Tienen más ideas que una burra peos

Sé que el título suena fuerte, vulgar y, si me apuráis, grosero, pero es cierto que lo decía mi padre para referirse a personas que hoy piensan una cosa y mañana otra, o para personas que, como denuncia Alicia, la de Carroll, tienen muchas ideas pero no tienen ni la más remota ídem de cómo llevarlas a cabo. Vivo en Cájar, pueblo dormitorio cercano (5 km. hasta la entrada sureste) a Granada. Junto al mío hay otras dos poblaciones semejantes aunque más grandes, Huétor Vega, más próximo a la capital, y La Zubia (sus habitantes son zubiéticos), más alejado. De no escoger la carretera que enlaza mi pueblo con la circunvalación de Granada, puedo llegar a ella atravesando parte del pueblo de Huétor Vega. En realidad la carretera roza el pueblo sin atravesarlo, pero pasa al lado de la iglesia. Bien, hasta hace unos meses se había habilitado una calle, con casas por un lado y campo o restaurantes por el otro, de doble dirección, vetando el paso junto a la iglesia a no ser que uno quisiese entrar en el pueblo de Huétor. Costó un dinero asfaltar y disponer esa calle de doble dirección. Hasta que, no sé si el nuevo alcalde o lo que sea, pensó si no sería mejor dejarlo como estaba antes de esa disposición descrita, dejando la dichosa calle de una sola dirección y permitiendo el aparcamiento, y obligando a los coches con dirección hacia Granada a pasar por otra calle, reabriendo una que había quedado cerrada al tráfico y peatonalizada. No se crea que estoy hablando de grandes distancias sino de escasamente 10 metros de calle. No se crea que esa calle peatonalizada está ahora mucho peor o más inhóspita, pero donde ayer dijeron los otros diego, digo yo ahora digo. ¿Por qué?

El otro pueblo que flanquea al mío es La Zubia, como ya he dicho, una villa con mucho comercio. Tiene una calle larga en el centro, calle de doble dirección que padecía ancestralmente los aparcamientos en doble fila y una circulación más semejante a slalom que a cuidadosa conducción para no atropellar peatones. Idea genial, esta sí, en serio, fue poner, dividiendo ambos carriles, pilones de goma, que no dañan los coches pero impiden el aparcamiento en doble fila porque, si uno lo hace más allá de los permitidos dos minutos, puede generar un atasco de mil pares de narices. Bien, pues de aquí acá los quitan. Luego los vuelven a poner. No parece que tenga nada que ver con fines de semana ni nada parecido. Tal vez sea para que los del paro pagados por el Ayuntamiento tengan algo que hacer, o acaso piensen que es como los puntos de una operación quirúrgica, que cuando ya cicatrizó la herida deben quitarse, asimilando esta obligación fisiológica a la costumbre de no aparcar ya en doble fila, asunto en el que, por supuesto, se equivocan de medio a medio.

Hace un mes estuve en un pueblo de la provincia de Córdoba llamado Carcabuey, donde su alcalde es amigo de mi amigo José Luis Gärtner (por cierto, os recomiendo visitar su blog: http://gart-mardenubes.blogspot.com/). Cuando Antonio, el alcalde, fue concejal de cultura, y en tiempos de mayor abundancia, consiguió levantar un edificio donde debía ubicarse, además de una biblioteca bien surtida y una sala de exposiciones pequeña pero apropiada a un pueblo de 2500 habitantes, una sala de teatro, utilizable para asambleas, reuniones, conferencias, incluso mítines, etc. Parece ser que en ese pueblo hay una gran afición al teatro y a la sala se le daba utilidad. Cambió el equipo de gobierno y pasó de IU a PSOE. Los nuevos ediles, con su alcalde al frente, allanaron la sala de teatro, que se había construido en un desnivel aprovechando el natural de un pueblo construido sobre una colina (si algo hay caro en construcción son los desmontes) e hicieron un ambulatorio, grande como para un pueblo de 10000 habitantes, aun sabiendo que es el SAS, Servicio Andaluz de Salud, quien se encarga de construirlos y dotarlos, a todas luces excesivo para el pueblo, dejando a éste sin salón de actos o de teatro. ¿Necesitaba la villa un ambulatorio y no un teatro?, ¿lo hicieron por considerar que ese era un lujo inútil que no debían permitirse?, ¿tanto se retrasaba el SAS en hacer un ambulatorio o acaso es que no lo había? ¡Qué va!, toda la historia se resume en, si lo han hecho los contrario tiene que estar mal hecho, y yo, no sólo les enmiendo la plana sino que demuestro que son unos patanes, inútiles, derrochadores, y nefastos gestores. ¿Porque practico una leal oposición, haciendo de veras lo que debe hacer una oposición, es decir, oponerse a lo que consideran una barbaridad o una patochada? ¡Quia!, por el aquel de que “al enemigo ni agua”.

Pero estas cosas, se me objetará, rozan la malversación de fondos públicos. No se trata sólo de edificar aeropuertos inútiles o escuelas de circo sin circenses, también esto es no darle ningún valor al dinero público. Claro que, llevando las cosas al absurdo y aplicando las leyes de Keynes, entretener la mano de obra en paro en construir absurdideces o no, para inmediatamente (no se le da una vida superior a cuatro años, hasta que entren “los otros”) derribarlas, podría solucionar muchas cosas. Es muy sencillo: se derriban las catedrales puesto que las construyó la Iglesia y se edifican plazas de toros, así, cuando lleguen los antitaurinos, se podrán derruir y edificar hospitales, para así, cuando lleguen los contrarios a las vacunas y demás ardides de la industria farmacéutica para vender más, echarlos abajo y edificar puentes para tirarse desde ellos, sin goma, claro.

Este desprecio olímpico por el valor del dinero público se compensa en lo pequeño con otra multitud de pequeños fraudes o cosa peor que practicamos los diminutos, los que carecemos del poder de ponernos a hacer cosas grandes pero sí lo tenemos de chupar del bote. Por ejemplo ¿se podría acusar de malversación de fondos públicos a los alumnos andaluces y de otras comunidades donde los libros de la Educación Obligatoria son gratuitos, proporcionados por los Gobiernos Autonómicos, y jamás los llevan al Instituto así se les exija con voz estentórea? Yo no sé qué experiencias tendrán quienes esto lean, imagino que todos amigos, pero la mía era de clases con el ¡¡¡50%!!! de alumnos que no llevaban ni libros, ni lápiz, ni bolígrafo ni nada que recordase la obligatoriedad de hacer algo. ¡Y luego percibían becas de estudios!, ¡becas que desde luego nadie les exigía que devolvieran al constatar resultados catastróficos! Luego te decían aquello de “mi papá, que no ha trabajao en su vida, tiene un coche mejor que el suyo y una casa mejor que la suya”. Bravo. Son abusos evitables, naturalmente, pero para ello habría que ponerse en contra al electorado: bastaría con exigir el pago de una mensualidad de colegio no subvencionado al alumno que, no por olvido excepcional, sino de hábito, se abstuviese de usar ese material dado con los impuestos de todos (en ocasiones, excepto los de sus padres). De hacer eso, os aseguro que el chaval llevaría a clase hasta la Espasa. De aquí a unos años tendríamos una generación de campeones en halterofilia.

Cuando se decía, hace años, que todos esos abusos se evitaban con un poquito de control, se contestaba aquello de ¿y quién controla al controlador? Es muy bonito, pero da la sensación de que ya iría siendo hora de que creciéramos una “mijilla”.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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