La maravillosa ley que regula el consumo de tabaco

Parece que por fin nuestro insigne gobierno ha comprendido de veras a su pueblo y ha tomado una medida, no sólo europea y moderna sino sobre todo eficaz. Me refiero, como el título de esta entrada aclara, a la ley contra la deleznable costumbre de fumar en los bares, restringiendo además el viejo y sucio hábito de fumar ante la puerta de hospitales, escuelas, en las cercanías de los parques infantiles y en los aledaños de los mingitorios públicos. Es sabida la tendencia ácrata de este pueblo nuestro. Ácrata, que no anarquista (ese fue el error de CNT-FAI durante la Guerra Incivil). La diferencia estriba en que, mientras al anarquista no le gusta que haya gobierno y aspira a su abolición, al ácrata se la refanfinfla que lo haya y sigue haciendo lo que le viene en gana. También es conocida la tendencia hispana (mientras no se demuestre lo contrario, ciertas naciones que se autodeclaran tales y que tienen su hábitat en los límites del territorio, continúan siendo hispanas de la misma forma que yo estoy vivo mientras no me muera o sigo casado mientras no me divorcie) a desear lo prohibido.

Al respecto de esto último, es de destacar cómo durante 45 años nos estuvieron repitiendo que el sexo era malo y vedado, con un éxito relativo porque la verdad es que el natalicio continuaba desbocado, sobre todo hasta que se inventó la televisión. A pesar de esa tabarra, continuamos entonces y seguimos ahora buscándolo con desesperación. Y díganme ustedes: ¿a quién le interesaría una cosa tan desagradable y maloliente como esa si no hubiera estado prohibida?

Corren por ahí (cuando se dice por ahí hoy en día se refiere uno a internet, como antes se refería al casino o a las beatas cuchicheantes saliendo de misa de 12) rumores sobre los impuestos desconsiderados que gravan tabaco y gasolina (o gasoil, no me sean ustedes meticones). Ese es el gran secreto de la preocupación de nuestro ínclito gobierno para prohibir el tabaco en determinados lugares: nada de gastarse las gabelas en investigaciones médicas que de nada servirían porque si uno se quiere matar fumando, nadie le va a impedir colgarse de un olmo (o de un castaño, que todo es posible), sino que aspiran a, apelando a ese mecanismo de deseo compulsivo por todo aquello que se prohíbe, ampliar la recogida por tributación y así compensar los sueldos, comisiones, dietas y sinecuras varias destinadas a la superpoblación de políticos, que tanto presupuesto nacional y autonómico abarca. Se calcula ahora mismo, tiempos de crisis y de bajo empleo, que deben haber tres políticos por cada ciudadano productor. Si esos escasos productores falleciesen víctimas del tabaquismo, ¿quién mantendría el cotarro? Al menos, tengámoslo previsto, deben pensar, y arramblemos con el máximo de impuestos antes de que tal evento ocurra.

Por otra parte, se ha conseguido plenamente un objetivo: los niños que acudan a un bar ya no respirarán el dañino humo del tabaco. Ahora sólo llenarán sus pulmones con peste a urinarios, sobaquina, pedos y fritangas. Además, les bastará salir a la calle para solazarse con el aire puro, incontaminado, de las ciudades, compuesto sólo de oxígeno, nitrógeno, algo de hidrógeno y otros gases nobles, y un montón de mierda de coche, mierda de industria y mierdas varias.

Otrosí ocurrirá con la gasolina (yo sé que otrosí no va aquí demasiado bien porque significa además, pero ¿a que me ha quedado bonito y gongorino?). La pretensión es que caminemos o vayamos en bicicleta. Obviamente, no podemos hablar de los transportes públicos porque si continúa subiendo el precio de los carburantes, el autobús se va a poner por las nubes, justamente lo contrario de lo que ocurrirá con los aviones. Y es que, no lo saben ustedes pero mi equipo de investigación lo averiguó hace unos días, el Ministro de Transportes proyecta montar una fábrica mixta de chirucas y bicicletas de montaña. ¿Qué por qué de montaña?, pues porque molan más que las otras.

La verdad, la verdad, es que miren ustedes, mamás protectoras abundan (para ello no hace falta pertenecer a lo que Simone de Beauvoir llamaba, con un evidente machismo, segundo sexo). El gobierno, cualquier gobierno, se ha convertido en mamá protectora, por eso somos todos tan burgueses, porque le exigimos seguridad y protección ante todo. Pero también ocurre que yo mamá, ya tuve una, pero una mamaílla de vez en cuando no me va mal.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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6 respuestas a La maravillosa ley que regula el consumo de tabaco

  1. gart dijo:

    En esto de los malos humos hay demasiados expertos, pero yo no lo tengo claro. Será porque ninguna postura está exenta de dogmatismo. Lo cierto es que parece un contrasentido pero en realidad están prohibiendo porque saben que lo prohibido atrae y así se venderá más tabaco, que es legal y lleva muchos impuestos. Pensándolo bien, esto de prohibir el botafumeiro ha sido una campaña de marketing para vender más tabaco. Y seguro que tiene éxito, como todo lo absurdo.
    He dicho

  2. ¡Ja, jaaa!
    Espero, por tu bien, que no se te pare una piedrecita en donde yo la tengo.
    Ya sabes a qué lugar me refiero, Miguel…
    Porque, en tal mal caso, ni siquiera desearías lo que apuntas en la última frase.

    En cuanto a lo demás, pues también estoy bastante desorientado: yo no comencé a fumar hasta mis 37 años (y hoy, justamente, acabo de cumplir 65), y fue porque un amigo, cada vez que sacaba tabaco para él, ofrecía con insistencia a quienes le acompañábamos; hasta que piqué, y hasta hoy.

    Un abrazo y paciencia (que, no, resignación; como casi siempre, en este país).

    Antonio.

    ***

    • celia dijo:

      Columpiándome en el mecedor dominguero que me acabo de hacer en unas de las ramas del Árbol de Miguel Arnas, digo que la Ley Pajín se ha dejado sin solucionar unos cuantos “humos” muy contaminantes, por cierto. A saber, los que producen los que sin fumarse un solo cigarro, van por la vida con “muchos humos”, con muy “malos humos” y “echando humo”. A ver, Ministra, qué solución le damos a estas humaredas.

  3. Rafael dijo:

    Querido amigo Miguel:

    Aunque hace tiempo que no nos vemos te deseo la máxima recuperación de la salud. Como he leido en tu magnifico articulo del blog, también me apasiona el tema del control del lenguaje y por lo tanto de las ideas que forman la mente. En ello hay una gran verdad sobre la progresiva estupidificación del ciudadano medio. Por esto me atrevo a recomendarte este enlace:

    http://www.hacer.org/pdf/1984.pdf

    Es el perturbador libro de 1984, que guarda todavía muchos misterios, sobre todo para los expertos en literatura, jajaja lógicamente. En el se accede de lleno a los planes de estupidificación y dominación total de cada ser humano. Puedes obtenerlo gratis y en PDF, como deben hacerse las cosas. Al final de este libro hay algo menos agobiante en cuanto a literatura, pero igualmente esclarecedor, un apéndice sobre la “neolengua” como ciencia para controlar la mente de los hombres, no se sabe de las fuentes ciertas donde bebió orwell, dicen que el stalinismo, pero su contenido se acerca mucho más al mundo ultracapitalista y megaconsumista que nos ha llevado a la miseria y a una catástrofe que se acerca como una locomotora al vacío del abismo.

    Otro libro sobre alguien que busca alternativas:
    http://www.vnavarro.org/?p=6409
    .
    Saludos y un abrazo cósmico: Rafael Casares

    • Rafael, el mismo Kraus asegura, y creo que tiene toda la razón del mundo, que el stalinismo no es más que más de lo mismo, versito que suena bien, sobre todo porque es verdadero. El stalinismo era capitalismo de estado, así le llamaban en la transición, cuando aquellas estupendas discusiones teóricas en las que nos enzarzábamos y en las que, por desgracia nadie escuchaba a nadie, o casi, así le llamaban, digo, por ejemplo los trostquistas. De manera que la neolengua se puede aplicar a cualquier sistema totalizador, aunque no sea totalitario. De hecho, nos dejan decir lo que nos da la gana porque nadie nos escucha, porque hay tanta información que una poquita más no molesta y el bocado del león se lo llevan los medios grandes, es decir las cadenas de la tele. Por eso hay libertad de prensa. Un abrazo.

  4. Pingback: Me dicen que apague el cigarro « Ve Chís!

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