De obnubilaciones, toros, Mas y otras minucias

Tentado estoy, mas no caeré en esa tentación, de escribir sobre la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, pues sabido es que, aun asegurando que la causa de esto que yo hago es esa, la realidad demuestra que la causa es esotra. No se prohíben los toros en Cataluña por piedad y compasión hacia el tormento al que se somete a esos animales, si bien tal es el motivo esgrimido por muchos manifestantes, devoradores de hamburguesas, que lloran de pena cuando se mata un animal pero se comen un plato de lo que sea, aun conociendo la forma industrial en que se asesina a éstos, electrocutándolos en masa en los mataderos. Los toros se prohíben porque es una fiesta española. Y tentado estoy de reaccionar patafísicamente asegurando que ¡qué escándalo!, me he enterado de que en Castilla se orina, luego en Cataluña habría que abstenerse de tal cosa, o bien modificar sustanciosamente el acto miccional, meando hacia arriba, por ejemplo. Porque además, también supe, por noticieros médicos, que Franco asimismo meaba, aunque mal porque le costaba encontrársela. Repito, no voy a caer en la tentación.

Tampoco voy a hablar de las declaraciones de Artur Mas (continúo ignorando por qué en los telediarios se pronuncia su nombre como si fuera Arthur o bien Ártur, y no Artur, como suena, tanto en catalán como en español) asegurando que, después de las críticas a la política educativa catalana, un alumno de ahí habla mejor el castellano que un andaluz. Y no voy a hablar de ello porque el señor Mas tiene razón: no hay más que recordar las palabras de Unamuno asegurando que era más fácil para un madrileño comprender a un catalán hablando en su lengua que a un sevillano o a un gaditano garlando como lo hacen; por otra parte, según el informe Pisa (al que todo el mundo maldice) sobre la educación, los resultados sobre el nivel de dominio de la lengua española por los alumnos catalanes es superior al obtenido por los andaluces y de otras comunidades. Pero el señor Mas no lo dice por eso, entre otras cosas porque ignora, o quiere ignorar, que en Andalucía, lo mismo que en Colombia, Cuba, Argentina, Murcia o Extremadura, no se habla castellano, se habla español porque el castellano lo hablan en Castilla y es una forma, tan digna como otra, de pronunciar el español. El señor Mas ha caído en ese lugar común, tan manido, de considerar al andaluz como ente farfullante, balbuceante y parecido a meón recién brotado de la chafallada (ver DRAE: escuela de párvulos). Es el mismo sentimiento de superioridad que hace considerar al valenciano como un hablante del catalán cateto, burdo e inculto, ignorando, en lo que se suele caer en la más feroz ignorancia, recordatoria de esa a la que tanto critican, que el valenciano es un catalán conservado más como se hablaba en el tiempo de la conquista del reino de Valencia, y por lo tanto, con más solera. Y ese es el auténtico motivo de esas declaraciones. Pero no voy a hablar del señor Mas.

Sí hablaré de una confusión que se está dando en nuestro país, que es la que hay entre ideas o ideología y realidad. Se valora, no lo que se hace, sino lo que se dice que se va a hacer, lo que se debería hacer, o lo que yo aseguro hago y en eso me diferencio de los otros, aunque mis palabras sean una falacia y, en realidad, los otros hagan lo mismo que yo, aunque yo lo maquille con ideas bonitas y hermosísimas palabras. Kant, amigos míos, Kant: las cosas son como deberían ser. Si esto fuera así de veras, mirad, nada mejor que el cristianismo y su máximo representante terreno: la Iglesia Católica, porque lo importante es la idea, el amor generalizado. Que se haya quemado a unos cuantos es irrelevante, un asunto puntual, como dicen ahora los políticos o quienes aspiran a serlo, siempre ignoraré si eso de puntual es porque se produce a las cinco en punto de la tarde. Un colega y amigo, muy querido por mí, y admirador en inicio de las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero, me dijo no hace mucho que en este país se ha perdonado todo a la izquierda. Es cierto, se le ha perdonado lo mismo que se perdonaba en las décadas tercera, cuarta, quinta y sexta del siglo pasado, y a pesar de las denuncias de gente honesta como Albert Camus, Andreu Nin, Gide u otros, a la URSS y al estalinismo todas sus barrabasadas porque eso era la izquierda. Aquí no ha habido asesinatos, bien es cierto, pero sí tropelías que hemos querido ignorar porque las hacían gentes de izquierdas. No defiendo a Esperanza Aguirre y su política educativa, pero mientras se han denunciado por activa y por pasiva los recortes en profesorado en la Comunidad de Madrid, nos encogimos de hombros cuando rebajaron el sueldo a los profesores, lo mismo que a otros funcionarios (que por cierto, es falso que fuera una rebaja del 5 % porque como redujeron más considerablemente las pagas extras, el tijeretazo creció con ello, en el salario anual, hasta el 7 u 8 %, asunto del que no se habló), y aún nos encogemos más de hombros cuando en la Comunidad Andaluza reduce la Junta la subvención anual que da a los Institutos Públicos (no hablo de los concertados sino de los PÚBLICOS), y que sirve para su funcionamiento interno, pagar electricidad, calefacción, teléfono, dar dineros a los departamentos didácticos para que adquieran libros y algún material escolar, o proporcionar materiales para poder trabajar en los talleres a los Ciclos de Formación Profesional, la ha reducido este año en un 40 %, pero por supuesto, como eso no afecta al bolsillo de los profesores y sí a la calidad de la enseñanza, y como, más por supuesto aún, Griñán y Chaves (don Corleone en la sombra) son de izquierdas, la medida no va encaminada a privatizar la enseñanza ni a eliminar la pública, ¡qué va!, ¿cómo va a ser eso?. Bueno, pues de esto sí me gustaría hablar. De la obnubilación, del encandilamiento ante una palabra sacrosanta que justifica arbitrariedades sin cuento: la izquierda. ¿Qué más da que quienes la pregonan actúen exactamente igual que otros? ¡Qué bonito!, ¡son de izquierdas! Obnubilación que ahora se traduce, publicitadas esas barbaridades, esa incapacidad para resolver asuntos, en la sobada pregunta, ¿y ahora qué hacemos?, ¿a quién votamos?, porque los del PP son fachas. Pues veréis, si fueran fachas no se presentarían a las elecciones o finalmente darían un autogolpe de Estado como hicieron Mussolini o Hitler. Además, ahora ya es también notorio un fenómeno que clarifica esa manía tan hispana y ciega de atribuir franquismo a un partido democrático (aunque tampoco yo esté de acuerdo con ellos): la respuesta a aquella pregunta de dónde se metieron los viejos militantes franquistas que tanto molestaron en la transición es: la mitad en un partido mayoritario y la otra mitad en el otro.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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3 respuestas a De obnubilaciones, toros, Mas y otras minucias

  1. Leonardo Villena dijo:

    Es triste el antiespañolismo que hay en Cataluña aunque la Caixa tiene el 75 por ciento de su negocio en el resto de España.Son españoles para lo ques interesa y, cuando no, ¡que os jodan…!

  2. gart dijo:

    Yo sólo cambiaría la frase de: “Pero no voy a hablar del señor Mas”por esta otra: “Mas no voy a hablar más del señor Mas”. Quedaría más pintoresca. Con el resto estoy de acuerdo. Aunque creo que son los políticos del PP los que más se resisten a quitar estautas ecuestres del caudillo, manos al viento con alas, y JOSEANTONIOSPRESENTES y tal y tal. Da igual las siglas: son todos unos rancios.

  3. gart dijo:

    “No os quejéis de los recortes de sueldos a los funcionarios. Son absolutamente necesarios para seguir insuflando dinero a los bancos”
    Kant Aor

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