Artículo patafísico

Se me ha criticado cariñosamente, casi amorosamente, reprochándome que en las últimas entradas del blog soy demasiado triste, excesivamente trascendente, como si la realidad repulsiva se me hubiese caído encima igual que una ducha de mierda. Pues bien, ¡arriba los corazones!, ¡ánimo, suerte y al toro! (con permiso de los que repugnan de la fiesta taurina pero aprueban los correbous con un 90 % de votos de la Cámara), ¡alegría, que son dos días! Adjunto el primer artículo patafísico que escribí allá por el lejano año 2006. No es fatuidad, sólo que ahora tengo mucho trabajo y no se me ocurre nada que merezca la pena de veras comentar, si no es esa maravilla de la patafísica, portento cronopial que nos cura de la manía de hacer cosas útiles. Ahí va:

Sobre la representación de la aspiradora o el carrito de la compra como voluntad

De la utilidad y servicios prestados por una aspiradora no merece la pena hablar porque todo el mundo tiene un cierto dominio de ello. Excepto, claro está, y las excepciones son importantísimas por no decir mayoritarias, los pueblos polvorientos, también llamados pueblos pobres o en vías de desarrollo (simplicis dixerunt). Sin embargo sí es vital su descripción por cuanto el humano es el único animal que, tras décadas y aun siglos de ver un objeto a diario, es incapaz de recordar cómo es (tal fenómeno es harto frecuente entre cónyuges).

Puedo demostrar y demostraré cómo, tanto la aspiradora como el carrito de la compra que tanto abunda en supermercados y otras superficies apenas euclídeas, pero grandes, tienen voluntad y por ende, cerebro. En el segundo caso, inducido. En el primero, propio, y muy semejante por la cantidad de pelusa, pelos, y demás residuos, al cerebro de determinados individuos humanos.

Descriptio: la aspiradora tiene tres sistemas de sujeción o tiro. Primo: el asa; es el más evidente, pero si sólo contásemos con ella no serviría para aspirar sino, por ejemplo, para musculación casera; su sola utilidad es para el transporte de un lado a otro u ocultación. Secundo: el cable; la verdad es que su apariencia es de rabo o jopo escamoteable mediante un ingenioso mecanismo de resorte donde, por cierto, lo que semejaría propiamente el hopo peludo, es decir, el enchufe, queda obscenamente visible; tirar de él para conducirla hasta el lugar deseado da la sensación de agarrar al animal por la cola, falta de respeto indudable. Tertio: el tubo flexible por el cual la máquina aspira cuanto puede aspirar; cualquier hijo de vecino o usuario conduce a su aspiradora por él, aparentemente sin merma alguna de la dignidad del electrodoméstico.

Y este último suele ser el problema, pues contraviniendo las más elementales leyes de la física,  podrá comprobarse cómo la aspiradora hace lo que le viene en gana.

Si el usuario tira con ambas manos, empuñando el tubo elástico acabado en la consabida boquilla, hacia la derecha, la aspiradora girará en sentido contrario o bien lo hará en el sentido esperado pero en un ángulo mucho más grande de la dirección indicada por el tirón. Ni siquiera un perro juguetón tira de su correa con tanta voluntad como una aspiradora.

La ley de acción y reacción es inflexible, al igual que la mecánica de vectores. Lo excepcional es que si el vector con el cual el usuario ejerce su fuerza y voluntad tiene una intensidad y dirección determinada, cualquier cálculo vectorial o complicado diagrama de Cremona (donde además se aplicase la dinámica) mostraría su más rotundo fracaso para prever la dirección y velocidad de la máquina. Ni siquiera la física cuántica, si tomásemos a la aspiradora como micropartícula (no se piense en las partículas que por su naturaleza ya la aspiradora conserva en su seno), nos daría idea del aleatorio sentido, rapidez y potencia con la que nuestro aparato va de acá para allá. La aspiradora, fatalmente, se estrellará contra las satinadas y barnizadas patas de los muebles o, lo que es peor, contra las satinadas e hidratadas espinillas de los usuarios; la aspiradora despertará con sus tropezones contra cunas, canastillas, parques, escanillas o andadores, con una crueldad propia de campo de exterminio, a cuanto rorro, meón o bebé haya en la casa, provocando sus lloros y la enérgica protesta de la vecina del quinto derecha.

¿Aleatorio o voluntario?, ¿será el polvo que en su interior tiene y del cual nos preserva, un ente vivo e inteligente, tan parecido en su bruta torpeza y en su número a las masas que hoy caracterizan estas nuestras sociedades que tanto utilizan la máquina sobre la cual hemos concebido esta hipótesis tan avanzada?. Como ya se ha dicho, ¿serán esas intrincadas y sutiles pelusas semejantes a las circunvoluciones cerebrales de ciertos individuos para quienes, dichas circunvoluciones sólo les sirven para que le den vueltas a la cabeza? En última instancia, ¿qué materia hay sobre los cerebros, quiero decir, qué cosa hay milímetros más arriba, considerando el nivel del mar como referencia para ese más arriba, de las seseras?: hueso, epidermis, dermis y cabellos. Si bien es cierto que será difícil encontrar huesos (si no son de pollo) en ese tierno regazo de la aspiradora, al que llamamos bolsa contenedora, sí encontraríamos, convenientemente buscadas con microscopio, innumerables células dérmicas y, por descontado, miles de pelos. ¿No queda, pues, como evidente que ese libre albedrío inalienable de la aspiradora implique un cerebro, incluso que su rebeldía manifieste un cerebro inteligente, y que ese cerebro aún sin investigar resida en la bolsa contenedora?

Será conveniente iniciar una inquisición etológica sobre las consecuencias que para su comportamiento tiene el vaciado o cambio de dicha bolsa, medir exactamente la respuesta a los vanos intentos de conducción del usuario, preguntar, si es preciso, con paciencia propia de astrónomo, a la propia interesada por qué se comporta así.

Pero al inicio de este planteamiento he hablado de las semejanzas éticas entre la aspiradora y el carrito de la compra de las grandes superficies. Asimismo éstos se comportan en su trayectoria independientemente de la voluntad de sus conductores. Pero hay en ambas actuaciones una radical diferencia. Si la aspiradora podría compararse a un anarquista violento y contradictorio, para el carrito podría hacerse un paralelo con un también violento pero obediente adscrito a un partido o religión fanática. Y es que ellos son teledirigidos por los servicios de marketing de los supermercados para que conduzcan a los clientes, más que dejarse dirigir por ellos, hacia las estanterías y pasillos donde están los artículos más tentadores o que más interesa vender, sea por inminente bajada de precios, sea por exceso de stock. También aquí convendría iniciar una encuesta o pesquisa para, conocido su comportamiento con todo detalle, poder desvelar esas oscuras tramas, quizá magnéticas o electrónicas que, no sólo conducen al sufrido consumidor hacia donde no quiere, sino que tienen la habilidad de disfrazar arteramente con obstrucciones en las ruedas, empotramientos del sistema de frenado o minidescargas de electricidad estática que aturden al usuario condicionándolo para que adquiera lo no deseado y le hacen muequear de sorpresa para irrisión de otros usuarios y ridículo propio.

Demostrado que la aspiradora posee su cerebro exactamente dentro de su bolsa contenedora, con lo anterior se demuestra que el cerebro del carrito de la compra está en las oficinas de la compañía propietaria de la gran superficie, oficinas en nada siniestras si se las observa desde fuera, pero terroríficas si se piensa en los efectos de su actuación: el embrollo de la voluntad del cliente, víctima propiciatoria de este gran dios colérico al que llamamos mercado.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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3 respuestas a Artículo patafísico

  1. Vicky Pino dijo:

    Yo creo que soy como el personaje de As good As It Gets (Jack Nicholson) o Mejor Imposible como se titulara la pelicula en castellano, que mi alegria la determinan mis circunstancias, pero vamos por naturaleza soy una persona alegre y jovial. Cuando he vivido fuera y me han preguntado por Spain siempre he contestado que Spain es un gran pais siempre que uno o una no tenga que verselas con las insituciones. Esta bien eso.

  2. celia dijo:

    Miguel, has tenido en cuenta el equilibrio inestable paradigmal de los aspiradores y aspiradoras en estado de succión a 50.000 revoluciones por minuto, además del espacio quintidimensional, junto con el nivel pluviométrico de los últimos cincuenta siglos y la carestía de la vida. Vallamos a leches, nano.

  3. Nico dijo:

    Muy bien, Miguel. Te ha salido espléndido. Te voy siguiendo de lejos y disfruto leyendo tu árbol. En esta ocasión he reconocido de nuevo al que tantas veces que nos hacía sonreír, al tiempo que nos cuestionábamos muchas cosas y preferíamos la salida jocosa antes que caer en el pesimismo negro que nos deparaba la reflexión comparativa sobre el ayer y el mañana.
    Sigo pensando que lo único que nos libra a veces de la locura es el sentido del humor. Que no nos falte, patafísico amigo. Un cordial saludo.

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