La lengua del tercer Reich, de Víctor Klemperer

Esta vez me dedicaré a recomendaros un libro: LTI, La lengua del Tercer Reich, de Víctor Klemperer. Aclarar de entrada que LTI son las siglas de Lingua Tertium Imperii, lengua del tercer imperio. Uno podría pensar que se trata de un árido estudio lingüístico sobre el lenguaje (del que todos sabemos tenía especiales características pero no somos conscientes de cuáles exactamente) de los nazis, pero trasciende eso porque también lo es sin que implique el adjetivo de árido, pues se trata de un entretenido (cualquier calificativo que se le dé será inhábil porque lo que contiene es mucha mala saña) relato de cómo Klemperer fue absorbiendo y criticando ese lenguaje, lleno de anécdotas de la vida cotidiana de los judíos, tanto antes de su confinamiento en la “casa de judíos” en su caso, como después cuando se les prohibió todo contacto con la cultura del país.

Víctor Klemperer, nacido en 1881, primo del célebre director de orquesta Otto Klemperer, era catedrático de literatura francesa, especializado e investigador de las creaciones galas del siglo XVIII, cargo que le fue arrebatado en 1935 por los nazis. Se vio obligado a trabajar en una fábrica de sobres y bolsas y recluido en una Judenhaus, casa de judíos, de Dresde, junto a su mujer, Eva, no judía (da no sé qué decir aria porque siempre pensé que las arias eran las piezas para solista de las óperas), gracias a quien sobrevivió por su negativa radical a divorciarse de él, y con quien soportó humillaciones y golpes. En 1945, a punto de acabar la guerra, recibió orden de deportación, lo que significaba su exterminio en Auschwitz o Theresienstadt, pero aquella misma noche hubo bombardeo aliado sobre la ciudad y Víctor y Eva huyeron, arrancándose él la estrella y falsificando su pasaporte en el que modificó ligeramente la m y alargó el rabo de la r de Klemperer, consiguiendo que dijese Kleinpeter, que en alemán quiere decir, graciosamente, pequeño Pedro. Lograron llegar a Munich y allí esperaron a los aliados. Salvó sus diarios, transportándolos en su viaje ni se sabe cómo, y en ellos se basó para escribir este libro. Éstos sólo pudieron ser publicados en 1995 porque las autoridades comunistas de la DDR (se quedó a vivir en su vieja casa, cerca de Dresde) no lo consideraban políticamente correcto.

Voy a poner sólo un ejemplo de sus observaciones, aunque de ellas hay muchas, empezando por la comparación entre la forma de pronunciar el alemán de Hitler, que lo escupía o balbuceaba, y la más correcta del ministro de Propaganda, Goebbels (quien dijo aquello de que “una mentira repetida mil veces adecuadamente, se convierte en una verdad”, lo que ha servido y sirve de principio para tantas campañas publicitarias, desde productos industriales hasta candidaturas políticas). Ese ejemplo que deseo poner es el siguiente: los nazis fueron progresivamente sustituyendo la palabra filosofía (Philosophie) por cosmovisión o concepto del mundo (Weltanschauung). ¿Por qué eso?, pues razona Klemperer que Philosophie conlleva la Razón, la inteligencia, los procesos de abstracción o inferencia, análisis y síntesis, mientras Weltanschauung contiene el verbo schauen, que significa algo así como intuir, tener una visión intuitiva. Conocida es la capacidad de la lengua alemana de crear palabras nuevas juntando adjetivos y sustantivos o incluso verbos con sustantivos, pues bien, esa capacidad la explotaron al máximo, sobre todo aquel ente pensante eficaz, quizá una de las personas más inteligentes del siglo XX, que fue Goebbels (ser inteligente no quiere decir ser buena persona: ya sería hora que a estas alturas de la vida nos quitásemos ciertas vendas de los ojos). Bien, esa visión intuitiva libraba de un pensamiento excesivamente lúcido y reducía todo a una obnubilación en la que el individuo y la comunidad (la masa, porque a ellos que tanto les desagradaba el concepto de masa del marxismo, lo utilizaron a fondo) era conducido en la intuición de que su Führer (guía) sabía lo que había que hacer. De ese engaño, o más bien, de la capacidad de engañar y de la voluntad de la gente de dejarse engañar, también habla por extenso.

La palabra fanático o fanatismo también es objeto de análisis: asegura que durante los primeros años del nazismo, la utilizaron de forma positiva, requiriendo ese fanatismo de sus adeptos y ensalzándolo, en tanto al final se lo aplicaron a sus enemigos, tomando, en cambio, un cariz negativo. En esto de los enemigos hace una reflexión extremadamente curiosa: el odio a los judíos se justifica, en uno de sus aspectos, por el hecho de que si tuvieran muchos enemigos, podría algún alemán pensar que acaso ellos, los nazis, no tuvieran razón, en cambio si sólo tenían uno, el judío internacional, el asunto se simplificaba. Así, los ingleses eran medio judíos porque habían tenido un primer ministro, Disraeli, judío; los americanos eran una mezcla de razas repugnante (holandeses-italianos-irlandeses-judíos-negros; fijaos, no decía nada de alemanes), y los rusos padecían un sistema político, el comunismo, producto de varias mentes judías (Marx, Engels, Trotsky, lo eran).

Por otra parte, destaca que el odio al judío es completamente nuevo en la historia porque se basa en la raza, no en la religión o fe, y además, desemboca en un intento de exterminio total. La palabra que se utilizaba para indicar el Estado racista era völkisch, que es un adjetivo que significa nacional, étnico, y que procede de Volk, pueblo. Habla de la Inquisición española asegurando que, al revés que en la Alemania nazi, en España se consideraba “eximido” de todo cargo al judío convertido al cristianismo, aunque siempre se le vigilase por si judaizaba, mientras los nazis exterminaron a judíos que ni siquiera recordaban que lo eran. Hoy, el racismo (por ejemplo, la barbaridad de Bosnia) funciona así también: no hay nada que redima a la víctima sino su exterminio. La misma palabra exterminio recuerda a algo que se hace con los bichos domésticos: ratones, ratas, pulgas, chinches.

Un libro muy recomendable, pero sobre todo un libro que debe hacernos reflexionar, pues hoy, sin ser el lenguaje político parangonable a las atrocidades nazis, incluso con la lengua (demasiado a menudo mentirosa), sí padecemos un lenguaje que nos arrastra y engaña, haciéndonos comulgar con ruedas de molino. Igual que entonces, hoy sufrimos una deformación que nos hace creer a pies juntillas todo aquello que sea o que proceda, por ejemplo, del enfoque “progresista”, sin que nuestro propio criterio nos permita dilucidar si lo dicho es cierto o forma parte de una propaganda política cada vez más agresiva. Es un principio publicitario en los medios el no hacer alusión a las condiciones de la competencia, evitando comparaciones o citas directas de ella (sólo lo han contravenido algunas compañías telefónicas). Piénsese en el “busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo” o en “yo no soy tonto”, slogans en los que no se alude directamente a la competencia, diciendo que fulano o mengano da menor calidad o precio más caro. Sin embargo, en política actual es aceptado lo de reducir todo a un solo enemigo, lo de atacar siempre al oponente descalificándolo haga lo que haga, en tanto el oyente de esa publicidad o el partidario, lee sólo los periódicos de su tendencia o ve sólo las televisiones afines, ignorando y despreciando a los otros, y está dispuesto a criticar al contrario, haga lo que haga, y alabar al propio, también haga lo que haga. El problema no es del que engaña, sino del que se deja engañar. La lectura de este libro no nos será en absoluto útil si no aplicamos sus enseñanzas al tiempo y a las circunstancias actuales.

Sin ponerme pesado, y por abundar en lo del engaño subrepticio, la semana pasada se bombardearon pueblos judíos en Israel por parte de Hamás con misiles de largo alcance. Hasta 50 misiles. De eso no se ha dado apenas noticia. ¿Por qué?, porque el débil es el palestino y el fuerte el Estado israelí. Es un principio inmutable: pase lo que pase, aun cuando el palestino llegase a convertirse en fuerte, seguiría siendo el débil. Eso también forma parte de un lenguaje engañoso.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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6 respuestas a La lengua del tercer Reich, de Víctor Klemperer

  1. Jvi dijo:

    Muy lúcida tu reflexión, Miguel. Aunque hay algo sobre lo que deberíamos matizar. Las atrocidades nazis fueron de una cruel espectacularidad (no merece la pena entrar en detalles a estas alturas). El genocidio contemporáneo es sutil aunque igualmente eficaz en lo que concierne a la tarea en esencia: extirpar “la razón de ser” de la disidencia, convirtiéndola en algo intelectualmente indefendible y socialmente repugnante. El genocidio contemporáneo no contempla la eliminación física de 6.000.000 de individuos molestos (todos de la misma raza, o civilización, o cultura), sino el consciente, planificado y fríamente ejecutado asesinato del espíritu humano, a beneficio de una ideología única que convierte al ciudadano en manso contribuyente y circunstancial votante, y al individuo en duplicación sin atributos singulares de un paradigma que aborrece cualquier posibilidad de objeción, la cual, de inmediato, se conjetura “no progresista”.
    Goebbels tuvo buenos y aventajados discípulos, no cabe duda, hoy alistados en las filas de la moderna inquisición universal. Te ofrezco una muestra impagable de cómo el pensamiento único distorsiona la realidad para acomodarla a sus intereses. Mira cómo se arroja la sombra de la sospecha contra el ciudadano incómodo ; en este caso, por el simplicísimo método de convertir a una juez que cumple con su obligación en una “controvertida juez”: http://www.elpais.com/articulo/andalucia/juez/examina/Junta/elpepuespand/20110327elpand_1/Tes

    Un abrazo.

  2. Completamente de acuerdo contigo, JoseVi. Todo eso se hace con lenguaje, y es ese lenguaje el que mantiene engañados, embobados, obnubilados, alucinados, fascinados, encandilados a algunos para quienes simple y llanamente, cuando atacan a los míos es una sinvergonzonería, pero si atacan a los otros es justo. Es la ley de la tribu, sin darnos cuenta de que nada hay más pernicioso para la democracia que la tribu, que esa idea tribal de que los míos siempre tienen razón. Fíjate en lo que se dice en el artículo que recomiendas en tu comentario sobre las actividades de la juez Alaya: que convierte “cualquier irregularidad en el ámbito administrativo… en delito”. Mis infracciones son irregularidades, las de la oposición a mi partido, delitos flagrantes. Pero insisto, el horror no procede sólo del que engaña, sino también del que se deja engañar. Estamos aposentados cómodamente en ese marasmo de palabras que nos evitan lucidez y sentido crítico.
    Hay otro matiz muy políticamente incorrecto: Franco no fue de derechas. Sólo en las democracias existen derechas e izquierdas, las dictaduras son sólo eso, dictaduras. ¿O se nos ha olvidado que tanto Franco como Castro reprimieron a los homosexuales? Y lo digo por eso que dicen algunos que el PP es heredero del franquismo. Cuando veo imágenes de las viejas manifestaciones franquistas en la plaza de Oriente, o de las lágrimas en el entierro del gallego, siempre me preguntaba dónde están todos esos: ahora ya lo sé, la mitad en el PP y la otra mitad en el PSOE, Sin olvidarnos de otras siglas nacionalistas o no.

  3. Jvi dijo:

    Lo que tiene mérito, querido Miguel, es que esta gente (toda ella, de muy variado signo aunque en el fondo con muy parecidos intereses), haya conseguido que 32 años después de fallecer el gallego y a treinta de las primeras elecciones democráticas, el “franquismo” (cuerpo doctrinal y movimiento político que nunca existieron), sigan siendo la coartada para que todo el mundo mire hacia la luna mientras el hombre del saco entra por la ventana. Y al respecto del lenguaje, interesante señalar cómo las dictaduras se expresan con perfecta eficacia en “lo que no dicen”, o en lo que insinúan. Lo más terrible de una dictadura no es lo que sucede sino aquello que todo el mundo sospecha que sucede. EL poder de lo invisible, de la palabra sesgada, del gesto amenazador. Fíjate en la impagable expresión, tan anodina aparentemente: “La controvertida juez”. Huy… controvertida. Ya se verá hasta dónde. Que se vaya preparando…
    Ya te digo, ni Goebbels en sus mejores tiempos.

  4. Jvi dijo:

    Fe de erratas: 37 años, no 32. Más de siete lustros hace que el Caudillo colgó los tenis. Y 35 desde las elecciones del 15-J, la UCD y el PSOE, el Libertad sin ira, La Internacional en TV… Si es que ya hasta se pierde la cuenta, de tanto como ha pasado. Eso sí, “el franquismo” sigue siendo culpable de todo. O de casi todo. De lo que no entra en el “casi tod”, los culpables son sus herederos. Tiene guasa la cosa.

  5. maritina dijo:

    Hace mucho que no te escribo,si te he leído; pero de escribir nada, estaba vaga y algo más, ya te contaré cuando nos veamos o hablemos.
    No añadiré mucho más a lo ya comentado. Si, que la palabra es el arma más perfecta, si quiere usar mal, pues mata lenta e isidiosamente y después deja una huella imborrable. Con las palabras amamos y matamos. En los tiempos que corren en esta España nuestra tenemos ejemplos varios, no diré cuales ya todos los conocemos, pero me viene a la memoria una frase de Giner de los Rios “En España le revolucioón pendiente es la del respeto”. Desde entonces tampoco hemos avanzado, si cabe, estamos peor, en lo que toca a la destrucción del adversario, todo vale.

  6. Miguel Arnas dijo:

    Lo malo de la destrucción del adversario, Maritina, es que no se le destruye porque los políticos se mantienen en el puesto unos a otros. Lo malo es que se destruye la democracia, y eso es malo porque ese sistema, la democracia es el único en el que a mí no se me fusila, aunque a veces me humille y las más no me haga ni puñetero caso. Piensa en el personaje de Komarov en el doctor Zhivago: oportunista que sobrevive (¿cómo no?, el ratón espabilado siempre sobrevive pateando la leche y haciendo nata, aunque muchas veces sobrevive a base de apoyarse sobre las cabezas de sus hermanos y ahogándolos) incluso sirviendo al gobierno comunista, porque en el fondo lo mismo le da. Así hay muchos que se disfrazan, y muy a menudo no sólo de demócratas (recordemos en la transición los muchos que decían “demócrata de toda la vida”) sino de izquierdosos. En Andalucía conocemos a unos cuantos.

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