Echo de menos algo parecido al surrealismo

El azar existe, aunque en muchas ocasiones hacemos lo posible para que suceda lo que deseamos. Entré no hace mucho en una librería de lance de mi ciudad. Me tropiezo con un libro a precio asequible: es un ensayo de Antonio Martínez Sarrión (¿recuerdan?, uno de aquellos poetas “novísimos” antologados por Castellet a principios de los 70) sobre el surrealismo. Sueños que no compra el dinero, es su título. Como indica el subtítulo es un balance de aquel movimiento y una serie de “biografías” artísticas de sus más importantes protagonistas. No es que Martínez Sarrión haga una gran monografía profundizando en exceso en la tendencia artística, pero vale como recordatorio o introducción para quien no esté puesto en el tema.

Tal vez lo más importante sea las consecuencias que se sacan de su lectura y la inevitable comparación entre aquellos “rompepelotas”, como diría un argentino, y nosotros, nuestra sociedad actual. E inevitablemente uno llega a la conclusión de que hoy se echa de menos algo tan evidente como esa independencia absoluta del artista respecto al poder y los dineros. Es cierto que los surrealistas, o al menos algunos de ellos, como Aragon o Péret, se  apuntaron a un marxismo estalinista un tanto repugnante, pero también es de señalar que tal fanatismo significó la ruptura del grupo y la expulsión de algunos de ellos que continuaron practicando un arte antiburgués y rompedor. Acaso la mayor aportación del movimiento fue esa, la de romper con unas estructuras biempensantes, con el orden impuesto por una burguesía rampante en aquel momento, despreciando los principios sacros, la moral al uso, el arte empalagoso y correctísimo. Acaso su mayor aportación fue justo esa, la de dar un puñetazo en la mesa, la de una violencia ideológica, la de ser capaces de insultar.

Eso es lo que se echa de menos hoy, con toda probabilidad porque la sociedad no lo necesita: todos nos hemos vuelto tan burgueses, tan biempensantes, tan moralistas, tan políticamente correctos que de salir ahora alguien con esa capacidad, una de dos, o se le encerraba en un manicomio como le pasó a Artaud, o, lo más probable, se le halagaba con honores y dinero de manera que quedase automáticamente integrado. Ya no se le puede decir imbécil a nadie, y si se hace ha de ser adornado con la más impecable de las sonrisas. En el tiempo del trabajador, como auguró Jünger, lo más importante es ser útil: si haces arte, si insultas, si te rebelas, bien, pero entra en el mercado. Podría aducirse la existencia de ciertos grupos de jóvenes que hacen algo semejante: punkies, okupas, etcétera. Es posible, pero todos tienen móvil. La sociedad, como uno de esos vampiros que tan de moda se han puesto, no sólo chupa la sangre de quien esté en ella, sino que además deglute y expulsa como excremento-oro todo cuanto de alguna forma sobrenada en su interior. Y lo grave es que no hay alternativa, y que no se me diga que los antisistema… porque divertirse destrozando es una verdad siempre que se tenga algo con lo que sustituir lo destrozado. El nihilismo no es solución si no es personal, y sólo personal.

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Acerca de elarboldearnas

Escritor y, sobre todo, novelista.
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3 respuestas a Echo de menos algo parecido al surrealismo

  1. Rafa dijo:

    He estado a punto de dejar un comentario, pero tengo una carta pendiente de escribir a un amigo. No estaría nada bien gastar en monólogos palabras que se adeudan.

    Llegué de paso por aquí, sin deseos de comprender razones donde los pensamientos están vestidos con buenos recuerdos y desnudos de olvidos malditos. La memoria siempre huye de los olvidos que nos desangraron. No podría asegurarlo. Es posible que ahora esté demasiado cansado y me parezca que la vida es un tiovivo que deja de girar cuando dejamos de observarlo desde fuera.

    A esa mujer de la que ya no me importan los sentimientos que traía ayer en las bragas los calores del verano le hacen pensar despacio. Habría sido una mala compañía si yo hubiese tenido edad y tiempo para pensar.

  2. Antonio Gutiérrez González de Mendoza dijo:

    Un poema debe ser una derrota del intelecto. No puede ser otra cosa.

  3. Hola, Miguel y la compaña:
    Aunque haya permanecido más o menos silencioso, leo todas las nuevas entradas de tu blog.
    Ésta, relativa a cierta añoranza por el surrealismo, me ha tocado, especialmente.
    Y, como dices, no desde un punto de vista militante de nada “en paralelo”, sino porque, en lo personal, apenas, cuando pinto, puedo evadirme de, precisamente, los enfoques surrealistas; personales, como digo.
    Así que… “nihil obstat”.
    Y… “nihil est in intellectus -transfigurado- quod prius non fuerit in sensus”; un “sensus” un poco castigado.
    Abrazos desde el Córner Sudoeste de Granada.
    Antonio Gualda.
    ***

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