El Wikileaks

Todo el mundo habla de Wikileaks. Si todo el mundo lo hace, ¿por qué no lo voy a hacer yo? Eso, el espíritu gregario, la colmena. Además, nadie hay tan gregario como el español medio (recuérdese que incluyo en el país a las autonomías con voluntad independentista, que siguen siendo este país mientras no se demuestre lo contrario, así que no se me ladeen y digan aquello de “¿ves?, es que son unos atrasados”, porque ustedes también lo son): de hecho, no entramos en un bar vacío, nos juntamos en botellón para beber, somos ruidosos para que se note que estamos juntos, etc. Vuelvo al Wikileaks. Una de los chismes que ha divulgado, y no es el peor ni más importante, pero es que yo soy así, me voy siempre a las minucias, es que los norteamericanos presionaron a la ministra González Sinde-scargas para que penalizara las descargas de Internet, en fin, para que promoviese el dichoso canon. Y la ministra hizo caso. Por no hablar del caso Couso, pero ese asunto es tan serio que trasciende mis limitadas disquisiciones, de modo que prefiero centrarme en lo de nuestra ministra (al fin y al cabo, lo es de la Cultura, ámbito en el que yo, como otros, estamos inmersos; si bien, será por su oficio, ella está más a gusto con los que le bailan el agua, es decir con los mediáticos actores; ya se sabe, en este país, y recuerden la inclusión, los escritores o pensadores nunca hemos contado; es más, en cuanto ha habido oportunidad, nos han hecho humo). Bien, ¡hizo caso a los americanos!, pero ¿eso no era pecado de lesa progresía?, ¿no había que oponerse al Imperio?, ¿no había que comprar puros habanos, eso sí, sin fumarlos para no ofender a la ministra de sanidad, sea ésta la señorita Trini o la señorita Leire? Mientras, el presidente de Gobierno hizo el gesto (o más bien dicho, no lo hizo) de quedarse sentado al paso de la bandera norteamericana, en lo que le alabo el gusto: yo no me quedaría sentado al paso de cualquier bandera sino que me sentaría sobre ellas, ¡y soy tan pedorro…!, pero yo no soy un hombre público, ni siquiera soy una mujer pública. Quod erat demostrandum: España es un país de gestos y frasecitas rimbombantes. Vale más honra sin barcos que barcos sin honra. Aquí hacemos un gesto o pronunciamos con énfasis una frase, aunque luego hagamos lo que todo el mundo: salvar el culo. Al menos, don Quijote estaba chiflado.

Hablando de tabacos. ¿Recordáis aquella frase que se clavó en tantos locales públicos del país: este es un recinto libre de humos? Pues bien, el otro día hube de acudir a la granadina clínica Inmaculada, concretamente a la oficina de Asisa para que me autorizasen cierta analítica (no os preocupéis, estoy más sano que una pera, de modo que seguiré inoportunamente metiendo dedos en ojos). A través de la ventana de dicha oficina vi salir humo hacia el exterior. Ignoro de qué sería el humo, pero al mismo tiempo se pregonaba que aquel local estaba libre de humos. ¿En qué quedamos?, ¿cómo se puede estar libre de humos y expulsarlos al mismo tiempo? Ya sé que no era humo de tabaco, sino, tal vez, de la cocina, pero entonces, ¿por qué no se dice “local libre de humos de tabaco”, aunque debamos soportar los de coches, fábricas, incineradores de residuos, etc., etc. Lo importante es hacer el gesto, tener la postura. ¡País de toreros! En vez de prohibirlos, a los toros habría que ponerlos obligatorios, para que todos aprendiésemos a hacer manoletinas y pudiéramos alcanzar el grado máximo de políticos, entendidos éstos como aquellos que, cobrando más que un controlador aéreo y haciendo menos (no hay sino que apretar el botoncito que te manda el partido y ya está; por lo demás, un buen rosco hinchable para las almorranas) no se les ocurre hacer huelga porque sólo se para el que se mueve. A lo mejor, nos beneficiaría una huelga de ellos. No la harán, no sufráis. Además, ellos no paralizan el país, simplemente, no permiten que funcione. ¡440 causas pendientes por corrupción, que afectan a todos los partidos! (incluido el tuyo, sí, incluido el tuyo). Ese record no lo tiene ni la Mafia. Pero eso no para un país, y por lo visto, ni siquiera nos hincha las pelotas. Miguel Hernández, de quien este año se cumplió el centenario de su nacimiento, y que todos hemos tenido el gesto de recordarlo (no leerlo, por Dios, sólo el gesto), dijo que éste no era un pueblo de bueyes. Pues debió ser entonces, porque lo que es ahora…

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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3 respuestas a El Wikileaks

  1. El reinado de Witiza dijo:

    Muy bueno, Miguel. ¿En qué estaría pensando el pobre Miguel (el otro, el de Orihuela), cuando dijo lo de los bueyes?

  2. Miguel Arnas dijo:

    Pues es sencillo: pensaba en aquellos que defendieron Madrid con una escopeta por cada tres hombres y hacían cola detrás de un árbol para tomar el arma del que caía. Hoy, si los de enfrente repartiesen alguna prebenda, la tomaríamos con ambas manos, soltando, claro está, la escopeta.

  3. GART dijo:

    Oye, tú. Lo del humo, no sé, no sé,
    ¡Más humo sale por la insigne chimenea esa! ¿O no?
    Tuyo efervescentemente.
    Gart

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