Celebración del 125 aniversario del Centro Artístico de Granada

El pasado 12 de abril se celebró una cena en conmemoración del 125 aniversario de la fundación del Centro Artístico de Granada, por el que pasó toda la intelectualidad del siglo XX que, de una forma u otra, tuvo que ver con la ciudad. Dicen que don Fernando de los Ríos estaba cierta tarde solazándose en la lectura del periódico en el Centro Artístico cuando escuchó interpretar a Beethoven con alguna gracia. Se asomó al salón del piano y allí estaba Federico García Lorca con su apasionamiento sobre el teclado. La cena conmemorativa fue en el hotel Alhambra Palace, ese refrito de lujo y arabescos, esa “morería” que señorea la ciudad desde lo alto tanto como el Carmen de los Mártires, la misma Alhambra o el auditorio Manuel de Falla. Fue de etiqueta. Sí, señores, de etiqueta. Es decir, que las mujeres debían ir de traje largo (más de una se presentó con pantalón) y los hombres de chaqué o de traje. La justificación de esto es gregoriomoraliana, o al menos él fue quien en la convocatoria aportó los argumentos. ¿No está de moda la falta de formalidades?, pues nosotros las derrochamos. Demostración impecable. Es cierto que en una sociedad tan formalmente antiformal, lo bueno es llevar la contraria. De ahí viene lo que digo al principio de mi discurso sobre la corbata, porque en efecto, me la puse hacia atrás, sujetándola al hombro derecho con un imperdible (me viene de madre: mi mamá tenía predilección por los imperdibles), mostrando la etiqueta. Amenacé a Gregorio Morales, inventor, con presentarme de etiqueta, es decir una etiqueta enorme, y nada debajo. Yo creo que le di hasta miedo.

Independientemente de los atuendos, la pasamos bien. La cena, estupenda y el ambiente, inmejorable. Asistieron algunas autoridades granadinas, que no derrocharon (o se la reprimieron, que para el caso es lo mismo) esa sonrisa displicente que los políticos acostumbran a plantarse en mitad de la jeta cuando no han sido ellos quienes han organizado algo.

Me pidieron que representase al Institutum Pataphisicum Granatensis. Pedí auxilio a nuestro Rector Magnífico y tuvo un ataque de pánico: ¿cómo, él, tan tímido, va a sufrir de nuevo el suplicio potresco de verse obligado a hablar en público? Pedí ayuda, por el aquel de no perorar solo, a Andrés Sopeña, también miembro del insigne club patafísico: aseguró que, por no tener, no tenía traje ni oscuro ni claro (“no traje traje”, susurró enigmático por el teléfono), y que a él, eso de hablar para autoridades, se la refanfinfla. Bien, toreé solo los seis morlacos. Y me empitonaron. Me empitonaron porque luego hubo comentarios de todo tipo: unos entendieron “mierda” en lugar de “¡Mierdra!”, el grito guerrero patafísico; otros creyeron que me lo había inventado todo, como si mi caletre diera para tanto (me inventé lo del martillo y lo de la picadora, pero se lo juro, eso fue todo). Creo que hubo montón que no se enteraron absolutamente de nada. Bravo. Aun después de Cortázar, tenemos la fea costumbre de hacer sólo cosas útiles. Aun después de Duchamp y sus objets trouvés, sigue habiendo quien cree que el arte es sagrado. Por cierto, ¿ustedes saben lo que es el arte?, pues morirte de frío. En fin, lean, quienes no estuvieron allí y no lo escucharon, y juzguen. Y luego, si tenéis narices, venid aquí y apedreadme, que os recibiré como merecéis, mamones.

“Es evidente que la introducción a la patafísica y a las actividades (ocultas ahora mismo) del Institutum Pataphisicum Granatensis, no podía hacerse, ni de etiqueta porque ésta es lo contrario a lo que se estila, ni de trapillo por ser la moda. Como pueden observar, la etiqueta estaba en la corbata, pero al quedar situada en su reverso, me he visto obligado a darle la vuelta si quería mostrarla. En mi solapa luzco la insignia de nuestra Institución, que ustedes podrán ver desde sus mesas con todo detalle puesto que les atribuyo sin la menor duda, una vista de lince, y en la que se representa la espiral patafísica, que es la manera de dar vueltas sin llegar absolutamente a ningún lado, o también es el camino más largo entre dos puntos, así como la leyenda Institutum Pataphisicum Granatensis.”

“La desocultación de éste, IPG de aquí en adelante, si es que va a haber algo por delante, sucedió en 2005, cuando un servidor conoció a su Rector Magnífico y Perezoso, a pesar de lo cual tiene dos hijos, Ángel Olgoso. Conmigo ya fuimos dos. Hasta entonces, el Rector se había regido a sí mismo y sigue igual. Me hizo mi diploma, imprescindible, y luego el asunto empezó a crecer. No me sean mal pensados, empezó a crecer en número de adeptos o catecúmenos, alcanzando ahora mismo la cifra exacta de taytantos, con nombres importantes como Andrés Sopeña, Gregorio Morales, Fernando de Villena y el PepeLeches.”

“Pero ¿qué es la patafísica?  Si la metafísica es lo que está más allá de la física, la patafísica es lo que hay más allá de la metafísica. Epi ta meta ta physika, en griego, pero si contraemos el griegajo (si hay latinajos, deberá haber griegajos), y onomatopeyizamos, sale patafísica, es decir, la ciencia que se sobreañade a la metafísica. En ella, todo fenómeno es siempre individual, un accidente, una anomalía, de modo que la Patafísica es la ciencia de lo particular, puesto que la ciencia atiende a lo general. La patafísica es, así, la ciencia de las excepciones. Por ejemplo, ustedes creen que cuando se suenan salen de sus narices mocos, como a todo el mundo; pues bien, eso no es cierto: al único que le salen mocos es a usted, o a usted o a usted, al resto le salen… no voy a entrar en detalles. Otrosí: ustedes creen que yo hablo para ustedes, pero se equivocan, hablo para quienes no están aquí, porque no quisieron venir o porque no trajeron traje. También es la ciencia de las soluciones imaginarias, de modo que lo que ustedes toman por micrófono, es en realidad, no el artilugio para dar volumen a mi voz, sino a la vez un helado de chocolate negro y el invento para que podamos comunicarnos con Juan León y decir, ¡ey, Pichabrava!, ¿un vino?”

“La primera vez que aparece la palabra impresa es el 23 de abril de 1893 (el día del libro, ¡qué bonito!), en una obra de Alfred Jarry, padre putativo de esta ciencia, aunque cuando toma carta de identidad es en la novela del mismo, publicada póstumamente en 1911, Gestas y opiniones del Doctor Faustroll. Jarry fue un escritor francés, un poco chiflado y adepto a la absenta, muerto a consecuencia del abuso de ella, y que, junto a Lautreamont, fue antecesor de las vanguardias del siglo XX, surrealismo, dadaísmo, futurismo, etc.”

“Pero fue en 1949, el 29 de diciembre, que se creó el Instituto Patafísico de París, pionero de todos los demás, con gente de la cultura como Raymond Queneau, Max Ernst, Boris Vian, Dalí, Duchamp, Georges Perec, Umberto Eco, los Hermanos Marx, Fernando Arrabal o Italo Calvino. Existen hoy tres Institutos Patafísicos en nuestro país: el de Barcelona, el de Valencia y este de Granada. Aprovechando su presencia en el Hay Festival de Granada en el 2008, nombramos Sátrapa Honorífico a Umberto Eco.”

“En sus estatutos, que los tiene, aunque todos nos los pasemos por el arco del triunfo, existe un Vicecurador o Big boss, que tras haber pasado de mano en mano, como la farsa monea, ha recaído desde el año 2000 en el cocodrilo Lutembi, habitante del lago Victoria y que da sus órdenes, consignas y ucases arañando la arena de la orilla con las patitas. Y es que en esos estatutos está especificado que el Vicecurador será un ser vivo, pero en ningún caso asegura que deba ser un humano. El Vicecurador está asistido por un Rogador, por los Protodatarios y los Deuterodatarios. Viene después el Cuerpo de Proveedores, los Regentes de Cátedras y el Cuerpo de Sátrapas. Estos son los Optimates, pero luego está la tropa de a pie, formada por Enfiteutas, Auditores y Corresponsales, categoría que puede adquirir cualquiera de ustedes, los aquí presentes, sólo con echarle un poquito de voluntad. Ya he dicho que nuestro Rector Magnífico y Perezoso, Ángel Olgoso, tiene a pesar de su pereza dos hijos. También yo tengo dos hijos, lo que demuestra patafísicamente que en ese aspecto la pereza es del todo irrelevante. Cada uno de los Optimates dispone de títulos rimbombantes, títulos acordes con sus aficiones, preferencias o especialidades. Así, yo soy Sátrapa Trascendente, Regente de la Cátedra de Apoteosis Novelesca Aplicada, Administrador de la sub-Comisión de Ciencias Practicables e Impracticables y Secretario del Departamento de Cábala Agnóstica. Puede suponerse que si todos estos títulos se tradujesen en medallas, no tendríamos pechos para ser cubiertos por tanta chatarra.”

“Algo que añadir: una nueva época, como la época patafísica, requiere un nuevo calendario: un año de trece meses de 28 días, nombres para cada mes, un santoral laico para cada día y una fecha de arranque: el 8 de septiembre de 1873, día del nacimiento de nuestro Padre Fundador Alfred Jarry. Hoy es, así, el 21 Clinamen 138 de la Era Pataphysica, Vigilia de la Natividad de Ensor, fabricante de máscaras, y vigilia a su vez de una de las fiestas más importantes del susodicho calendario: la  Fiesta Suprema Segunda,  Fiesta de los Poliedros. El próximo miércoles, día 20, es, por seguir abundando, San Cocodrilo. Asimismo, disponemos de un grito de guerra que es Merdre, o traducido, Mierdra, atribuible de todas todas al gran personaje teatral de Alfred Jarry, Padre Ubú, padre, como su propio nombre indica, de todo el teatro del absurdo del siglo XX y parte de los anteriores.”

“Se ha hablado mucho de los diferentes inventos patafísicos. En la presentación que se hizo en la Asociación de la Prensa granadina se mostró el gilipollómetro, máquina interferónica, lignosa y gástrica, con fichicas, numéricos y demás parafernalia. En el seno de nuestro Instituto se han elaborado sesudos estudios demostrando cómo las aspiradoras y los carritos de la compra tienen voluntad propia, es decir alma, o que el Más Allá y la Patria tienen la consistencia y textura de los excrementos caninos, asunto peliagudo éste pero de fácil acceso aun para mentes abstrusas si se piensa que lo escatológico es al mismo tiempo el Más Allá y lo que ustedes ya saben y que está feo nombrar después de cenar, es decir la mierda, y que se liga con toda evidencia con el tema patriótico por las banderitas que las Luchadoras Impertérritas contra las Deposiciones Caninas en nuestras Calles, sitúan estratégicamente sobre aquéllas (ya las he nombrado bastante) como protesta por tanta suciedad perruna. También se ha instituido por el IPG el Premio Internacional A. Fernández Molina al Espíritu Patafísico.”

“Respecto a las actividades en las que estamos metidos, puedo hablar de algunas, el resto son secreto de Estado. Proyectamos y queremos construir una picadora inversa, capaz de, a partir de la hamburguesa, revivir a la vaca aunque ésta tenga el tamaño de un chihuahua. También un martillo neumático quebradizo e insonoro; esto último es lo más importante porque ¿qué utilidad tiene un martillo neumático en las obras callejeras?: ¡que haga ruido! O la brújula que no señale al norte sino al oriente; a fin de cuentas, ¿para qué sirve una brújula?, para que usted se oriente, ¿no?, pues que señale al oriente, como dios manda; y al occidente, y al septentrión, y a la pérfida Albión. Estamos elaborando la biografía del ínclito T. H. Agapito Trasconejo, autor teatral, pintor, arquitecto, músico, ingeniero, bolígrafo (nótese que he dicho bolígrafo y no polígrafo, pues ha sido con ese instrumento que ha escrito toda su vida, concretamente con un BIC aun antes de que se inventara), verdadero autor de Las señoritas de Aviñón, pintado basándose en sus experiencias africanas y que le regaló a Picasso, el cual, le añadió su propia firma y lo vendió a un pardillo por una pasta gansa, así como auténtico hacedor de Mein Kampf, puesto que Hitler no podía escribirla por ser analfabeto; el verdadero título de esta novelita era Mis Cojones, pero al austríaco le pareció un tanto grosero y lo cambió a su albur; Agapito Trasconejo se ha demostrado también como indiscutible progenitor de Lady Di, por un asuntillo que tuvo con Barbara Cartland, perpetradora de novelas rosa. Asimismo, hemos descubierto al filósofo presocrático Porrón de Elea, cuya principal característica era el inmenso deseo de visitar la China al tiempo que la imposibilidad de ello porque los chinos, con su típica confusión de consonantes líquidas, le llamaban Pollón de Elea.”

“Un asunto destacable y que pertenece al ámbito de la, digamos, patafísica involuntaria, es el hecho de que nuestra Tertulia del Salón sea tan así que celebremos nuestras fiestas y orgías en La Yerbabuena, como la Jet Set marbellí.”

“Me dejo muchas cosas en el tintero porque no hay tiempo, aunque en el ocio, curiosamente, es lo que más debería haber, para hablar tan largo y tendido. Lo de tendido, sobre todo, es un tema que me apasiona. De modo que lo dicho, repitamos el insigne grito: ¡¡Mierdra!!”

Por cierto, para quienes no pertenezcan a nuestra Tertulia del Salón y lean este blog, aclarar dos cosas: actualmente, la tertulia se reúne los miércoles en un bar granadino llamado la Hierbabuena, donde nos tratan como a príncipes, tanto en las cervezas como en las tapas, teniendo el detalle, siempre de agradecer, de no ponernos cagamucho en los refrescos. Otrosí: Juan León fue contertulio y poeta maravilloso, fallecido ya y muy querido por todos nosotros.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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2 respuestas a Celebración del 125 aniversario del Centro Artístico de Granada

  1. Buenas noches, Miguel:

    Entre alegre y triste, recibo la noticia de esta entrada en tu Blog.

    Guardo muy gratos recuerdos de mis apariciones-intervenciones en y por el Centro Artístico y Literario de Granada.
    Quisiera haber podido asistir a la celebración de su 125 aniversario, pero sigo anclado aquí, en “mi potro de tortura”. Muy calculadamente renal.

    Más, habría deseado asistir -aparte de por la cena en el Palace- para haberme reencontrado con los miembros de la Tertulia del Salón. Contigo, con Gregorio, etc…
    Pero… “ni flores”, querido amigo: apenas puedo bajar a la cafetería del barrio cada diez o doce días, aproximadamente.

    Por la prensa, y casi a toro pasado, me enteré de la celebración concreta en el Palace, y de que estuvisteis por allí.
    Tampoco sé, a ciencia cierta, si alguien quiso invitarme.
    En estos tiempos, apenas reviso esta casilla de correo, de las muchas que tengo para según qué asuntos.

    Como fuere, me alegro de tu alegría y de tu expansión con el asunto del Institutum Pataphisicum Granatensis.
    Eso te da la vida; y ya, a estas edades, “eso” es bastante… ¿O no?

    Recuerdo -ya, lo digo aquí, al no haber podido decirlo allí- que mis tres fundamentales y gozosas apariciones-intervenciones en y por el mencionado Centro Artístico fueron las siguientes:

    1.- Una actuación, cantando a dúo, en 1964.
    Mi profesora de violín -Paquita Alonso, aquella gran señora-, en primera fila, con su
    exquisito oído y, sobre todo, con su agudo “ojo de halcón” -tenía una mirada penetrante y muy divertida- estuvo controlando si, en algún momento, yo “me iría” del “afine” de las cuatro canciones que ejecuté.
    Me la encontré allí de sopetón…, y las pasé un tanto canutas hasta que, finalizado el acto, me abrazó y me felicitó.
    Sobre todo, por lo del “Bésame mucho”.

    2.- Otra actuación, cantando a dúo, pero acompañado por un pequeño conjunto, en 1965.
    Ahí fuimos como invitados por Juventudes Musicales de Granada, a través de la gestión personal del ínclito Dámaso Alonso. (El literato, no. El músico).

    3.- En 1985, en uno o dos conciertos -creo que fueron dos, pero no podría precisarlo, en este momento- de Música Clásica para Guitarra, que organicé dentro de un Festival de Música para Guitarra Española; en “plan pobre”, pero que, a la postre resultó muy digno. Con intervención de Mercedes Garrido, de Gloria Medina, de la malograda Blanca Tapia, de Lirio Palomar (ya que hubo obras para Flauta y Guitarra, también)…

    Y, desde luego, asistiendo a otros muchos actos en los que yo no fui -ni de lejos- protagonista en nada; aunque, en conferencias y en mesas redondas, siempre acababa entrando al trapo.

    Echo de menos aquel vetusto pequeño teatro; sin, con eso, menospreciar cómo está rediseñado, en la actualidad, el local del Centro Artístico.
    Pero lo echo de menos. Aquel olor “a viejo”, aquellas sillas de madera, aquel viejo piano…
    Al igual que -aunque me pillase muy pequeño- echo de menos al extinto Liceo.
    Y, por supuesto, al Teatro Cervantes, con todas sus incomodidades…
    Y, sin ser taurino -para nada- también echo de menos la vieja plaza de toros que, quizás, debiera de haberse conservado y reconvertido en espacio teatral (no sé por qué, pero su diseño interior, más tarde, lo he venido asociando bastante al del primitivo The Globe de Shakespeare).
    Como que también echo de menos al Palacio del Cine, con toda su apariencia kitsch externa, pero con su majestuosidad interna.

    Volviendo al Centro Artístico, también añoro las tardes que pasé en su biblioteca, junto al responsable de la misma, mi tío Joseíco Úbeda.
    ¡Ah! ¡Aquellos estrechos pasillos, por cuyos rincones se apilaban, como se podía, las pinturas del acervo del Centro…

    Uno, sin considerarse “propietario” de Granada, tiene su propia Granada que convive, a duras penas, y en dimensiones paralelas, con la actual.

    Recibe un abrazo, extensivo a todos los amigos que por allí estuvieron, de parte de

    Antonio Gualda.
    (Desde el córner Sudoeste de Granada, a pique de caerme en plena vega).

    ***

  2. Ricardo dijo:

    Me gustaría saber que titulación mínima se ha de tener para pertenecer a tan ilustre institución (yo dispongo del título de teniente de tranvías en periodo de ascenso y he sido antes de la obligada jubilación doctor de todo tipo de dolencias no dolorosas pero sin ninguna solución, causa esta por la que fui jubilado precipitadamente antes de la edad pertinente. Puedo aportar foto de títulos a todo color) para lo cual yo aportaría la mínima. Atento a sus noticias y al cruzar la calle, aprovecho para enviarles un afectuoso saludo.

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