbios a una joven, mientras el locutor decía aquello de: la presunta agresión…
    Cuando uno tiene que morderse la lengua tantas veces, llega el momento en que te duele de tanto apretar las mandíbulas.
    Una reflexión optimista: o tal vez debería decir “ingenua”: Todos las crisis han desembocado en cambios sociales impulsados desde las clases más débiles o desfavorecidas. Puede que la influencia de la prensa esté tocando a su fin y esta pequeña ventana a la libertad de expresión que es internet sea la plataforma para que empiece a pasar algo positivo. Ya sé que no es realista, pero el realismo nunca ha hecho mejorar nada.
    Gart

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